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Objetivo potencia: un nuevo protocolo mejora su medición en las personas mayores

Un trabajo en el que participan investigadores de la UPM desarrolla un nuevo método de medición de la potencia en las personas mayores, un factor clave para prevenir lesiones y minimizar el riesgo de caídas

Redacción EM 13-05-2019

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Si nos preguntasen cómo mejorar la calidad de vida en una persona mayor y evitar caídas y lesiones, pocas veces pensaríamos en la importancia de trabajar la potencia, pero este indicador es una de las claves para mejorar el estado general de los ancianos y, con ello, su calidad de vida. Investigadores de la Facultad de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte de la Universidad Politécnica de Madrid (UPM) han participado en un estudio que analiza cuál es la mejor manera de medir y entrenar la potencia en los mayores, como vía para mejorar su funcionalidad y su salud.

“Para la vida cotidiana de una persona mayor, no sirve de nada mover dos veces el peso de su cuerpo o moverlo a gran velocidad. Si esta persona se desequilibra sólo la fuerza adecuada en el menor tiempo posible (lo que se conoce como potencia), puede impedir la caída o al menos una grave lesión”, explica Amelia Guadalupe Grau, del Grupo de Investigación ImFINE del Departamento de Salud y Rendimiento Humano de la UPM.

Durante el envejecimiento, la potencia muscular se pierde a un ritmo de 3% por año aproximadamente, más rápidamente que la fuerza o la masa muscular. Por ello, es tan importante tanto saber evaluarla como entrenarla, algo que hasta el momento representa un desafío para los investigadores.

“Los últimos estudios apuntan a que las personas mayores consiguen mayor potencia a intensidades más altas, es decir, cuando tienen que mover pesos mayores que las personas jóvenes”, explica Guadalupe-Grau. Sin embargo, conocer la carga óptima con la que debe entrenar la potencia cada persona y más en concreto el colectivo de mayores de 65 años, sigue una asignatura pendiente. Y eso es a lo que se  ha tratado de dar respuesta en este estudio en el que también han participado la Universidad de Castilla La Mancha y el Hospital Virgen del Valle.

“La heterogeneidad de métodos y contextos hacen muy compleja la mejor forma de determinar la potencia máxima de un individuo. Existen una gran cantidad de factores que pueden afectar a la potencia máxima en un día determinado, desde el protocolo utilizado hasta la motivación y el estado de salud en ese momento. De ahí la dificultad para establecer resultados concluyentes”, explica la investigadora de la UPM.

EL CALENTAMIENTO, FUNDAMENTAL EN MEDICIÓN
El trabajo, no obstante, ha logrado determinar una serie de condiciones que se perfilan como necesarias para poder evaluar esta condición. La primera es que el calentamiento previo es imprescindible para llegar a niveles de medición representativos.

“Para evaluar la potencia en personas mayores, el primer paso debe ser someterlas a un calentamiento general y uno específico”, comenta la investigadora de la UPM. “Además, debido a las variaciones individuales, lo ideal es realizar varias repeticiones (1-3) y varias series incrementando la intensidad, dejando entre 1-3 minutos de descanso entre series” del ejercicio a testear, añade.

La media de la potencia obtenida de cada repetición es un valor ideal para inferir la máxima potencia muscular del sujeto. Averiguar si los métodos tradicionalmente empleados para trabajar la potencia e incluso para medirla pueden llegar a ser lesivos para la población mayor, era otro de los objetivos del trabajo. “Normalmente tendemos a sobrevalorar la capacidad física de nuestros mayores”, comenta la doctora Guadalupe-Grau. “En el peor de los casos, los estudios apuntan que no más del 0,69% de las pruebas pueden tener algún efecto adverso, y de serlo, se han clasificado como leves o indeterminados en la mayor parte de ellos”.

El protocolo desarrollado por los investigadores supone un método fiable y seguro para evaluar la potencia muscular en personas mayores. “Dado que este parámetro en un indicador de la calidad de vida de los mayores y que el tiempo necesario para evaluar esta capacidad es relativamente corto, este protocolo podría formar parte de evaluaciones periódicas para testear la condición física de nuestra población mayor y optimizar así el entrenamiento que deben realizar para prevenir caídas o lesiones”, concluye la investigadora del INEF.


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