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Arcadi Navarro / Doctor en Biología y director del Barcelonaβeta Brain Research Center

'La investigación sobre el Alzheimer está dando grandes frutos, y podría dar más si la inversión fuera mayor'

El doctor Navarro es consciente de la premura de encontrar el antídoto contra el Alzheimer cuanto antes para evitar un futuro colapso sociosanitario, pues se prevé que las cifras de afectados por la enfermedad se tripliquen para 2050. El Barcelonaβeta Brain Research Center, entidad que dirige, lleva años tratando de arrojar luz sobre esta dolencia

Redacción EM 21-09-2021

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P.- Ahora que se empieza a vislumbrar el final de la pandemia, son muchos los expertos del área de las enfermedades neurodegenerativas que apuntan al Alzheimer y a las demencias como la “epidemia del siglo XXI”. ¿Lo cree así?
R.- Sí, es así, sin duda. La pandemia de Covid-19 está siendo una pandemia circunstancial. Pero la de Alzheimer y otras demencias es una pandemia estructural, sobre todo, teniendo en cuenta que el éxito de nuestros sistemas de nuestros sistemas sanitarios conduce a un envejecimiento muy notable de la población a escala planetaria. Y como estas son enfermedades asociadas a la edad, va acompañado del hecho de que la prevalencia de las demencias, y del Alzheimer en concreto, va a seguir aumentando en los próximos años, hasta doblarse o triplicarse en el año 2050.

P.- Hay números que indican que, en realidad, la incidencia puede caer…
R.- Esas noticias, desgraciadamente, se han reportado mal en los medios de comunicación. Lo que sucede es que, durante el siglo XX, se detectó una mejora en los indicadores de calidad de vida, fundamentalmente en Occidente. Determinadas enfermedades que tienen como factores de riesgo los estilos de vida y de alimentación, tienen una incidencia menor dentro de cada segmento de edad, porque estamos un poco más sanos. Sin embargo, eso no compensa el hecho de que cada vez vivamos con más frecuencia hasta los 80 o 90 años, y ahí sí que se dispara el riesgo de desarrollar la enfermedad. Por tanto, aunque esa noticia es cierta, como la longevidad es cada vez mayor, eso no compensa el hecho de que el riesgo y la prevalencia mundial siga aumentando.

P.- Este año, el sector ha vivido una pequeña victoria: la aprobación del primer fármaco que, supuestamente, incide directamente sobre la fisiopatología del Alzheimer y no sobre sus síntomas. Al margen de la polémica generada, ¿es el aducanumab un buen punto de partida para acabar con esta enfermedad?
R.- Más que el aducanumab en sí mismo, que como usted dice, ha venido acompañado de una enorme polémica y que está por ver si será aprobado por la EMA o no, lo que está muy claro es que ha habido, en los últimos cinco o seis años, un cambio de estrategia en la industria farmacéutica. De centrarse en medicamentos que estaban diseñados para las etapas avanzadas de la enfermedad, de los cuales fracasaron ya más de 300, se focalizan ahora en tratamientos posibles, pensados para etapas más tempranas. Hay más de un centenar de medicamentos en estos momentos que están siendo sometidos a ensayos clínicos y que, en algunos casos, siguen estrategias parecidas a las de aducanumab, es decir, son anticuerpos monoclonales que atacan las placas de proteína amiloide y ayudan a disolverlos. Cualquiera de estos medicamentos, que pronto empezarán, esperemos, a llegar al mercado, puede ser de gran ayuda siempre y cuando se empiece a suministrar en etapas tempranas de la enfermedad. Y esto es lo que, de hecho, nos da esperanza a los investigadores. Independientemente de si este medicamento específico funciona o no, si se aprueba o no, tenemos una estrategia nueva que parece, según avanzan los ensayos clínicos, muy prometedora.

