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¿Cómo afectan las nuevas medidas de seguridad sanitaria a la accesibilidad?

Museos y otros lugares de interés cultural se ponen a punto para acometer toda una batería de medidas que protejan a sus visitantes sin olvidar que estas sean accesibles

Redacción EM 20-07-2020

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Este será un verano distinto. Ya se puede decir adiós a las playas abarrotadas, a las terrazas con bullicio y a las larguísimas colas a la entrada de conciertos y museos: la distancia social y las medidas de seguridad en materia de higiene serán las nuevas protagonistas de la época estival.

Mientras los festivales de música siguen cancelándose o posponiéndose uno tras otro, permanecen impasibles pero resignados los conciertos al aire libre, que tendrán que atenerse a un aforo muy limitado con un público –sentado– que garantice la distancia entre personas. 

Pero, ¿qué pasa con los museos y otros lugares de interés cultural? En ellos, se extreman las medidas de aforo y desinfección de superficies, lo cual puede suponer una nueva barrera para las personas mayores, especialmente si son personas con movilidad reducida.

O no. Por ejemplo, una de las nuevas normas para estos espacios, según el documento presentado por el Instituto para la Calidad Turística Española (ICTE) es el fin de la deambulación en salas: habrá itinerarios de sentido único que permitirán mantener cierta fluidez en las visitas. El delegado del Cermi para los Derechos Humanos y la Convención Internacional de la Discapacidad, Jesús Martín, explica a entremayores que, en este sentido, es importante que los espacios “estén bien señalizados con cartelería, pictogramas u otros recursos de lectura fácil”, y que las rutas marcadas por el museo no tengan barreras, como pueden ser las escaleras o dispensadores de gel hidroalcohólico altos para usuarios de sillas de ruedas.

El documento del Instituto para la Calidad Turística Española señala, además, que el servicio de audioguía continuará funcionando, eso sí, bajo desinfección tras cada uso y utilizando auriculares que debe llevar el propio visitante o proveer desechables. A Martín, esta medida le parece “pertinente, y debería hacerse fuera de pandemias. Es una cuestión de higiene”. Asuntos tan básicos como saber si el museo dispone de auriculares desechables pone de relieve la necesidad de las personas con discapacidad de conocer al dedillo todos los servicios y restricciones de cada lugar que visitan en vacaciones, y que este año, se multiplica. “Para las personas con discapacidad es muy habitual”, puntualiza Martín sobre esta carga. “Pero hay que tener en cuenta otro tipo de discapacidades que afectan a las personas mayores, como las relacionadas con la pérdida auditiva o el deterioro cognitivo”. Precisamente en el caso de las personas sordas, hace hincapié en la idoneidad de las signoguías, que facilitan el recorrido a través de vídeos subtitulados.

Si una sala se llena más de lo que debería, el museo avisará de que los visitantes deben moverse a otra. Para Martín, es importante que este aviso no sea únicamente auditivo, sino que es necesario “poner pantallas con avisadores lumínicos en los que aparezca texto, como los que hay en el metro y en los trenes”. 

Con respecto a las alfombras desinfectantes, el experto advierte que las texturas de las mismas no deben dificultar el tránsito de personas con bastón o muletas, para que no se tropiecen. “Si estas medidas de seguridad van acompañadas de las de accesibilidad, no tienen que afectar a los mayores. De hecho, van a estar más protegidos”, concluye Martín.


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