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La Fundación Zorroaga de Donostia analiza el papel de las familias de sus usuarios

Redacción EM 16-05-2019

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"Las familias que toman la decisión de ingresar a una persona mayor dependiente en una residencia no se desentienden de sus cuidados, prueba de ello es que el 67% de residentes recibe visita dos o más veces por semana".

Esta es una de las conclusiones de un completo estudio elaborado por la Fundación Zorroaga de Donostia.

Este análisis añade que "si bien cambia el tipo de tareas que realizan estas personas cuidadoras, y lógicamente disminuye el número de horas de dedicación, las familias continúan estando muy presentes en la vida de los mayores y su papel sigue siendo importante en ámbitos  insustituibles como el apoyo emocional, la identidad o pertenencia".

También se señala que las personas que cuidan se sienten más valoradas por su familiar tras el ingreso. Además, la salud psíquica, las relaciones sociales y la vida laboral de la persona cuidadora, mayoritariamente una mujer, mejora tras el ingreso en el 70% de los casos.

Con esta investigación sobre las familias de las personas mayores dependientes que atiende, la Fundación Zorroaga de Donostia persigue tener mayor información sobre su presencia en el centro, las tareas que desempeñan, cómo se sienten y qué necesitan. El trabajo se ha llevado a cabo mediante entrevistas con una muestra de 90 personas, sobre las 218 personas de referencia de las y los mayores atendidos.

El estudio, que ha contado con el apoyo económico de la Diputación Foral de Gipuzkoa, evidencia que las familias mantienen el vínculo con la persona mayor tras el ingreso. Así, el 34% de las personas residentes recibe visita a diario y el 33%, dos o más veces por semana. El 15% una visita semanal y otro 15% recibe una sola visita al mes. El 4% de los residentes no tiene visitas. La Fundación Zorroaga tiene acuerdos con entidades de voluntariado como Nagusilan y Cruz Roja, que permiten que los y las residentes con pocas o ninguna visita se sientan acompañadas.

PERFIL DE LA PERSONA CUIDADORA
El perfil del familiar de referencia es el de una mujer (74%), con más de 56 años (52%), con formación, con familia propia (82%), que trabaja (48%) o está jubilada (40%). Antes del ingreso, el familiar de referencia se ocupaba de la persona mayor dependiente en el 98% de los casos y el 28% vivía con ella. El 68% recibía apoyo de otros familiares. La mayoría han sufrido directamente las consecuencias de la carga de cuidar, especialmente a nivel psíquico (82%, con un 9% que precisó ayuda psicológica y/o médica), pero también a nivel laboral o de relaciones personales. Además, el 47% de las personas cuidadoras sentía que su labor no era valorada por la persona mayor.

Del estudio se desprende que la decisión de ingresar a un familiar en la Fundación resulta una experiencia emocional muy difícil, donde prevalecen sentimientos como la tristeza, la pena, la culpa, la preocupación o el fracaso, frente al alivio, la liberación, la tranquilidad o la confianza. El hecho de que la persona mayor no esté claramente de acuerdo con trasladarse al centro (52%) complica la situación.

Una vez en la residencia, saber que la persona mayor está atendida por profesionales 24 horas aporta tranquilidad a las familias. Más del 70% afirman que su salud psíquica, sus relaciones sociales y su vida laboral mejoran. El ingreso modifica, además, la percepción de la persona cuidadora de sentirse valorada, aumentando del 53% al 80% los casos que afirman sentirse valorados y agradecidos. No obstante, un 13% de las personas de referencia se siente parecido o incluso peor que antes del ingreso.

Por otra parte, el estudio refleja que la principal responsable de los cuidados antes como después del ingreso, es mayoritariamente una mujer. Antes del ingreso, las mujeres venían asumiendo con más de 20 puntos de diferencia tareas como los cuidados personales, compras, comida, limpieza, resolución de imprevistos y toma de decisiones, desplazamientos fuera del domicilio o manejo de los trastornos de conducta. Esta situación se invierte cuando se trata de administrar el dinero de la persona mayor.

Tras el ingreso en el centro, se reducen las horas de dedicación y las tareas de cuidado cambian –vistas, compras, paseos, acompañamiento en actividades, consultas médicas y estancias en hospital o gestionar el dinero, entre otras– y son llevadas a cabo de manera más igualitaria por hombres y mujeres.

La investigación ha recogido, además, las demandas de las familias. En su mayoría, están orientadas a desear un mayor grado de flexibilidad y personalización de los servicios. La Fundación Zorroaga, consciente desde hace tiempo de que las personas mayores que atiende y sus familias son el eje de su labor, está trabajando para implantar en todos sus recursos el modelo de atención centrado en la persona.

La Fundación Zorroaga es una fundación privada sin ánimo de lucro, con una trayectoria de 300 años. Cuenta con cuatro unidades para personas mayores dependientes. Son unidades con personal, espacios y funcionamiento independiente. Zorroaga dispone también de 50 plazas de día para personas dependientes que viven en su vivienda habitual. Asimismo, cuenta con plazas residenciales para personas autónomas en apartamentos y en una unidad de convivencia específica.


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