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Autorregulación: cómo gestionarnos con éxito a nosotros mismos

Trabajando la autorregulación, a través de la Formación Centrada en el Ser, los trabajadores interiorizan una serie de herramientas prácticas para gestionarse en diferentes situaciones a las que se enfrentan en su día a día

11-07-2018

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En esta época de cambio de enfoque y modelo de trabajo en el sector de los mayores, cuando leemos artículos sobre el modelo ACP, los profesionales reflexionamos sobre la adecuación de dicho modelo a nuestros entornos de trabajo. 

En este caso, os invitamos a la reflexión sobre la autorregulación y cómo este concepto es clave, y subyace a este modelo en el que estamos inmersos todos. Poniéndolo en contexto, es necesario explicar de dónde viene, cuál es su lugar y a qué se refiere. La autorregulación es uno de los puntos principales en lo que denominamos como Inteligencia Emocional. Inteligencia emocional dividida en sus cuatro áreas como: autoconocimiento, autorregulación, motivación, empatía (habilidades sociales).

Cuando hablamos de dignidad y respeto a la persona mayor, lo que subyace a esos conceptos también es la Inteligencia Emocional.  Las preguntas que surgen son: ¿Cómo voy a respetar, cómo voy a relacionarme desde la dignidad en el otro, cuando no sé si lo practico conmigo?,  ¿Cómo voy a motivar para la independencia o la autonomía cuando no sé si sé motivarme a mí mismo?,  ¿Cómo voy a acompañar a familiares o a mayores cuando no sé si sé acompañarme a mi mismo?  y ¿Cómo voy a facilitar el bienestar psicológico, la salud, cuando no sé si sé hacerlo conmigo?

La Formación Centrada en el Ser siempre tiene esta doble vertiente, lo aprendo para mí, para poder ofrecértelo a ti. Sigamos comprendiendo la utilidad de la autorregulación. Definamos, entonces, la autorregulación: “Es la capacidad de poder gestionarnos con éxito a nosotros mismos”. Y como capacidad que es, se puede aprender y se puede mejorar. Nos permite analizar nuestro entorno y responder en consecuencia a la situación, pudiendo cambiar nuestra actuación o perspectiva en el caso de necesitar hacerlo. Influye, además, la capacidad de pensar sobre el propio pensamiento o metacognición, la percepción de control sobre las situaciones, las expectativas y la percepción de la autoeficacia. Es decir, nos serviría para tener trabajadores que sean capaces de reflexionar acerca de sus propios comportamientos para con los otros y que se pudieran gestionar para ser más eficaces en su trato, o para sentirse más eficaces en su trabajo. Hablamos claramente de una relación directa con su motivación. Sí, esa palabra que casi nos da miedo porque muchas veces no sabemos cómo lograrla con nuestros trabajadores. Sí, hablamos de todo esto como vinculo estrecho con la autorregulación y su aprendizaje y mejora.

A veces no logramos regularnos. ¿Qué pasa cuando, por ejemplo, nos quemamos en el trabajo y falla esa autorregulación? Nos puede generar problemas tales como dificultades a la hora de empezar o dejar de realizar determinada conducta, identificar factores como la necesidad de cambiar de estrategias, enlentecimiento generalizado en nuestro trabajo, menor nivel de eficacia y productividad y dificultades para mantener fijo o bien forzar el cambio de foco atencional, cometemos más errores, etcétera.

En ocasiones hay situaciones que nos enfadan, porque el residente o familiar o un compañero o jefe nos critica alguna acción realizada, y como trabajador intentamos “dar todo” y resulta que sentimos que no se nos valora lo suficiente. Esto genera una gran frustración y hace que se desmotiven nuestros trabajadores. Pero existen estrategias concretas para que no “explotemos” en situaciones de trabajo como las descritas, o que no nos dé miedo afrontar cambios en las organizaciones, o que no nos vengamos abajo por situaciones laborales, etcétera.
Con la Formación Centrada en el Ser, y en concreto, trabajando la autorregulación, se les facilita a los trabajadores herramientas prácticas para gestionarse en diferentes situaciones del día a día con residentes, familias, compañeros, y se conseguirá mayor implicación laboral, ya que cuando uno “controla su vida”, la disfruta mucho más.

Por Elena Daprá y Juan G. Castilla, psicólogos de Entremayores Formación.



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