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La peligrosa relación entre la obesidad y el deterioro cognitivo

I. Domato 13-02-2018

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En España el 39,3% de la población tiene sobrepeso. Así lo indica la Organización Mundial de la Salud (OMS). Informaciones como esta son las que han provocado que la obesidad haya sido calificada en muchas ocasiones como la gran epidemia y preocupación del siglo XXI.

En lo que se refiere a las personas mayores, esta afecta al 35,5% de los hombres y al 40,8% de las mujeres. La Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG) explica sin embargo que, a partir de los 80 años, estas cifras tienden a reducirse, situándose en el 19,4% y el 29,2%, respectivamente. 

Más allá de esta información ligeramente alentadora, la obesidad está produciendo un gran impacto sobre la morbimortalidad de las personas y sobre su calidad de vida. Además, aumenta considerablemente el gasto sanitario. Sin embargo, estos datos, lejos de concienciar a la población, parecen no tener importancia para una gran parte de la misma. Y es que la tendencia a padecer lo que ya se considera como una enfermedad va en aumento. Esto la convierte en un auténtico problema de salud pública. Eso sí, también se aprecia que las estrategias preventivas de carácter general dirigidas a la población y la mayor concienciación social están empezando a dar sus frutos.

LA ESTRECHA RELACIÓN ENTRE LA DEMENCIA Y LA OBESIDAD
El gran problema llega cuando la obesidad pasa a ser causa directa de dolencias como la diabetes mellitus, la hipertensión arterial, la dislipemia, el síndrome de apneas-hipopneas del sueño, etcétera. Pero a todo ello hay que sumarle una línea de investigación que se ha desarrollado en los últimos años: la estrecha relación que existe entre el sobrepeso y la tendencia a padecer deterioro cognitivo. Según se ha averiguado, las personas que presentan obesidad en la etapa media de la vida (50 años) tienen mayor riesgo de padecer demencia, en comparación con los sujetos con normopeso.

Ante esta situación y con el objetivo de combatir esta tendencia a base de concienciar a la población sobre la necesidad de mantener unos hábitos de vida saludables para evitar llegar a estos límites, la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (Seen) y la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad lanzaron, recientemente, la campaña ‘Cuida tu peso, cuida tu memoria’. “Cada día la población está más envejecida y, aunque se desconocen aún las causas por las que se producen el deterioro cognitivo y la demencia, los hábitos de vida saludable y la realización de ejercicio físico para evitar la obesidad pueden tener un efecto protector frente al riesgo de su desarrollo”, explica la doctora Nuria Vilarrasa, coordinadora del área de Obesidad de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (Seen). 

La experta indica que “en estudios recientes se ha observado que los pacientes con sobrepeso y obesidad en la etapa media de la vida presentan un riesgo incrementado de padecer demencia en un futuro comparados con sujetos con peso normal. Por una parte, la obesidad se asocia al desarrollo de hipertensión arterial, diabetes mellitus tipo 2 y aumento de las cifras de colesterol que pueden empeorar el riego sanguíneo cerebral y contribuir al deterioro cognitivo. Así mismo, la presencia de apneas del sueño influye de manera negativa sobre la función cerebral. Además, la obesidad se asocia a mayor grado de resistencia a la insulina y esta a unos niveles más altos de una proteína llamada ‘beta-amiloide’, implicada directamente en el desarrollo de la enfermedad de Alzheimer”. 

EL PELIGRO DE LA GRASA ABDOMINAL
Desde la organización de la iniciativa desarrollada por la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición y la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad señalan que la distribución de la grasa corporal es especialmente importante en esta situación. Y es que su localización en el área abdominal podría ser un factor de riesgo de deterioro cognitivo y demencia. La doctora Nuria Vilarrasa comenta que “la grasa de predominio abdominal o visceral es metabólicamente más activa que la subcutánea y produce mayor cantidad de unas sustancias llamadas ‘adipocinas’, que generan inflamación, alteración del metabolismo de las grasas y resistencia a la insulina. Factores todos ellos relacionados con el deterioro cognitivo”.

En este sentido, el doctor Mircea Balasa, neurólogo del Hospital Clínic de Barcelona, asegura que “la obesidad, y especialmente la obesidad a nivel abdominal, va ligada a varias alteraciones metabólicas a nivel cerebral. En primer lugar, las personas obesas suelen tener más incidencia de otros factores de riesgo vasculares como el colesterol alto, la hipertensión arterial o la diabetes. Ello causa aterosclerosis a nivel de las arterias cerebrales con el consiguiente incremento de riesgo de padecer un accidente vascular cerebral (ictus)”. 

