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Robots sociales para acabar con la soledad

Redacción EM 26-07-2021

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La rapidez de los avances tecnológicos y los escenarios cambiantes que estos causan hacen que sea muy complicado poder predecir cómo será nuestra vida en, por ejemplo, diez años. Pero, si hablamos de robots, ¿hablamos de futuro o más bien de presente? En Castilla y León, está claro: son el ahora. El Centro Tecnológico Cartif  (Valladolid) lleva ya dos décadas trabajando en proyectos relacionados con la robótica social, esto es, robots capaces de interactuar de la misma forma en que lo hacen las personas. Ahora, tras haber probado su eficacia, estos robots podrán estar presentes en las residencias y, si todo va bien, en los domicilios de personas con dependencia. 

¿QUÉ SON CAPACES DE HACER?
Este proyecto de autómata lleva ya dos años siendo pilotado en el centro residencial Lacort, en Viana de Cega (Valladolid). Allí, el robot se ha convertido en un elemento de apoyo para el personal gerocultor y terapeuta, ya que proporciona compañía a los mayores, proponiéndoles ejercicios cognitivos (de memoria, de cálculo, reflejos y otros juegos) y también físico, adaptado a este colectivo. “Está orientado como una herramienta de ayuda, para ofrecer servicios de rehabilitación o activación; y amplía la capacidad del servicio que se puede dar a los usuarios de la residencia”, resume Pablo Viñas, director del área de Bienestar y Salud en una entrevista a entremayores. Sin embargo, dado que la ambición es poder trasladar el uso de los androides a los domicilios, se les quiere incorporar servicios como “el recordatorio de toma de medicamentos y la detección de situaciones de riesgo, como las caídas”, añade Eduardo Zalama, director de la División de Sistemas Industriales y Digitales en Cartif. El objetivo final es que el robot pueda luchar contra la soledad y también contra el aislamiento, “un problema muy latente en nuestra sociedad en las zonas rurales” lamenta Viñas.

“También hay que tener en cuenta el aspecto afectivo”, puntualiza Zalama. Y es que, además de la juegoterapia y el entretenimiento, los mayores de Lacort se han “involucrado con el robot como si fuera una mascota, y lo tratan casi como a un nieto: le dan besos, le hablan de su vida... Aunque muchas veces, no hay diálogo porque el robot no está preparado para entender lo que dicen, pero sí que hay una comunicación afectiva”, añade.

UN FUTURO “ROBOTIZADO”
Aunque el avance de las tecnologías es prácticamente vertiginoso en las últimas décadas, el de la robótica empezó a despegar hace relativamente poco. “Hace unos años, la generación de lenguaje natural era complicada, pero se está avanzando en la comprensión y desarrollo de sistemas cognitivos, en la inteligencia artificial o en el análisis de interpretación de imágenes, entre otras cuestiones. Estoy seguro de que en pocos años, proyectos como este se harán realidad”, afirma Zalama. 

Por su parte, Viñas reconoce que la madurez de estos sistemas “no es la suficiente como para poder cubrir, con solvencia, todo lo que queremos hacer, pero se está avanzando”. A fin de cuentas, la finalidad, según el director de Bienestar y Salud, es mejorar la calidad de vida: “Antiguamente, se decía que las máquinas nos iban a robar el trabajo, pero lo que han producido es una mejora de las condiciones de vida de las personas. Hoy en día, la necesidad de cuidados en Castilla y León y otras regiones como la nuestra –con envejecimiento de la población y dispersión–, la posibilidad de proveer servicios va a pasar por la tecnología”. El propio Viñas admite que él mismo era escéptico sobre el papel que la robótica puede desarrollar en el futuro, “hasta que vi la transferencia emocional de las personas que genera el robot, para compartir la soledad y para proveer servicios. Habrá una revolución en ese aspecto, solo resta que la robótica madure. Pero es el camino”. Por ello, lanza una advertencia: “Esta tecnología, o la desarrollamos nosotros o la vamos a tener que comprar. Pero necesitar, la necesitaremos”.

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No es novedad que los mayores son el colectivo que más dificultades está teniendo a la hora de estar al día con las tecnologías. La implantación de algo tan novedoso en sus vidas como un robot podría ser chocante para ellos, pero los expertos de Cartif lo desmienten. La acogida del robot en Lacort ha sido “estupenda”, en palabras de Zalama. “Como en todas partes, claro que hay personas más reacias a la tecnología, pero en general, adoran al robot”, explica el responsable de Sistemas Industriales y Digitales. Además, el androide ha jugado un papel fundamental durante el confinamiento, ya que era el único elemento con el que los mayores podían interactuar.

