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Las dos caras del sol: el gran aliado y el gran enemigo de la piel

El astro estimula la síntesis de vitamina D y libera endorfinas, ofreciendo sensación de placer. Sin embargo, una sobreexposición al mismo favorece el deterioro de la piel, su envejecimiento y aumenta el riesgo de desarrollar cáncer cutáneo

I. Domato 17-07-2017

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Piel solo hay una, y es por eso que es tan importante cuidarla y protegerla de los agentes externos, como el sol. “Es el órgano que nos relaciona con el medio externo, nos protege y nos ayuda a vivir”, asegura el doctor Agustín Buendía, coordinador del proyecto Euromelanoma 2017 y miembro de la Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV). 
Aunque este órgano –el más grande del cuerpo humano– está habitualmente expuesto a multitud de agresiones, como roces, erosiones y productos químicos que penetran a través de ella y que pueden dar lugar a eczemas de contacto, si hay un agente externo especialmente peligroso para la misma, ese es el sol. Y es que, como aclara el experto, sus efectos “pueden dar lugar a enfermedades de gran trascendencia, como el cáncer cutáneo, por lo que mantener una piel íntegra y equilibrada en sus componentes o, como nosotros llamamos ‘eudérmica’, es fundamental para una buena salud”.
Aunque el ojo humano tan solo percibe la luz visible, el flujo de energía del sol también está compuesto, igualmente, por luz infrarroja y ultravioleta (UV). Esta última es especialmente nociva para la piel. Según su longitud de onda se distingue: la UV de onda corta –es la más nociva, pero no llega a la superficie de la Tierra–, la UV de onda media –que debido al deterioro de la capa de ozono, provoca quemaduras, bronceado diferido, envejecimiento cutáneo y cáncer de piel–, y UV de onda larga –es la que llega en mayor cantidad a la Tierra y es causante del bronceado. A largo plazo favorece el envejecimiento cutáneo y el cáncer de piel–.
Sin embargo, según la AEDV, el sol también ofrece cosas positivas: estimula la síntesis de vitamina D, que previene el raquitismo y la osteoporosis; tiene efectos sobre la modulación del crecimiento celular, la inflamación y la inmunidad; y produce vasodilatación, por lo que reduce la tensión arterial y favorece la circulación sanguínea periférica. Además, por su efecto de inmunosupresión local, mejora diversas enfermedades inflamatorias cutáneas, como la psoriasis y el eczema, entre otras.
Igualmente, produce una sensación placentera derivada de la liberación de endorfinas. “Quizá por eso se relaciona a los países cálidos con la alegría y la juerga y a los países fríos con la seriedad y la depresión. Esta liberación de endorfinas hace que la radiación ultravioleta cree dependencia”, comentan desde la academia.

¿Es más vulnerable la piel de los mayores?
El doctor Juan Escalas Taberner, miembro de la AEDV y responsable de la Unidad de Fotobiología y Psoriasis del Hospital Universitario Son Espases (Palma de Mallorca), afirma que la piel de las personas mayores, “al igual que la de los niños y debido a su fragilidad, es más propensa a las quemaduras cutáneas”. No obstante, el dermatólogo aclara que los efectos inmediatos que produce el sol son igual que en el resto de la población.
Según explica, “las queratosis actínicas son lesiones cutáneas precancerosas que son muy frecuentes en los pacientes ancianos que han tomado mucho el sol en su vida. Así mismo, el carcinoma basocelular, que es el tipo de cáncer cutáneo más frecuente en las personas mayores, es muy frecuente en los pacientes ancianos en países en los que la cantidad de sol durante el año es abundante”.
En este sentido, Escalas insta a no olvidar “la llamada heliosis cutánea o fotoenvejecimiento, que incluye las arrugas y los lentigos solares (manchas marrones), que son muchísimo más frecuentes en personas que han tomado el sol que en personas que no lo han tomado”. Como dice, “el envejecimiento de cualquier órgano por el paso del tiempo es inevitable” pero “una sobreexposición a la radiación UV acelera este proceso”. 

