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El envejecimiento se produce entre cinco y diez años antes en las personas con VIH

La población seropositiva vive esta fase de manera adelantada debido a la presencia de un proceso inflamatorio crónico provocado por el virus y al consumo de los primeros fármacos para su tratamiento

Irma R.M. / EM 08-11-2019

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El Virus de la Inmunodeficiencia Humana (VIH) es un virus que se propaga a través de determinados líquidos corporales y ataca al sistema inmunitario, que es la defensa natural del cuerpo frente a las infecciones causadas por agentes externos, así como a determinadas enfermedades. En concreto, el VIH destruye los linfocitos CD4 (células T), un tipo de células que se encargan de la fabricación de anticuerpos. Si este virus no se trata, con el tiempo acaba destruyendo tantas células T del cuerpo, que la persona acaba desarrollando la enfermedad del SIDA, perdiendo así su capacidad de luchar contra las infecciones.

Un informe elaborado recientemente por la Coordinadora Estatal de VIH y Sida (Cesida) bajo el título de 'Envejecimiento y VIH', asegura que “los avances en el tratamiento del VIH han permitido a las personas que viven con el virus tener una esperanza de vida cercana a la de la población general”

Asimismo Matilde Sánchez Conde, médico especialista en Medicina Interna y Microbiología y Parasitología y que desarrolla su actividad en el Servicio de Enfermedades Infecciosas del Hospital Ramón y Cajal, explica que “la esperanza de vida en los años 80 y 90 de una persona diagnosticada por VIH tenía un horizonte de diez o doce años, dada la escasez de tratamientos eficaces para controlar la infección adecuadamente. Pero hoy en día, gracias a la aparición de fármacos poco tóxicos y de gran actividad, la historia ha cambiado radicalmente, siendo actualmente la esperanza de vida de alguien a quien se diagnostica de VIH, similar a la de la población no infectada por este virus. De hecho, el informe de Cesida, destaca el envejecimiento de la población con VIH como una de las características demográficas más significativas a nivel mundial del siglo XXI, la cual es consecuencia de factores como el éxito del tratamiento antirretroviral (TAR), la disminuición de la incidencia del virus entre los jóvenes, la baja percepción del riesgo o el menor nivel de conocimientos sobre el VIH entre las personas de 50 o más años. 

Además, Eugenia Negredo, vicepresidenta de la la Sociedad Española Interdisciplinaria del SIDA (Seisida), manifiesta la posibilidad de que muy pronto la esperanza de vida de las personas infectadas en los últimos años se iguale a la de la población en general, puesto que "en la última década, estos sujetos han sido diagnosticados y tratados de forma más precoz y han recibido antirretrovirales con escasa o nula toxicidad, además del mejor manejo de otras condiciones que pueden coexistir con el VIH, como la curación del virus de la Hepatitis C".

ENVEJECIMIENTO EN LAS PERSONAS SEROPOSITIVAS
A pesar de que la esperanza de vida haya aumentado de forma exponencial entre las personas con VIH, estas presentan ciertas particularidades durante el proceso de enjevecimiento. Diversos estudios señalan que, por lo general, las personas seropositivas viven esta fase de manera adelantada en unos cinco o diez años con respecto al resto de la población. En este sentido, Sánchez Conde apunta que este envejecimiento precoz trae consigo un “aumento de comorbilidades, fundamentalmente cardiovasculares y metabólicas”. Según la experta, esto es debido a “la persistencia de un proceso inflamatorio provocado por la presencia de la infección crónica por VIH, que puede llevar a una senescencia precoz del sistema inmunológico”. 

Asimismo, Juan Carlos López, presidente Seisida añade que “el hecho diferencial entre ambos grupos durante el proceso de envejecimiento es lo que los geriatras llaman fragilidad”. Este concepto hace referencia al deterioro progresivo de la funcionalidad de los diferentes sistemas del cuerpo y, según López, este desgaste aparece antes y de manera aumentada en las personas mayores con VIH. 

Por su parte, Cesida señala otras patologías desarrolladas con mayor frecuencia por las personas mayores de 50 años que tienen VIH, con respecto a sus coetáneas que no presentan el virus. Las enfermedades vasculares o cerebroavsculares, los problemas renales, las alteraciones óseas o las comorbilidades neuropsiquiátricas, son algunas de las dolencias desarrolladas en mayor medida por las personas seropositivas, a medida que envejecen. 

ESTIGMATIZACIÓN ENTRE MAYORES CON VIH
Otro de los aspectos a destacar al hablar de VIH es el estigma que esta enfermedad acarrea, el cual se visibiliza con especial dificultad entre las personas de mayor edad y que, según Sánchez Conde, “se trata de un problema en el que tenemos mucho camino por recorrer”.

“Normalmente, las personas con VIH que superan los 55 o 60 años llevan entre 15 y 20 años viviendo con su infección y han tenido que hacer frente a situaciones en las que la palabra VIH/Sida se asociaba con rechazo social y laboral. Por ello, muchas de estas personas no comunican su infección haciendo que ese estigma crezca todavía más en ellas”, explica el presidente de Seisida, a lo que añade que “afortunadamente, este aspecto va mejorando muy lentamente en nuestra sociedad y probablemente la gente joven que se infecta en la actualidad, lo padecerá en menor medida en el futuro”.

