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La demencia aumenta el riesgo de muerte en personas con fibrilación auricular

Esta ha sido una de las conclusiones a las que ha llegado un estudio presentado en el Congreso de las Enfermedades Cardiovasculares de la Sociedad Española de Cardiología

Redacción EM 21-10-2019

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Un estudio presentado en el Congreso de las Enfermedades Cardiovasculares de la Sociedad Española de Cardiología (SEC), celebrado recientemente en el Palau de Congressos Fira de Barcelona, asegura que la disfunción cognitiva triplica el riesgo de muerte en pacientes con fibrilación auricular (FA).

La investigación llevada a cabo de manera conjunta por el Complexo Hospitalario Universitario de Santiago de Compostela, el CIBERCV de Santiago de Compostela, el Hospital Universitario San Juan de Alicante y el Instituto de Investigación Sanitaria Santiago de Compostela (IDIS), analizó con Big Data a 383.000 sujetos del área de Santiago de Compostela, detectando que 7.990 pacientes sufrían fibrilación auricular. Cruzando los datos se pretendió averiguar, con un seguimiento medio de dos años, cuántos de ellos padecían además, demencia y qué consecuencias tenía este factor en su riesgo de muerte. 

La FA se origina cuando se pierde el ritmo normal del corazón pasando a ser irregular y descoordinado, alterándose de este modo la frecuencia cardíaca, es decir, el número a veces que el corazón se contrae por minuto. Se trata de la arritmia más frecuente en la población general. En España, los últimos datos (estudio Ofrece) indican que en mayores de 40 años la prevalencia de FA puede ser mayor al 4%, afectando a más de un millón de personas.

La demencia o deterioro cognitivo, se caracteriza por la alteración de las funciones intelectuales, ya sea parcial o totalmente. Según el análisis ‘Prevalencia de deterioro cognitivo en España. Estudio Gómez de Caso en redes centinelas sanitarias’ publicado en la revista Neurología, la prevalencia de esta afección es del 18,5% en mayores de 65 y del 45,3% por encima de los 85 años. “Con el progresivo envejecimiento de la población, no es extraño encontrar pacientes que combinen ambas patologías: fibrilación auricular y deterioro cognitivo en mayor o menor medida”, señaló Moisés Rodríguez-Mañero uno de los firmantes del estudio, a lo que añadió que “concretamente en nuestro estudio, un 3,6% de pacientes con esta arritmia tenía diagnóstico previo de demencia”.

El objetivo del análisis fue añadir este nuevo factor a la escala que se utiliza de forma habitual para evaluar el perfil de riesgo de los pacientes con FA. La escala CHA2DS2- VASc valora en este orden los factores clásicos: insuficiencia cardíaca, hipertensión, edad, diabetes mellitus, ictus o enfermedad vascular previas y género. La adición de demencia a dicha escala reclasifica a un pequeño porcentaje de pacientes en riesgo de sufrir ictus o muerte de cualquier causa. “Quisimos evaluar si existían diferencias significativas para todas las causas de mortalidad y un perfil de riesgo más adverso en este subgrupo de pacientes. Apreciamos que la demencia resulta ser el factor más potente para predecir la muerte, por delante incluso de la insuficiencia cardíaca”, explicó Rafael Vidal Pérez, otro de los firmantes del estudio. 

ANTICOAGULACIÓN COMO SEGURO DE VIDA
La valoración de Vidal Pérez para aquellos pacientes con fibrilación auricular que además tengan demencia es que “deberían recibir anticoagulación, si no lo están haciendo ya, como protección ante el riesgo aumentado de eventos tromboembólicos”. 

En la población estudiada, los expertos observaron que a estos pacientes se les prescribía con menor frecuencia anticoagulantes orales a pesar de que en el análisis multivariado supuso un importante factor protector sin incrementar su riesgo de eventos hemorrágicos. 

El margen terapéutico de la anticoagulación con fármacos antivitamina K (sintrom) es muy estrecho. Estar fuera de rango en el cociente internacional normalizado (INR) recomendado para la fibrilación auricular (entre 2 y 3) aumenta notablemente la incidencia de embolias, episodios hemorrágicos graves e incluso muerte, “por lo que conviene realizar seguimientos continuos para asegurar una anticoagulación adecuada”, explicó Rodríguez-Mañero. Aunque no existen datos clínicos al respecto en este subgrupo de pacientes, “los anticoagulantes orales de acción directa parecen una opción atractiva en este escenario, no solo en base al alto riesgo que presentan, sino por la incomodidad que supone el realizar los controles pertinentes en pacientes que muy frecuentemente suelen ser dependientes y necesitan de la ayuda de cuidadores para realizar dichos controles y lograr una adecuada adherencia”, aseguró el especialista.


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