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La USC y Agasede estudian los efectos del confinamiento por Covid en las residencias

M.S. / EM 13-01-2021

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La Asociación Galega do Sector da Dependencia (Agasede) nació recientemente con el compromiso por la mejora de la calidad asistencial en la atención a dependencia y con vocación de colaboración en el ámbito científico dentro y fuera de la universidad.

Dentro de este marco, y para poner en valor el trabajo que están desenrollando las entidades del sector, se crea un Área de Investigación y Formación en la que abordar de forma conjunta la gestión del conocimiento en temas que afectan a este sector a la dependencia.

Agasede ha planificado lleva a cabo distintos convenios de colaboración con organismos públicos y privados con el fin de analizar la problemática actual y futura en esta materia. El primero de estos acuerdos es un convenio marco con la Universidad de Santiago de Compostela (USC). De ese compromiso por mejorar la calidad asistencial en la atención a la dependencia, nace su participación en el proyecto Resicovid, iniciativa en la que, además de la USC, forma parte la Universidad de Valencia.

OBJETIVOS Y PUESTA EN MARCHA
Resicovid es un estudio metacéntrico en residencias, llevado a cabo en Galicia y la Comunitat Valencia, sobre el efecto de diferentes grados de confinamiento y la presencia o no en el centro de casos de infección por SARS-COV-2. “Dicho estudio pretende arrojar luz sobre las secuelas del confinamiento a nivel físico y cognitivo”, explicaba a entremayores Emma González Maño, tesorera de Agasede. “Nuestra preocupación por los efectos que el confinamiento pudiese tener en nuestros residentes es lo que nos ha llevado a colaborar con la USC y la Universidad de Valencia en este proyecto. Desde la patronal estamos aportando nuestra muestra de residentes para el estudio, nuestros profesionales recaban los datos y colaboran con la interpretación de los mismos”.

Así, el objetivo de la investigación dirigida por los profesores Arturo Xosé Pereiro y David Facal, de la Facultad de Psicología de la USC, es analizar longitudinalmente los cambios cognitivos, afectivos y funcionales asociados a la condición de confinamiento en centros residenciales.

En palabras de Facal, “uno de los focos principales de la pandemia se ha observado en las residencias, en las que una parte muy importante de las personas residentes con edad avanzada y fragilidad presentan un elevado riesgo de morbimortalidad por esta infección. Las medidas de confinamiento han sido más severas en estos centros, y se han mantenido más en el tiempo. Es esperable que este confinamiento prolongado en personas mayores ya de por sí frágiles y muchas de ellas con deterioro cognitivo, tenga un impacto a nivel cognitivo y funcional”. Y para analizar este impacto, durante el pasado verano, un equipo de investigación desarrolló un estudio piloto en Serge A Veiga, y actualmente se está promoviendo un estudio multicéntrico en Galicia y en la Comunidad Valenciana. “Agasede colabora con los equipo de investigación de la USC aportando investigadores y parte de la muestra del estudio. Consideramos que el trabajo de campo es fundamental ya que representa la realidad del sector y Agasede es un nexo de unión entre el ámbito investigador y el privado”, explica David Facal.  

LA IMPORTANCIA DEL CONTACTO SOCIAL Y AFECTIVO
Aunque todavía no existen unas conclusiones definitivas al respecto de Resicovid, Facal asegura que a pesar de que las situaciones del confinamiento han variado mucho de unos centros a otros según los modelos de atención, “la organización de los cuidados y el impacto de la Covid-19 en los centros, los análisis preliminares apuntan a la importancia de la frecuencia de contacto con familiares y amigos a través del teléfono, videollamada, mensajería instantánea, etcétera. En los residentes con un contacto más frecuente, el declive parece estar más amortiguado”.

En los últimos años, desde la USC han trabajado en los llamados modelos de fragilidad cognitiva, en los que, explica Facal, “integramos a nivel teórico los cambios que se producen en la funcionalidad, los procesos cognitivos y la esfera social y afectiva. Tenemos la experiencia de personas mayores en las que los procesos de fragilidad previa a la emergencia de una situación de dependencia no se producen en un único área, sino que la movilidad, la capacidad de recordar, hacer planes y relacionarse con los demás de forma efectiva declinan de forma coincidente en el tiempo. La persona no está motivada, empieza a experimentar dificultades para realizar tareas que antes realizaba sin problemas, está más lenta”. 

En su conversación con entremayores, el investigador resalta que “la pandemia ha podido, en muchos casos, precipitar estas situaciones. En otros, en los que ya había una situación de dependencia, es importante que los planes de intervención sean multidimensionales, compensando en cuanto a la actividad física y cognitiva los cambios que se han producido en las rutinas de los mayores, pero teniendo en cuenta también el impacto de la distancia física y la incertidumbre”. 


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