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Vicente Pérez Cano / Director de Confemac

'Es necesario un cambio de mentalidad: del paternalismo a la participación como derecho'

El director de la Confederación Estatal de Mayores Activos habla con entremayores y recalca que "vivimos en una sociedad muy paternalista respecto a las personas mayores. ¿Quién no ha oído decir alguna vez: 'ustedes ya han trabajado bastante, ahora les toca disfrutar del merecido descanso'?"

M.S. / EM 12-09-2020

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Pregunta-. ¿En qué consiste ser un mayor “activo”?
Respuesta.- Es algo tan sencillo como seguir conectado a la vida, cada cual a la suya, con sus ilusiones, intereses, ocupaciones, actividades. Ser una persona mayor activa es incompatible con creer que “a mi edad ya no estoy para eso”. Las motivaciones evolucionan a lo largo de la vida, las de los 40 años son diferentes a las de los 20 y a las que se tienen tras la jubilación, pero lo que nunca debe faltar son razones para levantarse cada día. Hay muchísimas opciones y cada cual debe encontrar aquellas que le hagan más feliz. No se trata solo de hacer sino de sentir, de tener la mente abierta, con ganas de aprender, de crecer, de sentirse vivo. 

P.- ¿Por qué cree que sigue existiendo, en algunas esferas, la tendencia a apartar a los mayores y no dejarles decidir en los temas en los que ellos mismos son protagonistas? ¿Cómo abogan, desde Confemac, por impulsar la participación activa de los senior?
R.- Vivimos en una sociedad muy paternalista respecto a las personas mayores. ¿Quién no ha oído decir alguna vez: “ustedes ya han trabajado bastante, ahora les toca disfrutar del merecido descanso”? Se piensa que las personas dejan de ser productivas y están fuera de juego cuando se jubilan. El lenguaje de algunas personas mayores refleja esa creencia cuando dicen “yo ya no estoy en activo”. Pero la actividad física y mental es esencial para la salud, de hecho muchas personas en estas edades afirman que tienen menos tiempo libre que antes de jubilarse. Y es que en la vejez hay una primera etapa, cada vez más larga, de total autonomía y otra de posible dependencia. Pero al hablar de personas mayores, la mayoría piensa solo en la segunda, de ahí esa inercia paternalista.
En Confemac tratamos de fortalecer la autoestima de las personas mayores para que mantengan el control de sus vidas y elijan lo que quieren hacer, evitando ser “manejados” –aún cuando sea sin mala fe– por las personas que están a su alrededor, porque esta es otra manifestación clara del paternalismo subyacente en nuestra sociedad. 

P.- Por ejemplo, y si hablamos de la situación vivida a raíz de la pandemia, las asociaciones de mayores reivindican tener voz en los Comités de Reconstrucción de cara a poder participar en las decisiones que les atañen. ¿Cómo valora lo que ha sucedido con el colectivo de personas mayores que vivían en una residencia durante la crisis?
R.- Las personas mayores deberían tener voz en todos los escenarios de la vida social. Pero vivimos una contradicción: por un lado se echan las campanas al vuelo hablando del valor de la experiencia, pero en la realidad no se escucha a las personas mayores que han aprendido de la vida y tienen algo que decir.
Lo que ha pasado en las residencias es lamentable y trágico. Las residencias no han fallado, lo que ha fallado ha sido el sistema sanitario que les impidió derivar a las personas que debían ser atendidas en los hospitales, aunque los medios de comunicación generalistas se han cebado presentándolas como el origen de todos los males y eso es radicalmente injusto. Algunos medios, más que informar, se han recreado en un enfoque morboso y han generado mucha ansiedad, sobre todo en las personas mayores que vivían solas en sus casas. Creo que estos medios deberían hacer una seria reflexión sobre esa forma de actuar tan inhumana porque han demostrado que lo que menos les importaba en ese momento eran las personas. 
Por otra parte, el personal de las residencias ha hecho en general un esfuerzo encomiable aunque algunas formas de proceder como el confinamiento en sus habitaciones de personas no contaminadas o las limitaciones exageradas en el contacto con la familia es algo que se debe revisar mientras permanezca el peligro.

P.- ¿Considera que el trato que se dio a los mayores durante esta pandemia ha sido, como ya han denunciado muchas entidades, discriminatorio?
R.- Por supuesto que ha sido discriminatorio. Las personas mayores fueron marginadas por el sistema de salud, en una clara vulneración de los derechos humanos, desde el momento en el que alguien decidió utilizar la edad como criterio fundamental para dejarles fuera de los servicios sanitarios a los que, como cualquier ciudadano, tienen derecho. Eso ha sido una aberración claramente edadista (discriminación por la edad) e inhumana. La asistencia que necesitaban las personas contagiadas debía ser dada por el sistema sanitario, no por las residencias, pero el sistema público les dio la espalda. El triaje se debe aplicar en función del estado de la persona, por supuesto que no tiene sentido trasladar a un hospital a una persona con patologías importantes y con muy pocas posibilidades de sobrevivir, lo mejor es asegurarle una muerte digna allí donde esté, pero dejar fuera a tantas personas con una salud más que aceptable, por el simple hecho de tener ochenta años ha sido una discriminación edadista en toda regla. 

