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Seis millones de personas padecen incontinencia en España

La SEGG, en conjunto con la AEU, la SEMG y la Sefac, impulsa un decálogo de la incontinencia que busca frenar todos aquellos mitos que rodean este trastorno

A. Lemos 11-04-2019

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Con el envejecimiento, suelen aparecer las pérdidas de orina.

La incontinencia es todavía un tabú social prevalente, algo con lo que la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG) quiere acabar. Porque no, la incontinencia no es algo propio de la edad, aunque sí es cierto que sucede en personas mayores como consecuencia de otra enfermedad subyacente, cuya gravedad puede variar dependiendo de qué se trate.

Junto a la Asociación Española de Urología (AEU), la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG) y la Sociedad Española de Farmacia Familiar y Comunitaria (Sefac), la SEGG han desarrollado el Decálogo de la Incontinencia Urinaria, con el fin de que, de una vez por todas, sea un trastorno comprendido por los facultativos y no motivo de vergüenza a la hora de ir al médico.

“En la actualidad, solo una tercera parte de los mayores que padecen incontinencia urinaria consultan con su médico, y menos del 20% de la población que la sufre recibe la atención adecuada”, señala el doctor Carlos Verdejo, vicepresidente de la SEGG. Cada vez más, los profesionales están preocupados por la falta de iniciativa de visitar al médico en el momento en que una persona de edad avanzada nota pérdidas urinarias. El Observatorio Nacional de Incontinencia data el número de personas con este problema en España en seis millones. Verdejo insiste en la “necesidad de que, de forma sistemática, se recoja en la historia clínica el dato de la incontinencia, sobre todo en ancianos frágiles, con deterioro funcional, con polifarmacia, proceso médico agudo o alta hospitalaria reciente”.

“Difícil respuesta”, responde la doctora Blanca Madurga, de la Unidad de Urología Funcional, Femenina y Urodinámica en el hospital andaluz Puerta del Mar, al ser preguntada por los métodos de prevención de la incontinencia. “Debemos tener en cuenta factores de riesgo como la obesidad y el tabaquismo, y es recomendable llevar una alimentación saludable, realizar ejercicio físico, ingerir líquidos adecuadamente (lo que no quiere decir que se deba beber agua en dosis masivas), micciones horarias (no presumir de aguantar horas y horas sin orinar), controlar el estreñimiento y evitar excesos de cafeína y teína, que provocan una necesidad imperiosa de ganas de orinar”, indica la experta.

Un problema añadido de la incontinencia es que no acaba de ser ni causa ni consecuencia concreta de enfermedades. “La incontinencia urinaria no es un diagnóstico, sino un síntoma debido a varias causas. Cada caso debe ser estudiado e individualizado”, precisa Madurga. “Lo que es cierto”, añade, “es que, en ocasiones, la incontinencia como síntoma nos lleva a diagnosticar enfermedades que el propio paciente desconocía padecer, y que no tienen relación directa con la Urología. Por este motivo, en el Día Mundial de la Incontinencia que tuvo lugar el 14 de marzo, la SEGG instó a los profesionales sanitarios a preguntar a sus pacientes mayores de 65 años sobre sus hábitos y síntomas urinarios, dada la morbilidad e impacto en la calidad de vida de las personas que sufren pérdidas.

Pese a este escenario tan desolador, Verdejo emite un mensaje tranquilizador: “La incontinencia tiene tratamiento, de tal forma que con las diferentes opciones es posible recuperar el grado de continencia entre un 30 y 40%”. Madurga añade que los tratamientos deben ser individualizados y pueden tomar muchas formas: desde medidas higiénico-dietéticas hasta quirúrgicas, pasando por tratamientos farmacológicos. “Lo importante es el diagnóstico certero, que en ocasiones no es fácil”, detalla.

MÁS ALLÁ DE LA SALUD FÍSICA
El doctor Antonio Fernández-Pro, presidente de la SEMG, considera necesarias las campañas de sensibilización y concienciación. Además, cree importante la realización “de un esfuerzo para sensibilizar a la población sobre esta enfermedad”, destacando que “la incontinencia urinaria no es un hecho normal, en ningún caso, y siempre debe buscarse una solución”. A este respecto, Verdejo reconoce “las connotaciones negativas de las pérdidas de orina, por las cuales se producen pocas consultas sobre la misma. Solo la tercera parte de los afectados acuden al médico para ser tratados”.

Esto preocupa especialmente en el caso del sexo masculino, que es el grupo de población que más tiende a sufrir los efectos derivados del tabú social que giran en torno a la incontinencia. Como consecuencia, la calidad de vida disminuye, ya que el afectado por incontinencia se priva de llevar un ritmo de vida normal. 
“La vergüenza de los escapes durante nuestra rutina diaria puede llevar a situaciones de depresión y exclusión social”, apunta la doctora Madurga. “El ser humano es un todo. No podemos separar lo físico de lo psicológico”.

EL PACIENTE MAYOR VARÓN
Con frecuencia, la incontinencia urinaria sucede en pacientes varones mayores tras haberse sometido a una cirugía sobre la próstata o la vejiga. “También suele aparecer debido a la vejiga hiperactiva, ya que está asociada a la edad”, agrega la doctora Madurga.

Asimismo, también existe una estrecha relación entre la incontinencia y los problemas de la próstata, órgano que a partir de la quinta década de la vida empieza a crecer. “Afortunadamente, en la mayoría de los casos, se trata de un crecimiento benigno, pero esta alteración anatómica conlleva cambios en la función de la vejiga y la uretra del varón, con sus pertinentes consecuencias”, señala la experta.

Pese a todo, la doctora Madurga emite la misma recomendación tanto a mujeres como a hombres: acudir al médico. “Y si no le puede solucionar su problema, al urólogo”, ya que “con los nuevos fármacos e intervenciones quirúrgicas que existen actualmente, vamos a poder ayudarle”. De la misma forma, los tratamientos tampoco tienen género: “Los fármacos son igual de efectivos en ambos sexos. Hay más diferencia en lo que respecta a los tratamientos quirúrgicos”, por cuestiones anatómicas que se deben abordar de forma distinta en hombres y en mujeres.

Lo fundamental es establecer un diagnóstico correcto”, insiste la doctora Madurga. Así, se podrá ofrecer el mejor tratamiento para solucionar la patología. En el caso del hombre, puede ir desde una malla suburetral hasta la colocación de un esfínter urinario artificial, medidas que pueden mejorar su calidad y ritmo de vida.



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