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La pandemia ha incrementado el malestar de la mayoría de las personas que padecen dolor crónico

Este problema suele deberse a patologías como las dorso-lumbalgias, el síndrome de espalda fallida, complicaciones en el suelo pélvico, cefaleas y otras enfermedades neuropáticas complejas

Redacción EM 07-10-2020

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El abordaje del dolor crónico por parte de los profesionales debe ser multidisciplinar, siempre en coordinación con los equipos, tanto públicos como privados, que estén tratando al paciente, dado que han demostrado su eficacia y costo-efectividad. En este aspecto, dentro de las Unidades de Dolor existen patologías que se derivan con más frecuencia a atención psicológica, las mismas que precisan asistencia por el resto del equipo: dorso-lumbalgias, síndrome de espalda fallida, patologías relacionadas con suelo pélvico, cefaleas de todo tipo, dolores generalizados y otras patologías neuropáticas complejas. El 66% de las personas a las que se atiende son mujeres, dado que ellas piden ayuda antes, entre otras razones. Así se puso de manifiesto en el marco de la jornada #NoHayDolor, celebrada por la Sociedad Española del Dolor (SED) en colaboración con Dolor.com, y con el apoyo de Grünenthal, Medtronic y Pfizer-Lilly, y a la que se inscribieron más de 300 personas.

Las emociones negativas como la tristeza, la rabia o la ansiedad, actúan como detonantes y mantenedores, generando tensión muscular y mayor percepción del dolor. En el caso de la desesperanza, dispara el catastrofismo sobreestimando la percepción dolorosa y subestimando la eficacia de fármacos y terapias”, señaló Elisa Gallach, psicóloga Clínica de la Unidad de Dolor en el Hospital Universitario y Politécnico La Fe de Valencia. En cuanto a las emociones positivas, la psicóloga asegura que “la resiliencia o el optimismo hacen que la percepción dolorosa disminuya porque la persona tiene la capacidad de ejercer cierto control sobre el dolor”.

Tal y como explica la especialista, la derivación a atención psicológica se produce cuando además de dolor hay sufrimiento, donde el paciente muestra alteraciones emocionales explícitas como desesperanza o ideas de muerte. También se contempla este tipo de asistencia cuando el profesional detecte que ese trastorno emocional puede estar interfiriendo en la percepción dolorosa o con la eficacia terapéutica.  

No obstante, previo a una consulta psicológica, el paciente debe haber accedido a una Unidad de Dolor, donde Antonio Montes, jefe de la Unidad del Dolor del Hospital del Mar de Barcelona, considera que “es imprescindible la existencia de protocolos de derivación y seguimiento; especialmente, una valoración integral del paciente y un tratamiento multidisciplinar”.

Asimismo, “los pacientes que acuden para ser valorados por primera vez refieren un dolor en una escala de 0 a 10 del 5,3, con un peor dolor en las 24 horas previas a la consulta de 6,7”, explicó Montes.

EL CONFINAMIENTO HA INCREMENTADO EL DOLOR DE LOS PACIENTES
Durante esta jornada también se abordó la forma en la que ha afectado la Covid-19 a las Unidades de Dolor. Así, Montes aseguró que “la primera ola de la pandemia suspendió toda la actividad, exceptuando aquellos procedimientos inaplazables y algunas visitas telefónicas en función de los recursos disponibles en cada unidad. Sin embargo, a pesar de no tener datos para evaluar su magnitud, el impacto más grave está siendo el posterior. Esto es debido a que la asistencia se ve aún limitada y dificultada por los recursos, tanto del hospital como de los propios pacientes para poder realizar visitas telemáticas. Además, aún en muchos centros hay una reducción de la actividad por la menor disponibilidad de profesionales”.

En este sentido, según la encuesta ‘Paciente dolor crónico y Covid-19’ realizada por la SED, el 59,4% de las personas con dolor siente que el confinamiento ha incrementado su problema de salud. La mayoría de los participantes en el estudio percibe un empeoramiento de su dolor debido al sedentarismo provocado por la pandemia de la Covid-19.

En cambio, solo el 6% ha percibido una mejoría en su estado de salud debido a que ha visto aumentado su tiempo de reposo, frente a trabajos exigentes físicamente. Muchos dolores que afectan al sistema musculoesquelético son más prevalentes en las fases de actividad laboral de los pacientes; existen trabajos que imponen una carga física a los pacientes muy alta. Asimismo, la encuesta de la SED apunta que ciertas situaciones de estrés laboral pueden aumentar la percepción de dolor. Estas circunstancias podrían explicar la disminución de dolor en este porcentaje de pacientes.


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