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El envejecimiento influye en la percepción del dolor

Un estudio desarrollado por investigadores de la UIB revela los cambios en la conectividad entre las áreas cerebrales que explican la alteración de esta sensación en las personas mayores

Redacción EM 19-05-2020

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Un equipo de investigadores del grupo de investigación en Neurociencia Cognitivoafectiva y Psicología Clínica (Canclip) de la Universidad de las Islas Baleares (UIB) y de la Universidad de Luxemburgo publicaron, recientemente, un estudio en la revista Frontiers in Aging Neuroscience, en el que aportan nuevos conocimientos sobre la evolución de las redes corticales durante el envejecimiento y su relevancia para la percepción del dolor.

El envejecimiento provoca cambios en la estructura cerebral y, con ello, en la forma en que las personas sienten los estímulos dolorosos. Generalmente, las personas mayores presentan algunos signos de insensibilidad al dolor. Así, por ejemplo, se ha demostrado que su sistema de detección del dolor se activa más tarde que en las personas jóvenes, por lo que necesitan una estimulación más intensa para sentirla como dolorosa. Ahora bien, también se ha observado que, una vez que el cerebro ha detectado el dolor, los mecanismos inhibitorios que deberían reducir de manera natural esta percepción del dolor no funcionan correctamente. Como consecuencia, las personas mayores toleran menos el dolor, lo que puede derivar más fácilmente en la cronificación del dolor.

UNA RESPUESTA AL ENVEJECIMIENTO
Según los investigadores, durante la actividad cerebral espontánea, las personas mayores muestran una hiperconectividad anormal del área somatosensorial primaria con otras regiones somatosensoriales y frontales del cerebro. Estas áreas estarían implicadas en detectar y dar significado al dolor. Curiosamente, aquellas personas mayores que en el estudio mostraron una conectividad mayor entre las regiones somatosensoriales, fueron aquellas que presentaban una insensibilidad mayor al dolor. 

Es un hecho conocido que, a medida que envejecemos, el cerebro afronta la pérdida sensorial que típicamente acompaña al envejecimiento poniendo en marcha mecanismos compensatorios, tales como aumentar las conexiones entre las regiones cerebrales implicadas en el procesamiento de los estímulos sensoriales. Por lo tanto, los resultados del estudio de la UIB indican que, en el caso del dolor, lo que resulta más relevante, según señala la investigadora Ana M. González Roldán, es que "los participantes de más edad de nuestro estudio mostraron una reducción de la conectividad funcional entre nodos esenciales de la ruta descendente de inhibición del dolor. Esta ruta es clave para reducir el dolor de manera natural y, de hecho, es la vía que se activa cuando se reduce el dolor en distraernos o en la analgesia por placebo". "Además –continúa la experta–, se ha demostrado que la capacidad de inhibir el dolor es uno de los predictores más grandes de la probabilidad de sufrir dolor crónico tras la presencia de un episodio de dolor agudo. Por lo tanto, nuestro estudio indica que los cambios plásticos en la organización cerebral asociados al envejecimiento podrían estar relacionados con la prevalencia de dolor crónico en las personas mayores. En definitiva, nuestros hallazgos concuerdan con la idea de que, cuando envejecemos, el sistema del dolor se activa ligeramente más tarde, pero con el tiempo la disfunción de los procesos de evaluación y de modulación del dolor llevan a una mayor percepción del dolor".

En conjunto, los resultados alcanzados por los investigadores de la UIB ayudan a aclarar que las personas mayores son más vulnerables a los desórdenes de dolor crónico, a la vez que sugieren que diferentes técnicas de neurorrehabilitación podrían ser vías para explorar en el tratamiento del dolor entre la población de más edad.



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