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La asociación entre periodontitis y Alzheimer es cada más probable

Redacción EM 11-07-2019

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La posible asociación entre periodontitis y Alzheimer se planteó hace años, pero es ahora cuando empezamos a disponer de evidencias más sólidas y consistentes basadas, además de en estudios experimentales, en humanos. Por un lado, el deterioro cognitivo progresivo limitaría los hábitos de higiene bucodentales, afectando a la salud oral; y, por otro, el proceso inmuno-inflamatorio crónico y la inflamación sistémica secundaria a la periodontitis podrían provocar procesos neuro-inflamatorios que favorecieran la enfermedad de Alzheimer.

Un curso de verano de la Universidad Complutense de Madrid (UCM), en colaboración con la Fundación Sepa y que cuenta con el apoyo de Johnson & Johnson y Colgate, reúne a odontólogos y neurólogos, junto a expertos en otras áreas, para tratar de actualizar conocimientos y responder a preguntas de gran actualidad e interés sobre esta vinculación que existe entre enfermedades bucales y neurodegenerativas.

En los últimos años se han publicado investigaciones que sitúan directamente a bacterias orales, específicamente asociadas a la periodontitis, como causa de la enfermedad de Alzheimer. Por ello, según destaca Mariano Sanz, catedrático de la UCM, patrono de la Fundación Sepa y director del curso, “es un tema de especial interés y es preciso actualizar todos los conocimientos sobre la asociación entre estas enfermedades, para realizar planteamientos preventivos que ayuden a disminuir la incidencia de enfermedades neurogenerativas a través de intervenciones en salud bucal”.

EVIDENCIAS DISPONIBLES
Investigaciones recientes han asociado una bacteria, cuyo único nicho ecológico es la cavidad bucal, como causante de procesos de inflamación cerebral que pueden conducir a la enfermedad de Alzheimer y otras enfermedades neurodegenerativas. “Estas bacterias tienen la capacidad de pasar al torrente sanguíneo desde las lesiones periodontales (bolsas) consecuencia de la periodontitis; y una vez en la sangre, tienen la capacidad de atravesar la barrera hemato-encefálica y causar procesos inflamatorios locales en el tejido cerebral”, afirma el doctor.

La inflamación crónica del tejido cerebral es el mecanismo fisiopatológico fundamental de la enfermedad de Alzheimer, sobre todo en edades avanzadas en las que el sistema inmune adaptativo se encuentra debilitado. Bajo estas condiciones, una interacción crónica con antígenos bacterianos o fúngicos condiciona una hiperactividad de las células inmuno-competentes del sistema innato, con una mayor producción de citoquinas y otros mediadores pro-inflamatorios, que secundariamente pueden dañar a las neuronas. 

Como explica el David Herrera, profesor de la UCM y patrono de la Fundación Sepa, “esos antígenos bacterianos o fúngicos podrían proceder de infecciones periodontales, que generan una inflamación sistémica crónica de bajo nivel, con frecuentes y repetidas bacteriemias”. 

Los procesos locales de inflamación en tejido cerebral dañan el tejido neuronal e interfieren con las conexiones inter-neuronales responsables de la mayoría de nuestra actividad consciente. En este sentido, Sanz advierte que “los  pacientes con  periodontitis, por un lado, sufren una inflamación sistémica (es decir, los productos químicos asociados a procesos inflamatorios están elevados en sangre, por lo que pueden condicionar procesos de inflamación local en otras partes del cuerpo); y por el otro, el paso de bacterias desde el tejido periodontal a la sangre (con capacidad para atravesar la barrera entre la sangre y el tejido cerebral) puede condicionar y agravar los procesos inflamatorios locales a nivel cerebral”.

El hecho de mantener de manera crónica un foco de inflamación e infección, como en el caso de la periodontitis, “conlleva que dicho proceso pueda hacerse sistémico, pueda traspasar las fronteras de los tejidos de la boca y circular por la sangre y, por supuesto, llegar a entrar en el cerebro y otras estructuras del sistema nervioso central (SNC)”, advierte Juan Carlos Leza, profesor de la UCM y director del grupo de neuropsicofarmacología molecular. En este sentido, continua explicando el experto, “a pesar de que fisiológicamente el SNC está protegido, hay zonas por las que esas señales inflamatorias (incluyendo componentes de las bacterias que pueden estar produciendo la periodontitis) pueden penetrar al tejido cerebral y provocar inflamación y alteraciones funcionales en el cerebro”.

POSIBLES IMPLICACIONES CLÍNICAS
Las evidencias disponibles hasta hace pocos años eran muy prometedoras, tanto en estudios preclínicos como en estudios en humanos, pero ahora el escenario aún resulta más clarificador, tanto que “hemos pasado de considerar que la relación entre Alzheimer e infecciones periodontales no solo es factible sino probable”, asegura Herrera.

Todos estos hallazgos pueden tener importantes repercusiones clínicas y, especialmente, en términos de promoción de la salud y prevención. A juicio de Herrara, “hay que elaborar estrategias terapéuticas para las personas que ya están enfermas, de manera que pueda aliviarse el impacto o controlar la progresión en los casos de demencia que se diagnostican”; junto a esto, propone “recalcar la importancia de la salud periodontal y bucodental, a lo largo de toda la vida, para poder prevenir o retrasar la demencia y la enfermedad de Alzheimer”.

De forma más concreta, Mariano Sanz resume algunas de las medidas a adoptar. Por un lado, “a todo paciente con síntomas tempranos de Alzheimer se les debería hacer una evaluación exhaustiva de su salud oral y se les tendrían que resolver los problemas que puedan tener a nivel periodontal, para tratar de prevenir que el proceso neuro-degenerativo avance”. Y como medida preventiva más general, añade, “se debería tratar de fomentar la salud bucal en todas las poblaciones adultas que tengan factores de riesgo de enfermedades neurodegenerativas”.


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