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Juan Carlos Alcaide / Experto en silver economy. Coautor del libro ‘Un país para mayores’ (Instituto Santalucía)

'La silver economy presenta oportunidades maravillosas para hacer de la necesidad virtud, y generar riqueza'

Hablamos con Alcaide, autor del cuarto capítulo del libro del Instituto Santalucía en lo que él muchas veces ha denominado como “la economía del futuro”

M.S. / EM 10-05-2022

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Pregunta.- ‘Un país para mayores’ se centra en el abordaje del que presentan como uno de los mayores desafíos de la sociedad española: la longevidad. ¿Cuál es el primer paso para enfrentarnos a los retos que implica esta realidad demográfica?
Respuesta.- Es un libro impulsado por el Instituto Santalucía que nos sitúa en la perspectiva de una sociedad madura. Por un lado, se habla de las personas mayores desde diferentes puntos de vista, desde su perspectiva y sus organizaciones, así como diferentes aspectos y desafíos futuros. Y, por otro lado, se tratan las herramientas necesarias para darles mayor seguridad.
En cuanto al primer paso para enfrentarnos a los desafíos, hay una respuesta individual, una respuesta colectiva y social (“de la res pública”) y otra, de índole empresarial.
A nivel individual, hay que plantearse si estamos preparados para la longevidad, desde el punto de vista psicológico y familiar, desde la óptica social y de relaciones, y desde la perspectiva económica y financiera. Quizá estamos a tiempo de sentar las bases de una longevidad activa y feliz, con menos preocupaciones, porque hemos tenido cuando podíamos las “ocupaciones” en: prepararnos psicológicamente, organizar la agenda de actividades para no marchitarnos, organizar la red social y familiar de apoyos mutuos, y organizar el patrimonio necesario para la subsistencia razonablemente feliz y con seguridad (tener seguros adecuados suele ser un ansiolítico importante: seguro de dependencia, etcétera).
A nivel social, el reto es crear una sociedad amigable con la edad, eliminando edadismos y marginaciones absurdas que desplazan el conocimiento, penalizan la experiencia, sancionan la madurez. Evolucionar las creencias sociales que consideran punible tener bagaje y retratan al adulto mayor como un idiota que no sabe nada (o puede que sí: hacer croquetas, ella, y columpiar al nieto, él).
A nivel político es necesario, aunque no muy previsible, abordar los tres retos planteados con mayor urgencia. A saber: el del sistema de pensiones, el del sistema de cuidados y, vinculado con este, y, en tercer lugar, el reto del sistema de salud plagado de cronicidades, multidolencias polimedicadas, gasto sanitario disparado, carencia de profesionales y dependencia tecnológica.
Crucemos los dedos porque la tecnología nos ayude como es necesario. Nunca fue tan necesaria la productividad que genera: la telemedicina, la ley de Moore aplicada a la salud, el 5G, la inteligencia artificial y la aplicación de big data y medicina personalizada. Con un escenario plausible de alcanzar la esperanza de vida de 100 años dentro de 15, el mayor reto de la humanidad hoy es usar la tecnología para incrementar la esperanza de vida en años y en calidad.

P.- Es el autor del cuarto capítulo del libro, en el que profundiza en la silver economy. Llevamos una década introduciendo este término que usted ha denominado en algunas ocasiones como “la economía del futuro”. ¿Ya se está teniendo en cuenta la magnitud y potencial de esta economía? 
R.- “A la fuerza ahorcan”, dice el refranero; y es obvio que marcas de óptica, gimnasios, alimentación, moda, retail y, en definitiva, cualquier sector han ido comprobando que, o bien se orientan a los mercados senior, o bien irán menguando sus posibilidades de supervivencia, toda vez que los mayores de 60 años tienen mucha más capacidad adquisitiva (se ha cifrado en torno a un 15%) que el resto de la sociedad. El libro promovido por el Instituto Santalucía recoge cómo la longevidad abre las puertas a nuevas oportunidades. Esta generación tiene dinero, tiempo, ganas de vivir la vida y disposición de salud física y mental para el consumo razonado y razonable, vivir experiencias, buscar emociones, comprar vivencias y compartir vida con afines. Sí, poco a poco vemos una mayor conciencia, aunque todavía hay una brecha grande, muy grande, entre el predicado y el “actuado”. Entre el story telling y el story doing. Pero vamos avanzando.