P.- En cualquier caso, el aducanumab jamás se habría descubierto si no fuera por la investigación. Usted, como director del Barcelona- βeta Brain Research Center (BBRC), lo sabe. ¿Podría hablarnos sobre la situación actual de la investigación del Alzheimer? 
R.- En primer lugar: no se invierte lo suficiente, teniendo en cuenta el coste socioeconómico del Alzheimer, que en España, se calcula se calcula que son 24.000 euros al año por cada persona que padece la enfermedad debido a que estas personas necesitan disponer de alguien que les cuide 24 horas al día siete días a la semana. Y estas personas no las proporciona nuestro sistema sanitario. Estas personas cuidadoras, en su inmensa mayoría, mujeres, son familiares de las personas que padecen la enfermedad. De modo que, lo que acaba sucediendo es que para las familias, el impacto de la enfermedad es grande y costoso. Y cuando comparamos este impacto con el de las enfermedades oncológicas o cardiovasculares, lo que vemos es que la inversión en Alzheimer no es, en absoluto, proporcional. Los poderes públicos, las industrias, han invertido mucho menos de lo que uno esperaría teniendo en cuenta el coste socioeconómico de la enfermedad. Hoy en día, en el año 2021, somos las organizaciones sin ánimo de lucro las que lideramos la financiación de la investigación del Alzheimer a nivel mundial. Y eso es un mérito enorme de las personas que contribuyen con sus aportaciones. 

Por otro lado, a pesar de la falta de inversión, la ciencia no falla nunca. A la ciencia le hemos dado un problema e, históricamente, lo ha resuelto. Y aquí no hay diferencia. Los grandes avances de los últimos dos años son muy esperanzadores. En primer lugar, porque hemos avanzado en la detección precoz de la enfermedad. Y esto es extremadamente importante. Si lo comparamos, por ejemplo, con el cáncer de mama, hoy en día la mayor parte de las mujeres que lo desarrollan no solo sobreviven, sino que se curan. Esto no era así en los años 80, ni mucho menos. El cáncer de mama era una enfermedad con consecuelas mucho más dramáticas que ahora. Y esto se debe a que tenemos mejores planteamientos: cirugías menos invasivas, quimioterapias más personalizadas... pero se debe, sobre todo, a la prevención, a la detección precoz, a poder intervenir mucho antes. Pues bien, en los dos últimos años hemos sido capaces de avanzar enormemente en la detección precoz del Alzheimer, y ahora somos capaces de detectarlo hasta con 20 años de antelación. ¡20 años de antelación a los primeros síntomas clínicos! Eso abre una ventana enorme sobre la que poder intervenir. De ahí que las industrias estén focalizando la posibilidad de crear tratamientos para esta enfermedad. En segundo lugar, otro gran avance es la demostración de que algunos de los factores de riesgo de estas enfermedades, de las demencias en general pero del Alzheimer en particular, son perfectamente modificables. Hoy sabemos que lo que es bueno para el corazón, también lo es para nuestro cerebro. Y probablemente, hasta el 40% de los casos se podrían evitar incidiendo sobre estos factores. Estos son cambios de paradigma que se han producido en los dos últimos años, porque hace cinco años no estaba demostrado. Eran solo hipótesis. De manera que la combinación de la detección precoz, junto a la intervención en factores de riesgo modificables y, eventualmente, tratamientos farmacológicos, nos hace tener la esperanza de que tendremos herramientas para combatir la enfermedad. Otra cosa es que los poderes públicos inviertan lo suficiente en estas herramientas que la investigación necesita. La investigación sobre el Alzheimer está dando grandes frutos, y podría dar muchos más si la inversión fuera mayor.

P.- ¿Realmente es posible detectar la enfermedad precozmente? Muchos expertos afirman lo contrario.
R.- Y los expertos no se equivocan. Yo estoy hablando de los resultados científicos más recientes que aún no se han llevado a la práctica clínica habitual. Por ejemplo, a finales de 2019 y principios del 2020 se empezaron a publicar artículos científicos sobre que, con un simple análisis de sangre, se pueden detectar biomarcadores que antes no eran detectables si no era con algo tan agresivo como una tomografía por emisión de positrones o una punción lumbar. Por tanto, con una analítica podemos detectar muy precozmente ya. Y esto es un resultado científico que solamente se está llevando a la práctica clínica en países como Estados Unidos. En nuestro caso, no ha llegado todavía, pero llegará pronto.

