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Por cada varón con osteoporosis, hay hasta ocho mujeres que la sufren

En la mujer, el principal culpable de esta enfermedad es la menopausia, al desaparecer el efecto protector de los estrógenos sobre los huesos. Detectar esta solencia ósea a tiempo es imprescindible para evitar la primera fractura

A. Lemos 12-09-2019

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Insomnio, sofocos, cansancio, alteración del estado de ánimo... ¿Le suenan? Son algunos de los síntomas más conocidos de la menopausia, la etapa de la vida de la mujer, conocida por implicar el fin de la menstruación, y que el 90% de las mujeres experimentan entre los 48 y los 54 años.

Con el cese de la actividad ovárica, se termina también la producción de las hormonas sexuales femeninas más famosas: los estrógenos. Pero las  funciones que desarrollan van más allá de lo puramente sexual, pues están implicados en numerosos procesos, como el de producción de colágeno y de colesterol bueno –previniendo la acumulación de grasas y otras sustancias en las paredes de las arterias–, o mejorando el funcionamiento del sistema urinario e, incluso, favoreciendo el desarrollo de neuronas y de neurotransmisores.

Sin embargo, una de las mayores contribuciones de los estrógenos es el refuerzo que realizan al sistema óseo. Con la llegada de la menopausia, la brusca disminución de hormonas sexuales femeninas impacta de lleno en los huesos, causando, en muchos casos, la aparición de la osteoporosis.

Esta enfermedad crónica consiste en la caída de la densidad de masa ósea, causando que los huesos se vuelvan más porosos y, por tanto, más frágiles y menos resistentes a los golpes, de modo que se pueden producir fracturas con mucha facilidad.

“Los ginecólogos estamos muy sensibilizados con este tema porque, por cada varón con osteoporosis, hay siete u ocho mujeres que la sufren”, explica el doctor José Luis Neyro, consultor de Ginecología del Servicio de Obstetricia y Ginecología del Hospital Universitario Cruces de Bilbao. “Nos preocupan, sobre todo, las complicaciones que se derivan de la enfermedad, ya que debemos tener en cuenta que las fracturas por osteoporosis matan a cuatro o cinco veces más mujeres que el cáncer de mama”, añade.

Para diagnosticar la osteoporosis, se emplea el examen de densidad ósea, también conocido como densitometría. La prueba es totalmente indolora, dura poco tiempo y los resultados que arroja son altamente fiables. Las sociedades científicas de salud ósea aconsejan que las mujeres realicen su primera densitometría al cumplir los 65 años. Pero, si la mujer es posmenopáusica y entra en algún grupo de riesgo, también debería someterse a esta prueba. Se consideran factores de riesgo, entre muchos otros, el haber consumido corticoides, la vida sedentaria, el tabaquismo, la pérdida de estatura, el alto consumo de cafeína o la baja ingesta de calcio –que el doctor achaca a una creciente e “ignorante moda en contra de los productos lácteos”–.

Sin embargo, existe un caso en el que no hace falta realizar una densitometría. “Cuando se produce la primera fractura osteoporótica, el diagnóstico ya está hecho”, explica el doctor Neyro. La aparición de la primera complicación, por sí sola, ya conforma el diagnóstico de osteoporosis establecida. En estos casos, agrega el experto, “estaríamos detectando tarde una enfermedad que tiene tratamiento, pero que puede condicionar gravemente la calidad de vida de la persona afectada”.

LA MINORÍA MASCULINA
Podría decirse que la osteoporosis responde al conocido tópico de que las mujeres son de Venus y los hombres, de Marte. Así lo demostró el Grupo de investigación genética de la osteoporosis del Institut de Recerca de l’Hospital del Mar (IMIM) en Barcelona hace casi una década.

Hasta entonces, se creía que la osteoporosis masculina era causada por el hecho de pertenecer a un grupo de riesgo. Sin embargo, el 50% de los pacientes masculinos no respondía a los factores más comunes, por lo que expertos del IMIM, liderados por el doctor Josep Blanch, indagaron acerca de los mecanismos que desencadenan la enfermedad.

“Los huesos cambian continuamente gracias a la acción de los osteoblastos –células formadoras de hueso– y los osteoclastos –destructoras del mismo tejido–. En una situación normal, se equilibra la actividad de ambos elementos. Cuando se desequilibra, aparece la osteoporosis”, explica el doctor Blanch en una entrevista con entremayores. “En 2010 demostramos que en la osteoporosis masculina, las células que forman hueso tienen menos actividad de la que deberían, mientras que en la femenina, predomina la actividad de los osteoclastos”.

En otras palabras: la osteoporosis primaria en los hombres es causada por un déficit en la formación de hueso mientras  se mantienen los mismos niveles destrucción, mientras que en la femenina –que suele ser la posmenopáusica–, la genera un aumento de destrucción, manteniéndose igual la actividad formadora.
¿Por qué sucede? Todavía no se conoce la respuesta a esta pregunta, pero el doctor Blanch apunta a que “debe ser algo de tipo genético u hormonal. Posiblemente sean ambas cosas”. A todo ello hay que sumar el hecho de que el lado genético de la osteoporosis es muy complicado de desentrañar, pues no es un solo gen el que interviene en ella, sino que “hay muchos, e incluso la interacción entre ellos podría causarla”, especifica Blanch. “Este tema se está investigando, pero se ha avanzado poco. Si bien es cierto que se conocen algunos de los genes implicados, posiblemente existan muchos más”.