EL EFECTO DOMINÓ DEL SOBREPESO

Cuando hablamos de las consecuencias de la obesidad en la salud, es inevitable hablar de que esta ocasiona un mayor riesgo cardiovascular. Esto implica un considerable aumento en la tendencia a sufrir cardiopatías y accidentes vasculares cerebrales. Estos últimos suelen estar provocados por una presión arterial alta. Concretamente, lo que ocurre en este tipo de situaciones límite es que el flujo de la sangre en una parte del cerebro se detiene. Entre los accidentes cerebrovasculares destaca, por ejemplo, el ictus, que a su vez está estrechamente relacionado con el deterioro cognitivo y, en particular, con la demencia.

La demencia vascular (DV) y demencia mixta (DM) son los dos tipos de demencia que más se asocian con el sufrimiento de un ictus. La primera de ellas es, según indican desde la Confederación Española de Alzheimer (Ceafa), el tipo de demencia más común después de la provocada por la propia enfermedad de Alzheimer. Por su parte, la demencia mixta aparece cuando se padece tanto Alzheimer como alteraciones cerebrovasculares que justifican una demencia. De hecho, como explica la confederación, “muchos investigadores consideran que un porcentaje muy elevado de personas con Alzheimer también tiene demencia vascular”.

El doctor Mircea Balasa afirma, de hecho, que “los ictus de repetición causan pérdida de neuronas”. Esto lo que provoca es que “el cerebro sea mucho más vulnerable y sea más propenso a fallar”. “La obesidad actúa por varios mecanismos: primero, por un incremento del riesgo de accidentes vasculares cerebrales (ictus) y, segundo, promoviendo el depósito y el desarrollo de las proteínas relacionadas con la enfermedad de Alzheimer”, declara.
Igualmente, el neurólogo del Hospital Clínic de Barcelona dice que “la falta de un riego cerebral adecuado causa la pérdida de mielina, que es una sustancia que envuelve los axones, perjudicando la velocidad de transmisión de los impulsos nerviosos”. “La pérdida del envoltorio de mielina de las neuronas empeora la comunicación entre neuronas y hace que el procesamiento de la información sea más lento”, añade el experto.

La doctora Nuria Vilarrasa concuerda con Balasa e indica que “tanto la Hipertensión arterial (HTA), como la diabetes mellitus tipo 2 y la hiperlipemia pueden empeorar el riego sanguíneo cerebral y, por tanto, alterar el funcionamiento neuronal”. Y es que la obesidad también afecta a la acción de la insulina y altera el metabolismo. Además, el sobrepeso se relaciona con enfermedades como el síndrome de apnea del sueño, el reflujo gastroesofágico, la insuficiencia venosa crónica, la artrosis de articulaciones sometidas a sobrecarga, así como con algunos tipos de cáncer.

La Organización Mundial de la Salud asegura que, en 2012, más de 17,5 millones de personas murieron de infarto de miocardio o de accidente vascular cerebral. Asimismo, declaran que tres de cada cuatro de estas muertes se registraron en países de bajos y medianos ingresos. En esta línea, se indica que  el 80% de los infartos de miocardio y de los accidentes cerebrovasculares prematuros se pueden prevenir. Para ello, insisten en una vida saludable, pero también en controlar los factores de riesgo, como la hipertensión, los niveles elevados de colesterol y los niveles elevados de azúcar. Vigilar la diabetes, también es muy importante.

EL RIESGO DE UN PESO INFERIOR AL RECOMENDADO
A la pregunta de si una persona que presenta un peso considerablemente inferior al recomendado también se puede ver afectada su salud a nivel cerebral hasta el punto de favorecer la aparición de una demencia, el neurólogo Mircea Balasa indica que “un bajo peso por sí solo no está claro que favorezca la aparición de la demencia. Ahora bien, cuando el bajo peso es causado por una enfermedad, como por ejemplo, una enfermedad hepática crónica o una infección prolongada, puede incrementar el riesgo de deterioro cognitivo”. 

Igualmente, hace hincapié en que “un peso muy inferior al recomendado, causado por una mala alimentación, puede ir acompañado por déficits de vitaminas que perjudican el rendimiento cognitivo y pueden favorecer la aparición de demencia”. Como consecuencia, insiste en “la importancia de mantener una alimentación equilibrada y que aporte todos los nutrientes que nuestro cuerpo requiere para un funcionamiento adecuado”.

CÓMO TOMAR CARTAS EN EL ASUNTO
Desde Sanitas Mayores señalan que, en lo que a los senior respecta, el objetivo de pérdida de peso debe planificarse de un modo individualizado y a través de un programado proceso que se debe ajustar a su estado de salud. En este sentido, instan a que este se realice “con cautela y sin demasiada agresividad, valorando los beneficios, pero también los riesgos de sarcopenia o pérdida de masa muscular”.