Pero además, las personas mayores que viven con VIH tienen una doble estigmatización, ya que “a la del propio VIH se añade la que conlleva el envejecimiento, la pérdida de las capacidades funcionales y motoras y la sensación de dejar de ser útiles para la sociedad y representar una carga para su entorno mas cercano”, señala López. 

También es importante destacar que, en muchos casos, existe una considerable falta de recursos y de soporte social para que las personas mayores con VIH no se sientan estigmatizadas. Frente a esto, el manifiesto de SuperVIHvents de 2019 responde a la inquietud de las personas pertenecientes a las primeras generaciones que contrajeron el VIH, que buscan reivindicar una mayor visibilidad y atención de su situación desde todos los sectores implicados.  Este documento pone de relieve, entre otras cuestiones, las secuelas psicológicas asociadas a la superviviencia al VIH, las cuales se derivan de cuestiones relacionadas con la presión durante muchos años de padecer una enfermedad mortal, con sufrir enfermedades definitorias de SIDA, con haber soportado gran cantidad de pérdidas en el entorno inmediato y sus duelos asociados, así como con los efectos del estigma y la discriminación en sus versiones más íntimas, como el autoestigma o la autodiscriminación. 

LUCHA CONTRA LA SOLEDAD
Otro de los grandes problemas de este siglo asociados al envejecimiento de la población en general, es el de la soledad no deseada, cada vez más ligado a la depresión entre las personas mayores. Este fenómeno puede incidir de forma más acusada y con mayor dramatismo entre las personas mayores con VIH, que “a pesar de haber hecho un largo ejercicio de resiliencia, ahora nos encontramos sin apoyo al haber quedado muy diezmado nuestro entorno afectivo”, apunta el informe de SuperVIHvents. A este respecto, Sánchez Conde señala que “el paciente mayor con VIH tiende a vivir más aislado y a restringir sus relaciones sociales y su vida de ocio”. Por ello, y por el activismo que muchos de ellos llevaron a cabo en la década de los 80 y 90, los SuperVIHvents reclaman “un mayor apoyo, integración y reperesentación” de las organizaciones que ayudaron a formar y consolidar. 

PREVISIÓN DE FUTURO
Afortunadamente el proceso de envejecimiento en las personas con VIH es un fenómeno al que poco a poco se está consiguiendo dedicar más atención. Recientemente, Sánchez Conde fue premiada por su proyecto dirigido a mejorar la calidad de vida de las personas mayores seropositivas, que incluye una parte de apoyo al médico en la toma de decisiones en cuanto al manejo de las diferentes patologías, comorbilidades y medicación; y otra parte para uso del paciente con consejos nutricionales y estilo de vida saludable. 

Además, se espera que en los próximos años, estudios como Funcfrail, expliquen con mayor exactitud las razones por las que las personas mayores con VIH envejecen antes que el resto de la población, con el objetivo de poner en marcha medidas capaces de atenuar este proceso y mejorar su calidad de vida.

SÍNDROME DEL SUPERVIVIENTE DEL SIDA
El manifiesto elaborado por SuperVIHvents este 2019 explica el concepto denominado Síndrome del Superviviente del SIDA, un cuadro clínico que se presenta en estas personas, en diferentes momentos de su vida y que, en muchos casos, “lo sufren siendo poco conscientes de la relación que guarda con la antigüedad de su infección por VIH”. 

Las dificultades en los ámbitos sanitario, psicosocial y socioeconómico a las que las personas que contrajeron el Virus de la Inmunodeficiencia Humana en los años 80 y 90 se enfrentaron, pueden desembocar en este tipo de situación, muy similar al Síndrome Postraumático, con manifestaciones tales como “depresión, ansiedad, adormecimiento emocional, fuertes sentimientos de ira, sentimiento de culpabilidad, insomnio, pesadillas, hiperautovigilancia, desesperanza, abuso de sustancias, toma de riesgos sexuales, baja autoestima, evitación y/o aislamiento social, soledad, falta de orientación para proyectarse a futuro o la sensación de amenaza, entre otras”. 

Además, el informe señala que, con frecuencia, “estas manifestaciones se presentan junto a otras propias del deterioro neurocognitivo y/o alguna alteración más o menos grave de la salud mental”. 

A todo eso se suma que, en muchas ocasiones, “este cuadro global y complejo pasa inadvertido para muchos de los profesionales de los ámbitos social y sanitario, que tratan los síntomas sin tener en cuenta ni la dinámica general ni los antecedentes, colocando a los pacientes en una situación de gran vulnerabilidad”. 

Ante esto, los supervivientes del SIDA reivindican “una  atención centrada en sus necesidades y que fomente su autonomía”, así como “una mejor formación de los profesionales de la salud mental, con el objetivo de que sean capaces de entender y manejar adecuadamente el Síndrome del Superviviente del SIDA”.



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