¿Cómo se toma el sol de manera responsable?
La respuesta es que depende del lugar en el que se encuentre, de la época del año y del estado del cielo. Por ejemplo, la radiación es más intensa en la línea ecuatorial, debido a que allí el ángulo de incidencia de los rayos de sol en la superficie de la Tierra es más directo. El entorno en el que se ubique también es determinante. Así, no es lo mismo si está en la nieve, que refleja hasta el 85% de la radiación, que en la arena (17%), el agua (5%), la hierba (25%), o el asfalto (4%).
En lo que a la época del año se refiere, es importante tener en cuenta que en verano la radiación solar es más intensa que en otras estaciones, debido a que esta recorre un trayecto más corto a través de la atmósfera para llegar a la superficie de la Tierra. Esto también sucede en latitudes bajas durante la primavera.
Por último, si el cielo está cubierto de nubes gruesas, estas bloquean más rayos que si esta capa de nubosidad es más ligera. Otro fenómeno atmosférico que reduce la cantidad de radiación que recibimos es la lluvia, un efecto que también consigue la contaminación. Sin embargo, en las condiciones señaladas, también se recibe radiación UV, por lo que no conviene disminuir la protección. 
Sin embargo, a grandes rasgos se podría afirmar que, en condiciones de alta irradiación –cielo despejado, en verano y en las horas centrales del día– no es recomendable exponerse al sol. 
Para evitar daños en la piel, las cremas de protección solar son una de las herramientas más populares. “Es recomendable utilizar cremas de protección elevada y aplicársela todos los días y siempre media hora antes de exponerse al sol. Si bien, la mejor fotoprotección es no tomar el sol. En caso de tomarlo, a parte de aplicarse cremas de 50+, es recomendable exponerse al sol a partir de las 17 horas”, explica el doctor Escalas.
El experto aclara, además, que “aunque la mayoría de cremas solares son resistentes al agua, es recomendable reponerlas cada hora, más o menos, y, como dije antes, siempre es conveniente utilizar factores de protección con índice elevado como es el 50 +”.
Otro de los métodos más eficaces para proteger la piel es, según la AEDV, el empleo de ropa adecuada: “una gorra o sombrero que nos proteja el cuero cabelludo y la cara –la sombra en toda la cara debe ser uniforme–; una camiseta de algodón, preferiblemente de manga larga; unos pantalones; y unas gafas de sol”.
El tipo de tejido, el color, el peso y la elasticidad de la prenda también influye en la capacidad de protección de la misma. Así, ofrecen más defensa ante la radiación las prendas de fibra sintética (poliéster, lycra, nylon y acrílicos), los colores oscuros o brillantes, la alta densidad (mejor mezcla de algodón que seda) y las prendas elásticas y ajustadas.

Los peligros de quemarse la piel
Cuando se expone la piel a la radiación del sol, esta responde con la oxidación y producción de pigmento (melanina), que es el que nos da el tono bronceado. Pero cuando la cantidad e intensidad de la radiación recibida no es la adecuada para el tipo de piel, su capacidad de generar este mecanismo de defensa se ve superada. Es entonces cuando se produce la quemadura y la piel se enrojece, se hincha y pueden aparecer ampollas. 
El doctor Escalas comenta que lo primero que hay que hacer ante una quemadura solar es enfriar la piel. “En caso de quemadura de primer grado, que es el eritema (rojez) de la piel, hay que enfriar la piel con agua fría. En caso de que el eritema sea molesto (sensación de tirantez y calor), se puede aplicar una crema con un dermocorticoide, con el objetivo de aliviar estos síntomas. En caso de que sea una quemadura solar de segundo grado, que es cuando ya aparecen ampollas, habrá que cuidar que no se vuelvan a infectar dichas lesiones y es recomendable acudir al dermatólogo, para que pueda pautar los cuidados necesarios”, dice. Desde la AEDV explican, además, que, “si esta no se cura bien, puede dejar una cicatriz de por vida. Una historia de quemaduras, especialmente en la infancia, es un factor de riesgo para el desarrollo de cáncer de piel. De ahí la importancia de evitarlas”.