Según indican, a la hora de tratar la obesidad, se debe partir, fundamentalmente, de tres pilares. El primero apunta hacia el cuidado de la alimentación. La puesta en marcha de una dieta en la que se restrinjan las calorías a unas 500 menos de lo que correspondería por sexo y edad es un paso importante. Es preciso consumir productos propios de la dieta mediterránea, en la que verduras, frutas y cereales no refinados son fundamentales. También es positivo incluir en la alimentación, entre otras cosas, el aceite de oliva, los frutos secos crudos, el pescado, la carne de ave y los lácteos desnatados. Asimismo, se deben evitar los azúcares refinados y la grasa saturada. Como añade la doctora Vilarrasa, “un estudio realizado en población griega demostró que la adherencia a la dieta mediterránea se asocia a una mejor cognición y a una menor prevalencia de demencia”. La segunda clave de este proceso de pérdida de peso es la actividad física. Desde Sanitas Mayores aseguran que, en este sentido, “la opción más recomendada en personas mayores es el entrenamiento de resistencia progresiva, basado en ejercitar los músculos con algún tipo de resistencia que se incrementa progresivamente a medida que mejora la fuerza”. Esta actividad física de intensidad moderada se debería realizar durante unos 20 minutos cada día. Pasear a un ritmo elevado puede ser una buena opción en el proceso. El tercer pilar es, según dicen desde la entidad, la terapia conductual. Esta implica “la modificación de hábitos orientada a reforzar el efecto de la dieta y el ejercicio sobre la reducción ponderal”. 

Por su parte, la Seen y la Seedo añaden a estas pautas que, en la actualidad, existen “fármacos que pueden ayudarnos”. Estos productos, afirman, se sumarían a las medidas tomadas en cuestiones de alimentación y de actividad física. Además, destacan que, “en caso de escasa respuesta a las anteriores estrategias, se podría contemplar en determinados casos la cirugía bariátrica”. De este modo, se puede influir favorablemente sobre los factores de riesgo cardiovascular y sobre la resistencia a la insulina, cosa que podría disminuir los efectos negativos sobre la cognición. Y es que a pesar de la existencia de esta opción, Vilarrasa comenta que “si bien la cirugía bariátrica permite una pérdida ponderal muy significativa y mantenida en el tiempo con los consiguientes beneficios en salud, todavía no existen datos sólidos que muestren que este tipo de intervenciones se asocien a menor riesgo de desarrollo de demencia. Sin embargo, sí han demostrado una mejoría muy importante incluso en la resolución de los factores de riesgo cardiovasculares clásicos como hipertensión, dislipemia y diabetes mellitus tipo 2”.

Viendo el avance que está teniendo la obesidad en la población a nivel mundial y su progresivo envejecimiento, desde la campaña “Cuida tu peso, cuida tu memoria” insisten en la necesidad de mantener un peso saludable, con el objetivo principal de disminuir las complicaciones que van asociadas al sobrepeso. La mejora de la calidad de vida se convierte así en una prioridad.

En lo que a la alimentación se refiere, apuestan por un control en el tamaño de las raciones, que, a su vez, deben ser ingeridas con moderación. Comer despacio y evitar hacerlo delante del televisor o del ordenador también es de gran ayuda. Además, limitar la comida rápida, precocinada y el consumo de fritos y rebozados es un paso muy importante. Las bebidas azucaradas y los alimentos dulces también se han de evitar. En esta línea, desde la organización de la campaña aconsejan comer unas cinco raciones de fruta y verduras al día. En cuanto a la hidratación, se recomienda beber agua y evitar el tabaco. En lo que al deporte se refiere, elevan los minutos dedicados a esta actividad e indicados por Sanitas Mayores hasta los 30 minutos diarios. 

Vilarrasa explica que diversas investigaciones han descubierto que la realización de ejercicio físico de manera regular se asocia con una disminución del riesgo de padecer demencia. “La actividad física además de tener efectos beneficiosos sobre los factores de riesgo cardiovascular, podría mejorar la síntesis neuronal”, asegura la doctora Vilarrasa. En esta línea, añade que también es clave mantener un peso lo más saludable posible con el objetivo de disminuir las complicaciones asociadas a la obesidad y mejorar la calidad de vida. El ejercicio, indican, debe también realizarse a nivel mental. La lectura, los juegos intelectuales (ajedrez, crucigramas, rompecabezas, sudokus, etcétera), aprender a tocar un instrumento musical, o aprender otro idioma son buenas opciones. El broche a toda esta actividad lo pondría un descanso nocturno adecuado.

La doctora Nuria Vilarrasa explica que “lo importante es empezar a cuidar el peso ya en etapas tempranas de la vida para poder envejecer de una manera sana, preservar la calidad de vida y mantener una ‘mens sana in corpore sano’”. Por su parte, el doctor Mircea Balasa secunda estas ideas, ya que el hecho de llevar una vida sana puede reducir “claramente” el riesgo de demencia. “Hay estudios que estiman que mantener una vida sana, una dieta equilibrada, no fumar, hacer como mínimo una media hora de ejercicio físico al día, evitar el sobrepeso y tratar de forma adecuada la presión alta, el colesterol alto y la diabetes podía prevenir hasta la mitad de los casos de demencia que tenemos en la  actualidad”, concluye.



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