P.- ¿Considera que se podía haber frenado, de alguna manera, el terrible impacto de la Covid-19 en estos centros residenciales? ¿Cómo?
R.- Sí, en los centros residenciales y en todo el país. Pero eso no lo digo yo, lo dicen los estudios que consideran que si se hubiera decretado el estado de alarma solo dos semanas antes, se habrían evitado el 40% de las muertes. La mayoría de las residencias comenzaron a tomar medidas por propia iniciativa, entre ellas el autoconfinamiento, ya a últimos de febrero. Es cierto que esta pandemia era algo totalmente nuevo para todos pero en eso, y en tantas otras cosas que vinieron después, se han cometido fallos que causan vergüenza ajena. No son opiniones. Los datos de España en este desgraciado ranking lo dicen todo. 

P.- Desde la confederación también centran sus esfuerzos en la lucha contra el maltrato y el abuso a los senior. ¿Cuáles son, en su opinión, las claves para poder ofrecer a los mayores el trato digno y de respeto a sus derechos que merecen?
R.- Es necesario un cambio de mentalidad, del paternalismo a la participación como derecho, tanto respecto a las personas mayores autónomas como a las dependientes. El denominador común que detectamos en el Teléfono del Maltrato es la usurpación de los derechos fundamentales de las personas mayores. Quienes están alrededor comienzan a decidir por la persona mayor aún cuando mantiene intactas sus capacidades de gobernarse a sí misma y eso es anularla. Puede llegar un momento en el que algunas personas necesitan ayuda para hacer ciertas tareas, entonces será en eso en lo que hay que suministrar el apoyo pero respetando su libertad de decisión. 
En las residencias que se consideran más “avanzadas” dicen con frecuencia: “aquí les damos participación” y es un planteamiento equivocado porque la participación es un derecho de las personas y nuestra obligación es escuchar y facilitar en la medida de lo posible la satisfacción de sus demandas. El funcionamiento de una residencia debe ser una mezcla de lo que demandan las personas que allí viven y de los criterios técnicos del personal.
En el mundo empresarial el cliente es el centro de atención en torno al que giran los productos que genera cualquier organización. El cambio de mentalidad más urgente en las residencias se producirá cuando revisemos quién es el “centro”. En este momento el “centro” que determina las decisiones suele estar ocupado por la gestión, la rentabilidad, los sindicatos... los cuidados están estandarizados en serie y responden más a los intereses organizativos que a las necesidades de las personas mayores. El día que seamos capaces de poner a la persona mayor y sus necesidades integrales en el “centro” de nuestros intereses, estaremos dando una asistencia humanizada y digna. Es posible, lo sé por experiencia propia. Cuando se trabaja así todo el mundo está más satisfecho: las propias personas mayores, el personal, las familias y la propia institución, puede presumir de sus servicios verdaderamente de calidad. 

P.- La soledad no deseada es, por desgracia, otro de los temas que siguen afectando con dureza a las personas mayores. ¿De qué manera creen desde Confemac que se podría trabajar en la prevención de este fenómeno para evitar que tantos mayores en España sigan sufriendo sus consencuencias?
R.- La soledad no deseada se puede sufrir en cualquier momento de la vida, no solo en la vejez. En Confemac hemos puesto en marcha durante la pandemia el programa 'Una llamada amiga' pero estas alternativas de voluntariado, siendo muy positivas, no dejan de ser  como un cuidado paliativo. Desde mi punto de vista, lo más importante para evitar las consecuencias de la soledad no deseada consiste en prevenirla y eso se puede hacer gestionando desde jóvenes el estilo de vida que uno quiera tener en la vejez, principalmente fortaleciendo la propia autoestima, el equilibrio emocional y las relaciones sociales. En todas las etapas de la vida es fundamental vivir en pertenencia, sentirse importante para otras personas y saber que uno también lo es para ellas, pero en la vejez, si cabe, es aún más necesario. La soledad, más que una situación objetiva, es un sentimiento subjetivo. Hay personas que viven solas y no se sienten solas y otras que rodeadas de mucha gente sienten una soledad terrible. Vivirla de una u otra forma depende en gran medida de la forma como gestionamos los recursos personales, familiares y sociales durante toda la vida. 

P.- ¿Qué importancia tiene la formación a la hora de impulsar y promocionar el denominado envejecimiento activo? ¿Cuál es la apuesta de Confemac en este sentido?
Las generaciones de mayores que han venido hasta ahora han tenido muy pocas oportunidades de formación por eso las ofertas formativas existentes, por ejemplo desde las aulas universitarias para mayores, les hacen descubrir mundos que no imaginaban. Pero estas ofertas casi solo existen en las ciudades por eso en Confemac tendemos a llevar nuestros programas formativos a las zonas rurales que están menos favorecidas. Nuestra apuesta se centra en el conocimiento de sí mismo, y en el crecimiento personal. Tenemos disponibles más de veinte cursos presenciales y quince online, sobre temas muy variados, para que cada cual se desarrolle en aquello que realmente le gusta y le llena, porque tras la jubilación es más posible vivir la plenitud vital que a todo ser humano le gustaría alcanzar.


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