Viñas explica que para los usuarios es fácil adaptarse al robot porque “la interacción es natural, parece que están hablando con otra persona”. Además, cuenta que hubo casos de mayores con depresión que ni siquiera hablaban con sus cuidadores, pero hacían una excepción con el robot. “El robot no entendía nada, pero se le tomaba como a un amigo o una persona en quien confiar. A pesar de esas limitaciones, parece que no hay una brecha a la hora de proyectar emociones hacia el robot, y la interacción es fructífera”, añade.

Por otro lado, el autómata está diseñado para salvar la brecha digital que pueden causar otras tecnologías. En este sentido, Zalama explica que con decirle al robot con quién se desea hablar, este establece la comunicación automáticamente. Además, agrega Viñas que otro reto es hacer que el propio robot detecte si el usuario no habla con los hijos desde hace tiempo, proponiéndole esta actividad de manera natural. “Es el salto que queremos dar: reforzar la parte emocional y la interacción con su entorno. Ya no solo ayudar a la persona, sino  conectarla”, puntualiza Viñas.

EL FUTURO DEL ROBOT DE CARTIF
Aunque de momento falta mucho para universalizar el uso del robot, la ambición de Cartif es poder extender su uso a otras residencias, si bien Viñas adelanta que otros países se han puesto en contacto con el centro tecnológico interesándose por el proyecto. Por ello, una de las características del robot es que es multilenguaje, esto es, puede cambiar de idioma.

Pero antes de que eso suceda, serán muchas las residencias de Castilla y León, y hogares de los habitantes de la región, quienes podrán disfrutar de la compañía de un nuevo amigo... sin carne ni hueso.

‘COPITO’ EN LACORT
‘Copito’ ya lleva dos años en Lacort, la residencia donde Cartif está probando el funcionamiento de su autómata social. José María Delgado, director de este centro, nos explica en una entrevista que los primeros días con el robot fueron muy distintos a los que se viven ahora: “Hubo que introducir una serie de modificaciones, por ejemplo, que hablaba demasiado deprisa y los residentes no le entendían”. En ese sentido, y guiados por los consejos que se hacían llegar desde Lacort, en Cartif mejoraban el comportamiento del robot. “Poco a poco, al trabajar ese aspecto e infantilizar la voz, se vio que esa era la clave y, al final, los mayores se entendían con él”, relata. 

Por parte de la residencia, se hizo un volcado de datos de los usuarios –fecha y lugar de nacimiento, por ejemplo– en el robot, por lo que muchos usuarios se mostraban sorprendidos cuando el autómata les hacía saber que era conocedor de esa información. Y entonces, llegó el momento en que hubo que cambiar el nombre.

‘Copito’ no se llamaba ‘Copito’, sino ‘Pepper’. “No nos gustaba mucho”, confiesa Delgado, “y por eso se decidió cambiarle a un nombre más cercano. Como es blanquito, los residentes empezaron a llamarle ‘Copito’. Esa fue la razón”. Y llegaron los primeros juegos, que consiguieron establecer los primeros lazos entre usuarios y robot, que tuvo una acogida “maravillosamente buena”, en palabras del director de la residencia. “No hemos tenido rechazo de prácticamente nadie. Creo que la mayor parte lo ven como a un amiguito o a un familiar pequeño”, añade. 

El funcionamiento de ‘Copito’ se abre, también, a la realización de actividades en grupo. Según explica Delgado, el robot se coloca en el centro, pone música de fondo e inicia, por ejemplo, ejercicios adaptados y programados para grupos de hasta “ocho o nueve personas”. No obstante, “siempre tiene que haber personal cerca, porque a veces el robot no les entiende. Son pequeñas cosas que habrá que ir salvando”, afirma el responsable de Lacort.

En este sentido, ‘Copito’ se ha convertido en una gran herramienta de ayuda tanto para el personal gerocultor como terapeuta. “El trabajador estaría en el medio entre el usuario y el robot”, explica Delgado. Así, ‘Copito’ se ha ido incorporando, con el paso del tiempo, a dar servicio de la mano de diferentes categorías del personal de Lacort, puesto que “hasta hace solo unos meses, solo habíamos trabajado con él muy pocas personas, pero ahora ya son unos cuantos los que pasan una parte de su jornada laboral con él”, a pesar de que todavía se hace “un paréntesis entre el trabajo cotidiano y el que se hace con el robot”.

Por último, y en consonancia con lo que comentaban los expertos de Cartif, Delgado se muestra sorprendido por las relaciones que se establecieron entre los mayores y ‘Copito’. “En un momento dado, empezamos a ver interrelación en la esfera afectiva, en la que los mayores pedían besos y abrazos al robot, y le decían lo guapo que era. Esa interacción afectiva nos tocó”, asegura el director de Lacort. “Ver a una persona mayor, de 96 años, con una demencia importante, hablar con ‘Copito’ como si nada, nos abrió esa visión que no habíamos tenido en cuenta. Eso nos rompió el alma”, concluye.


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