Mejor prevenir que curar
Recientemente, el Instituto Catalán de Oncología y la Consellería de Salut de la Generalitat de Catalunya hicieron público un comunicado en el que especificaban que más del 80% de los casos de cáncer de piel se podría prevenir evitando una exposición excesiva al sol y las quemaduras cutáneas. 
En este sentido, el responsable de la Unidad de Fotobiología y Psoriasis del Hospital Universitario Son Espases, declara que “la prevención es básica. Si no tomamos el sol, no vamos a sufrir una quemadura solar. Y si no tomamos el sol o lo tomamos poco y con las medidas oportunas, la aparición de cáncer cutáneo va a ser mucho más inferior que en las personas que lo tomen”. 
Partiendo de esta premisa, el doctor Escalas concluye que “todas las personas estamos expuestas a padecer cáncer de piel, pero este riesgo sera muy inferior si no tomamos el sol”.

Doctor Agustín Buendía:  “El melanoma se cura si se detecta y se trata a tiempo”
En los últimos tiempos, los profesionales de la Dermatología han apreciado un aumento en el riesgo de desarrollar cáncer de piel, debido al envejecimiento de la población y a la tendencia a una elevada exposición a la radiación ultravioleta. De hecho, la Agencia de Investigación del Cáncer asegura que, desde 1960, la incidencia de una variedad en particular, el melanoma, ha aumentado en un 3-7% anual a nivel mundial.
Esta dolencia, según explica el doctor Buendía, es un cáncer cutáneo de gran trascendencia por su capacidad de producir metástasis y mortalidad. “Este tumor deriva de los melanocitos, células encargadas de dar el color a la piel. El principal factor de riesgo para su aparición y desarrollo es la inapropiada exposición al sol”, aclara.
El experto señala que el tipo de melanoma más frecuente en la población es el de extensión superficial. Esta variante, dice, “suele presentarse como un lunar que va creciendo por los bordes al principio, extendiéndose como una mancha de aceite y, en una fase más avanzada, crece en profundidad y se eleva como una pequeña tumoración sobre el lunar”. 
En lo que a las personas mayores se refiere, el doctor Buendía afirma que el tipo más habitual es el lentigo maligno melanoma, que suele aparecer en la cara. Según comenta, este “tiene muchos años de evolución. Comienza como una mancha color marrón que se va extendiendo poco a poco, cambiando de color y oscureciéndose y tomando tonos muy oscuros. Finalmente, desarrolla también un crecimiento en profundidad y se eleva con una tumoración encima”. Su aparición es consecuencia “de las exposiciones crónicas a lo largo de la vida. Aunque, también he de decir, que es el tipo de melanoma de mejor pronóstico”.
El doctor declara que, ante cualquier lesión en la piel de nueva aparición o trasformación de una lesión ya existente, es preciso acudir a un especialista. “Hay una regla que nosotros aplicamos a los lunares, la de ‘ABCDE’. Es decir: Asimetría, Bordes irregulares, Colores diferentes, Diámetro superior a 6 milímetros y Evolución con cambios que supongan estos puntos. Es decir, un lunar simétrico que se ha hecho asimétrico, era pequeño y ha crecido, tenía un color y ahora tiene varios, etcétera”. Aún así, el dermatólogo explica que estas características no tienen por qué ser determinantes de padecer melanoma, pero que “sí son motivo de consulta para descartarlo”.
El doctor Buendía dice que “el tratamiento del melanoma, que es principalmente quirúrgico, soluciona la mayoría de los casos si se diagnostican de forma precoz”. “El melanoma se cura si se detecta y se trata a tiempo. En el caso de melanoma en estadios avanzados, cada vez disponemos de más tratamientos”, aclara. 
Pero, para evitar llegar a este punto, la prevención es fundamental. “Reducir las exposiciones solares crónicas y evitar las quemaduras o las exposiciones intensas y agudas al sol, especialmente en personas de piel muy clara, ojos y pelo claro y con facilidad para la quemadura solar. Si bien todas las personas tienen que tener cuidado”, asegura.


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