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Las consecuencias del cambio climático ponen en peligro la salud de los mayores

Las previsiones apuntan a que los problemas derivados de esta amenaza se intensificarán a lo largo de las próximas décadas si no se adoptan medidas de manera inmediata

Irma R.M. / EM 05-02-2020

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La creciente preocupación por el el cambio climático y el calentamiento global no es en vano. Los casquetes polares se funden, mientras el nivel del mar sube. En algunas regiones, los fenómenos meteorológicos extremos y las inundaciones inciden con mayor frecuencia y, en otras, cada vez se registran  más olas de calor y sequías. Las previsiones apuntan a que estos problemas se intensificarán en las próximas décadas si no se adoptan medidas de inmediato. Sin duda, el planeta corre un gran peligro, pero no menos la salud de las personas. Desde el Observatorio de Salud y Cambio Climático, los expertos señalan que, más allá de ser un desastre medioambiental, sus consecuencias constituyen “una emergencia de salud pública”. Esta amenza afecta, en mayor o menor medida, a todos los colectivos, pero incide con mayor gravedad en los mayores.

La salud de las personas está determinada por cuatro factores: el biológico, como la edad o la genética; el estilo de vida, que incluye hábitos como el deporte y la dieta; el sistema sanitario y el ambiente. Dentro de este último, el calentamiento global producido por la actividad humana y el efecto invernadero de los gases son un claro ejemplo de cómo el ambiente impacta en la salud.

AUMENTO DE LAS TEMPERATURAS
Los estudios epidemiológicos han demostrado, en numerosas ocasiones, que la temperatura es un determinante ambiental importante entre los muchos factores de riesgo de enfermedad coronaria, ya que, según Jordi Bañeras, cardiólogo, investigador y miembro de la Sociedad Española de Cardiología (SEC), “el frío y el calor extremos se asocian a un mayor riesgo de mortalidad por cardiopatía isquémica, fundamentalmente por infartos de miocardio”.  

Desde 1980, España ha vivido un aumento progresivo de las temperaturas, de aproximadamente 1ºC , y no parece que esta tendencia vaya a cambiar en un futuro próximo. “La exposición al calor provoca cambios fiosiológicos en nuestro organismo, pudiendo llegar a la deshidratación y la hipotensión, con un aumento de la viscosidad de la sangre y daño endotelial, mecanismos que pueden explicar el desarrollo de un infarto de miocardio en población susceptible”, explica Bañeras, que incluye en este sector, a las personas que padecen factores de riesgo cardiovascular como hipertensión arterial, diabetes mellitus, hipercolesterolemia, edad avanzada o el hábito tabáquico, principalmente. 

MALA CALIDAD DEL AIRE
Otro problema derivado del cambio climático que afecta de manera negativa a la salud de los mayores es la mala calidad del aire. Un informe elaborado por la United States Environmental Protection Agency (EPA) explica cómo la subida de las temperaturas facilita la formación de ozono a nivel del suelo, lo que puede prolongar la duración de la temporada de alérgenos como el polen de amborsia. Además, los patrones cambiantes del clima y los incendios forestales se vuelven más intensos y fecuentes, incrementando la contaminación, el polvo y el humo en el aire. Su mala calidad, además de aumentar el riesgo de ataques cardíacos, empeora los trastornos respitaratorios comunes en los senior, como el asma y la enfermedad pulmonar osbtructiva crónica (EPOC). 

En este sentido, Bañeras, en su reciente participación en una mesa redonda organizada por Sanitas, durante la COP25, advirtió que, a día de hoy, “hay más muertes por la mala calidad del aire que por el tabaco”, una afirmación elaborada a partir de datos extraídos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y de la revista científica European Heart Journal. Según estas fuentes, en 2019, alrededor de ocho millones de personas habían muerto a causa del tabaco; mientras que la contaminación atmosférica fue la responsable de casi nueve millones de defunciones.

Por último, otro peligro derivado del cambio climático lo constituyen los eventos extremos. El informe de la EPA destaca que “los adultos mayores tienen más probabilidades de morir por causas relacionadas con las tormentas e inundaciones”, ya que cuando una determinada situación exige la salida de un lugar, la salud física y mental de los senior tiene más riesgo de sufrir impactos. Ejemplo de esto, es que casi la mitad de las muertes debidas al huracán Katrina (2005) fueron de personas de más de 75 años, mientras que, de las víctimas causadas por la tormenta Sandy (2012), casi la mitad tenían 65 años. 

¿CÓMO PROTEGERSE DE LOS EFECTOS DEL CAMBIO CLIMÁTICO?
Frenar el cambio climático únicamente depende del hombre, tanto a nivel individual, con acciones como consumir productos alimentarios de proximidad ( también conocidos como productos de ‘kilómetro 0’), reciclando y generando menos basura, o ahorrando en el consumo de energía, entre otras; como a nivel colectivo, incentivando la economía agraria o estableciendo acuerdos entre países orientados a reducir los gases de efecto invernadero. En este sentido, el doctor Bañeras destaca la necesidad de “reducir drásticamente las fuentes de los contaminantes por actividad humana, que de forma directa tras su inhalación, e indirecta a través del cambio climático, tienen un impacto claro sobre la salud de las personas”.

En cambio, teniendo en cuenta que, a día de hoy, no existe un consenso claro dirigido a poner fin a este problema, el experto señala ciertas medidas que pueden reducir su impacto en la salud de las personas. A este respecto, el cardiólogo recuerda que “en los episodios de ola de calor, hay que evitar las exposiciones solares y mantener una hidratación adecuada. Por otra parte, para la contaminación ambiental, debería reducirse al máximo el tiempo de estar en la calle en aquellos días de alerta donde la contaminación sea extremadamente alta”.

Otras medidas recomendadas por el experto son las máscaras con filtro, que ayudan a disminuir la inhalación de contaminantes, aunque no de forma total; y una dieta rica en Omega 3, ya que las últimas investigaciones apuntan a que estos ácidos grasos podrían proteger el organismo de los efectos nocivos de la contaminación.

Por último, las personas que más precauciones deben adoptar son aquellas que presentan enfermedades respiratorias o cardiovasculares, u otros factores de riesgo.



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