Es difícil aventurar, pero lo que sí se sabe es que el 70% de la masa ósea está programada genéticamente, independientemente del sexo. El 30% restante depende del ambiente. Por este motivo, el doctor Blanch asegura que “casi seguro una persona padecerá osteoporosis si tiene una mala dotación genética, por mucho que trate de evitarla”.

ADELANTARSE A LA OSTEOPOROSIS
Pese a todo, existe un amplio margen de prevención, ya que, en primer lugar, la enfermedad sigue dependiendo de los factores de riesgo, dentro de los cuales entran los estilos de vida de cada persona. Esto se debe a que existen dos tipos de osteoporosis: la primaria (posmenopáusica en mujeres e idiopática en hombres) y la secundaria. Esta última es la causada por los factores de riesgo, y es más frecuente en varones.

Y, en segundo lugar, y volviendo a la salud de la mujer, aunque la menopausia no se pueda evitar –de hecho, es deseable que se tenga, ya que “es señal inequívoca del aumento de la esperanza de vida”, según el doctor Neyro–, “sí es posible prepararse para ese momento”.

El experto en Ginecología y Obstetricia recomienda incrementar la ingesta de calcio durante toda la vida, pero especialmente en periodos como la infancia, el desarrollo, los embarazos y la lactancia; evitar tóxicos como tabaco, el café en exceso y el alcohol; hacer ejercicio regularmente y mantener unos niveles de vitamina D adecuados. Hacer estos cambios en los hábitos diarios “favorecerán que mantengamos los huesos fuertes y resistentes, aunque se pierda el efecto protector de los estrógenos tras la menopausia”, indica.

LA FÓRMULA CONTRA LA FRAGILIDAD
Leche y derivados, zumo de naranja, bebidas de soja... todos estos productos tienen un nexo común: contienen vitamina o complejo hormonal D, que es el responsable de la absorción intestinal del calcio. El doctor Neyro se refiere a este compuesto como “ión de la vida”, y no es para menos.

Sin vitamina D, el calcio no se absorbe. Si eso sucede durante un largo tiempo, el organismo va consumiendo el calcio acumulado en el esqueleto, y así es como los huesos se deterioran poco a poco”, explica el doctor Neyro. Es por esta razón que la vitamina D debe estar presente en el organismo durante toda la vida, y de forma especial a partir de los 50 años, momento en el que “resulta prioritario medir los niveles de vitamina D en el cuerpo para comprobar si se necesitan suplementos o no”, apunta.

Por supuesto, no se puede esperar a que los huesos se deterioren y que la osteoporosis se asome para prestar atención a los niveles de vitamina D, ya que nunca se sabe cuándo puede aparecer la primera fractura, que es la que se debe tratar de evitar en medida de lo posible.

Por otro lado, el ejercicio físico se consolida como otro de los grandes aliados contra la osteoporosis en el colectivo de la mujer posmenopáusica. “No hay una edad mejor que otra para empezar a hacer ejercicio físico, que es, sin duda alguna, el secreto de una tercera edad saludable”, afirma el doctor Neyro. De todas formas, si la mujer fuera sedentaria, la posmenopausia sigue siendo un buen momento para comenzar.

Lo ideal es empezar por ejercicios básicos, como caminar a paso ligero durante no menos de media hora seguida todos los días. “A partir de los 15 minutos es cuando se comienza a sudar. Esa es la señal de que se está haciendo correctamente y que va a servir al esqueleto y también al peso”, indica Neyro, quien también recomienda combinar esta actividad con ejercicios de fuerza que fortalezcan los músculos.

Y, especialmente en la mujer posmenopáusica, los tratamientos con hormonas naturales se configuran como una de las mejores medidas para mejorar la salud ósea –y de paso, aliviar otros síntomas como los sofocos y las alteraciones emocionales–. Numerosas investigaciones con amplias cohortes han mostrado los efectos positivos de estas terapias, de las cuales existen dos tipos.

En primer lugar, están los tratamientos con estrógenos, destinados a las mujeres que presentan múltiples y conocidos síntomas de la menopausia, para las cuales “no hay duda de que una terapia hormonal personalizada les devolverá la calidad de vida perdida, contribuirá a mejorar su riesgo cardiovascular y mantendrá la salud de sus huesos, evitando así las temidas fracturas osteoporóticas”, expone el doctor Neyro.

Y en segundo lugar, para aquellas personas que presentan un nivel inadecuado de vitamina D (que puede llegar a ser hasta el 70% de la población), la adición de este compuesto es otra forma de terapia hormonal “obligada para favorecer esa absorción de calcio y mejorar la salud muscular y ósea”.

Todas estas son recomendaciones universales para tener una salud ósea óptima en la vejez.



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