Teléfono: 986 438 020 Última actualización:  13:46:51Lunes, 16 de Septiembre de 2019
Atrás

Sedentarismo: un factor de alto riesgo para las enfermedades neurodegenerativas y cerebrovasculares

Además, merma significativamente la cantidad y la calidad del sueño, afectando negativamente al rendimiento físico e intelectual

Redacción EM 26-08-2019

COMPARTIR
La inactividad física es la responsable del 6% de las muertes registradas en todo el mundo y uno de los cuatro principales factores de riesgo de mortalidad. Además, constituye uno de los principales factores de riesgo tanto para las enfermedades neurodegenerativas como para las enfermedades cerebrovasculares; y es altamente perjudicial para la vascularización cerebral y las sinapsis neuronales. Algunos estudios han demostrado, entre los múltiples beneficios de realizar ejercicio, su función protectora frente a enfermedades neurodegenerativas o cerebrovasculares, hasta el punto de suponer un retraso de 10 o más años en la aparición de las primeras manifestaciones clínicas. Es importante destacar, además, que el sedentario disminuye considerablemente la cantidad y la calidad del sueño, afectando al rendimiento físico e intelectual.

En España, más de un 40% de la población es sedentaria. David Ezpeleta, portavoz del Grupo de Estudio de Humanidades de la Sociedad Española de Neurología (SEN) señala que esta situación puede agravarse durante el verano y recomienda que “tanto si nos hemos relajado en exceso durante el verano, como si hemos aprovechado el mayor tiempo libre para realizar actividad física, septiembre es un mes clave para tomar medidas en contra del sedentarismo o para mantener los buenos hábitos que hayamos adquirido durante el verano, según los casos”. 

“Múltiples líneas de investigación han demostrado que la actividad física, especialmente el ejercicio aeróbico, es un potente estimulo de la neurogénesis. La actividad física podría estimular la formación de neuronas en el hipocampo, la región del cerebro que participa, entre otras, en la memoria y el aprendizaje”, explica el experto. “Además, la actividad física mejora diversas funciones ejecutivas cerebrales como la motivación y el impulso a hacer ejercicio, es decir, el mismo ejercicio ayuda a vencer la pereza y se promueve a sí mismo, cerrándose un círculo virtuoso de enorme importancia para la salud”, apostilla.

LA ACTIVIDAD FÍSICA EN PACIENTES CON ENFERMEDADES NEUROLÓGICAS
El ejercicio regular y la actividad física deben formar parte de muchos programas de rehabilitación y neurorrehabilitación. “En la actualidad, disponemos de evidencias suficientes para recomendar la actividad física como parte del tratamiento en la mayoría de enfermedades neurológicas, aunque siempre adaptada a las posibilidades de cada paciente”, apunta Nuria González-García, portavoz de la Sociedad Española de Neurología (SEN). Además, afirma que este tiene efectos positivos tanto en individuos sanos como en pacientes con deterioro cognitivo. “En la enfermedad de Alzheimer se ha planteado incluso que podría ralentizar la neurodegeneración o prevenir el declive cognitivo en casos preclínicos o incipientes. En los pacientes con deterioro cognitivo leve, debe recomendarse ejercicio físico al menos dos veces por semana como parte del tratamiento”.

Al igual que en otras enfermedades degenerativas, en los pacientes con enfermedad de Parkinson, la actividad física ha demostrado no solo la mejoría de los síntomas motores y no motores, sino que podría modificar la supervivencia y la progresión de la enfermedad. Se han demostrado beneficios con ejercicios muy diversos, como baile, yoga, taichi, ejercicio aeróbico o de resistencia, con mejoría de la velocidad de la marcha y el equilibrio postural. Además, las actividades físicas que incluyen música rítmica implican la activación de áreas neuronales de control motor y mejoran aún más la marcha y el equilibrio.

Finalmente, destacar que son numerosos los trabajos que han estudiado los beneficios del ejercicio tras un ictus con afectación motora. “La actividad física ayuda moderadamente a la rehabilitación de las extremidades paréticas, pero muy significativamente a la marcha. Además, aquellos pacientes que practican ejercicio de forma regular, presentan menor área final del infarto, mayor circulación colateral y mejoras en el flujo sanguíneo tras el ictus”, concluye González-García.


Tlfno: 986 438 020 | contacto | aviso legal