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La compasión: el camino hacia servicios más humanos

La psicóloga Samar Cajal aborda un ‘nuevo’ concepto clave que amplía las habilidades que se consiguen a través de la empatía. La Formación Centrada en el Ser ha integrado la compasión en su modelo para favorecer un envejecimiento más positivo

14-05-2018

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Envejecer supone un reto, no solo por el deterioro físico y mental que supone, sino también por el dolor psicológico y duelo constante que sufren las personas mayores derivado de la jubilación, la pérdida de su pareja, de familiares y amigos, así como otras situaciones que requieren un reajuste, tanto por parte de las personas mayores, como de sus familiares.

Comprender estos procesos ha sido posible, hasta ahora, gracias a la empatía, considerada como una habilidad que nos permite ponernos en la piel del otro y ver el mundo desde su perspectiva. En otras palabras, sentir lo que siente el otro. No obstante, aparece un “nuevo” concepto que amplía el de la empatía y que es, además, una de las claves para garantizar servicios más humanos: La compasión.

Lejos de la connotación religiosa que este término pueda tener en nuestro país, la compasión o ‘compassion’ (traducido del inglés), no es más que el deseo de aliviar el sufrimiento del otro a través de sentimientos de cuidado, aceptación y amabilidad incondicionales.

Una de las dudas más comunes es cómo entrenar este constructo, que parece tan etéreo. Esta duda se resuelve fácilmente gracias a Kristin Neff, que acuñó, operativizó y creó escalas de medida con las que se puede trabajar para entrenar esta habilidad. La compasión (o autocompasión, self-compassion, si nos referimos a uno mismo), se compone de tres dimensiones interrelacionadas: amabilidad, humanidad compartida y mindfulness (versus juicio, soledad, sobreidentificación, respectivamente), y entrenando cada una de ellas de forma individual y todas en conjunto es como se alcanzará el éxito.

Amabilidad: se refiere a mantener una relación de respeto con uno mismo y los demás. Actuar de forma amable cuando nos enfrentamos a momentos difíciles y estamos sufriendo. En contraposición con el criticismo y el juicio.

Humanidad compartida: es la noción de que el ser humano es imperfecto, vulnerable y mortal, y que esto es algo que compartimos con el resto de seres humanos. Esto se contrapone a la idea de que somos seres aislados y solitarios.

Mindfulness: nos ayuda a poner nuestro sufrimiento en perspectiva y a saber cuándo y por qué estamos sufriendo. A través del mindfulness, aprendemos a estar con nuestro dolor y no evitarlo ni juzgarlo. Esto nos ayuda a separar lo que sentimos y pensamos de lo que somos, de nuestra esencia.

Si analizamos estas tres dimensiones de forma separada, comprenderemos el porqué de la necesidad de integrarlo dentro de nuestro modelo de Formación Centrada en el Ser (FCS). Por un lado, el mero hecho de querer aliviar el sufrimiento del otro, creará relaciones de cuidado más efectivas y coadyuvantes, desde la conexión humana, que es uno de los objetivos principales de la figura del cuidador. Por otro lado, la amabilidad, la humanidad compartida y el mindfulness contribuirán a que el proceso de envejecer sea más enriquecedor y positivo.

El envejecimiento positivo consiste en mantener una actitud positiva, sentirse bien con uno mismo, mantenerse sano y seguir participando activamente en la vida a pesar de todos los retos. Para ello, se ha subrayado la importancia de los recursos de afrontamiento de las personas mayores; físicos, sociales y psicológicos. Entre estos últimos se encuentran el optimismo, el sistema de creencias y la autocompasión, que se ha convertido en un fuerte predictor de salud mental y envejecimiento positivo.

Por tanto, entrenar en compasión ayuda a prevenir el burn-out del cuidador o el síndrome del vicario (una sobreidentificación con la persona a la que se cuida). Además, permite adquirir un modelo de interactuar con el mundo y de relacionarse que se traduce en que los propios cuidadores, se pueden convertir en modelos para las personas mayores, ayudándolas a integrar esta actitud y contribuyendo así a un envejecimiento mucho más positivo.

“Cuando nos permitimos ver el mundo con ojos compasivos, se abre una puerta hacia un cambio en las relaciones sociales en las que prima el afecto, el cuidado y el deseo de aliviar el sufrimiento de las personas mayores”

Por Samar Cajal. Psicóloga de EM Formación experta en Mindfulness.


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