P.- Hablamos de retos, desafíos y previsiones pero, lo que es verdad, es que la longevidad ya es una realidad. ¿Somos conscientes, en España, de las oportunidades de este fenómeno?
R.- Hay edadismo en la sociedad. Hay marginación negativa. Y hay paternalismo condescendiente, en otros casos.
Los profesionales estamos autocensurados por una suerte de dictadura del lenguaje adecuado y las palabras bellas. Evitamos hablar de problemas y hablamos de retos. Evitamos hablar de envejecimiento y hablamos de longevidad. Para positivizar, es obvio. Pero quizá lo que hacemos es alejar aún más la toma de conciencia de un futuro lleno de desafíos, como decía antes.
Así: podemos hablar de vejez como edad provecta, como elogio de la madurez: ganancia de habilidades y sabiduría e inevitable pérdida de capacidades físicas. Podemos hablar de envejecimiento, incluso de envejecimiento del envejecimiento, pues a nadie se le escapa que en 2050 habrá un 50% de más de 50 años. Por tanto, no tiene sentido obviar ciertas palabras: habrá problemas y retos en un entorno maravilloso de vida aumentada en cantidad y calidad.
Pero sí, volviendo a la pregunta y su eje: hay un predominio discursivo de envejecimiento como problema, dejando en un segundo plano la maravillosa perspectiva de ganar a la naturaleza con ingenio, ciencia, tecnología y presupuestos, y poco a poco, esperanza de vivir más y mejor. Y hay oportunidades de vivir en un mundo más longevo… de la longevidad. La silver economy presenta oportunidades maravillosas para hacer de la necesidad virtud, y generar riqueza mejorando la vida de los mayores y encumbrando la madurez, creando confort y propiciando entornos amigables, de dignidad y de humanidad con las personas (de cualquier edad) en el centro. Hay serias contradicciones, por otra parte. Seguimos celebrando la jubilación: por fin vivir sin hacer nada. Como si fuera maravilloso liberarse de la esclavitud del trabajo. Y no tomamos conciencia de que, probablemente, no va a ser compatible vivir 100 años y jubilarse a los 60 (vivir con júbilo, sería literalmente).

P.- Es partidario de positivizar el envejecimiento. ¿Cómo se puede conseguir? 
R.- Con una narrativa diferente: envejecer es vivir y la alternativa es peor, o eso creo. Perdemos capacidades, pero ganamos sabiduría y habilidades. Está demostrado que los mayores son, en general, felices, de hecho, más felices a los 60 y pico y 70 que a los 40 y pico.
Por tanto, hay que hacer narrativa privada, desde el yo, y pública, desde las instituciones, para evidenciar que: la longevidad es un triunfo de la humanidad; que la longevidad tiene muchas, pero muchas cosas muy buenas y presenta algún bendito problema, que ya resolveremos o apaciguaremos con tecnología, profesionales, presupuesto, e ingenio. Sobre todo, si nos concentramos en ello, y no nos distraemos con guerras absurdas; y, por último, que la intergeneracionalidad es buena para todos. 

P.- En esta revolución, ¿qué papel juega la gestión del talento?
R.- Mentalmente y culturalmente hay que prepararse para una vida laboral más larga. De los tres millones de parados que hay en España, un millón y medio son mayores de 45 y más del 40% llevan cuatro años o más en esa situación; esto nos habla de una emergencia social contenida. Solo un 17% de los contratos realizados en el último año rescató del paro a alguien de más de 50 años.
La proporción de quienes continúan en actividad laboral tras cumplir los 65 años es muy baja, comparada con otros países europeos y de la OCDE. La OCDE ha recomendado la eliminación de todas las políticas de jubilación obligatoria con el fin de beneficiar a los trabajadores, pero también a las empresas que se podrán servir de la experiencia y el bagaje acumulados por los expertos mayores. Los gobiernos deberían implicarse con medidas para favorecer que los individuos puedan mantenerse activos y fomentar el retraso en la jubilación: la política de prejubilaciones tiene que suavizarse.
La edad no es un indicador fiable para juzgar la productividad o empleabilidad de un trabajador. No se debe condenar a la inactividad a los mayores, sino que prologando su aportación prolongamos su vida y aminoramos el coste sanitario. En este sentido, es importante contar con el poder legislativo para que se establezcan estrategias para el mantenimiento del empleo de los mayores. Es necesario lograr que los sindicatos y la ciudadanía comprendan que no es posible una jubilación ni a los 50 y tantos, ni a los 60. Por tanto, se debe incentivar el empleo senior, pues una persona retrasa el cobro de su pensión mientras sigue cotizando y “engordando la caja común”. 
Hay una bolsa inmensa de talento en las personas mayores con salud, capacidad y energía que no puede quedar fuera del sistema social ni del mercado laboral. Las personas mayores deben poder aportar valor, por razones sociales, pero por razones económicas y prácticas. Con la edad se incrementan las capacidades que vienen dadas por la experiencia y la educación, como las habilidades verbales, el buen juicio o enfrentarse a una situación de crisis. 
Se deben, pues, plantear políticas específicas (públicas y privadas) de gestión del talento senior, desde trabajar a nivel cultural, erradicando estereotipos, eliminando prejuicios con acciones de cambio cultural de orientación al cliente, hasta promover la intergeneracionalidad; la mezcla de experiencias entre jóvenes y mayores es enriquecedora, por lo que hay que fomentar equipos diversos y plurales, también desde el punto de vista de la edad. Además, es necesario trabajar la mentorización de los senior a los demás y al revés, haciendo una verdadera transferencia de know how y capacidades-habilidades, hay que esforzarse en retener talento senior y, por último, trabajar desde lo público y lo privado, en la planificación de la jubilación hacia el envejecimiento activo.


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