P.- Entonces, ¿qué medios serían necesarios para diagnosticar precozmente?
R.- Precisamente es lo que decía. Deberíamos ser capaces de convencer a nuestras autoridades de implementar en nuestros sistemas sanitarios sistemas de detección precoz que, si bien hace dos o tres años no estaban disponibles, ahora sí lo están, y son asequibles. De la misma manera que nos miramos el colesterol en una analítica. Eso da lugar a intervenciones en nuestros estilos de vida para prevenir las demencias. E, insisto, esto es algo que, hace poco, no nos podíamos plantear porque era inasumible hacer punciones lumbares a toda la población general de manera sistemática. 

P.- ¿Están los sistemas sanitarios preparados para esa avalancha de personas con Alzheimer que va a haber en unos años?
R.- Sin duda, no. Creo que nuestros sistemas sociosanitarios, en general, no están preparados ahora para el volumen de las próximas décadas. Si en los próximos 20 años el número de personas que padezcan alguna demencia, como se prevé, se dispara, tendremos un problema no solo en nuestros centros de salud y hospitales, sino genérico en nuestras residencias, en nuestros presupuestos para la dependencia… Todo esto es muy previsible y deberíamos estar haciendo planes ya.

P.- ¿Qué puede hacer la población general para ayudar a los investigadores a encontrar la cura?
R.- Dos cosas. La primera, seguir ayudando. La población está dándonos un soporte tremendo. Por ejemplo, en nuestra fundación ya hay más de 45.000 personas, con cuyas contribuciones sufragamos la investigación que hacemos en nuestra entidad. Por tanto, gracias y por favor, sigan ustedes. La segunda cosa que pueden hacer es insistir a sus representantes políticos. Poner la investigación en la agenda es extremadamente importante. Y conseguir que, más allá de las palabras y de las promesas, haya hechos reales para financiar la investigación en España y en el mundo. 

P.- El BBRC participa en varios estudios que buscan factores de prevención del Alzheimer. ¿Hacia dónde apuntan estas investigaciones? ¿Sabemos cómo prevenir la enfermedad?
R.- Sí. De hecho, los resultados de nuestro último año apuntan, claramente, a que hay factores de riesgo claramente modificables, sobre los que podemos intervenir. Por ejemplo, la dieta. Demostramos hace unos meses que, además de la dieta mediterránea, los ácidos grasos que contiene el pescado azul son un factor importante que ayuda a prevenir la enfermedad. Demostramos, también, que un nivel de contaminación alto aumenta el riesgo de padecer Alzheimer. 
Toda esta lista de factores que estamos pudiendo demostrar son elementos que hay que considerar a la hora de hacer planificación para la prevención de la enfermedad.
 
P.- Otra interesante investigación es la centrada en los efectos del confinamiento sobre la salud mental y cerebral. ¿Qué les hace sospechar que el confinamiento puede tener consecuencias más allá de la salud mental y llegar a incidir en el cerebro?
R.- Hay dos elementos importantes. El primero, el hecho de que habíamos demostrado que la vida social es un factor importante para el Alzheimer. Las personas con vidas sociales ricas, diversas y positivas tienen un menor riesgo de padecer la enfermedad. Con un cambio tan radical como el confinamiento, parecía altamente sospechoso que había un riesgo de que las personas con Alzheimer empeorasen. Esto sabemos que es así. Ha pasado, ha habido un deterioro cognitivo genérico causado por las medidas de prevención que han tenido que adoptarse por la pandemia. 
El segundo elemento es que se vio que el riesgo de tener una respuesta grave ante la Covid-19, estaba relacionado con el riesgo genético de tener la enfermedad de Alzheimer. Y, efectivamente, los datos han demostrado que eso es así. Concretamente, el alelo 4 del gen ApoE, resulta estar asociado a una respuesta severa a la Covid-19. Esto fue lo que nos motivó a iniciar este estudio. 

P.- Hoy, 21 de septiembre, es el Día Mundial del Alzheimer. ¿Qué mensaje envía al sector en esta fecha tan especial?
R.- Muy sencillo: los esfuerzos, cuando se hacen, funcionan. Sigamos esforzándonos, trabajando e investigando. Si algo demostró la pandemia, es que cuando se pone esfuerzo en un problema, y se invierte y destina talento, el problema se soluciona. Hemos tenido vacunas mucho antes de lo que preveíamos porque hemos sido capaces de esforzarnos enormemente y de invertir muchísimo en crearlas. Hagamos lo mismo con el resto de enfermedades. Hagamos lo mismo con el Alzheimer.


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