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Eulen elabora un decálogo de valores a la hora de gestionar las medidas de sus residencias durante la pandemia

El Comité de Ética de la entidad aboga por un documento que defiende, entre otras cuestiones, la dignidad de las personas mayores y evita los peligros que suponen la aporofobia, la gerontofobia o la diversofobia

Redacción 12-01-2021

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Eulen Servicios Sociosanitarios aboga por un decálogo de valores que defienden la dignidad de las personas mayores residentes a la hora de gestionar las medidas en pandemia. Su Comité de Ética acaba de elaborar un documento con los diez aspectos esenciales que se han de tener en cuenta para elaborar cualquier normativa durante la crisis sanitaria.

En ese decálogo, desde unen apuntan que cualquier consideración que se haga en relación con las personas con diversidad funcional y las personas mayores debe partir siempre del concepto de dignidad, “lo que impide tratarlos como medios (explotación o maltrato); considerar que carecen de valor (por falta de capacidades o recursos) o que son un disvalor (carga, conducta inadecuada, gastos o molestias)", explican. 

Desde Eulen indican también que es importante evitar los peligros que suponen la aporofobia, la gerontofobia o la diversofobia. También es conveniente rechazar que este colectivo sea menos valioso y, por tanto, pueda ser discriminado por edad o problemas cognitivos. “La discriminación etaria o cognitiva conduce a imponerles un altruismo obligatorio sin sentido; a la negación de su autonomía; a la ruptura del pacto intergeneracional de cuidados; al debilitamiento de la cohesión social y a un paternalismo rechazable”, señalan dese Eulen. 

Cuando los recursos sanitarios puedan ser insuficientes, es conveniente priorizar, si fuera necesario, salvaguardando los principios anteriores de justicia, autonomía y no maleficencia. De esta manera, el colectivo debe ser tratado del mismo modo que las demás personas: atendiendo bajo criterios clínicos y expectativas objetivas de supervivencia.

Otro punto del decálogo destaca que las personas somos seres sociales por naturaleza y necesitamos vivir en comunidad, por ello, el aislamiento es un daño, hasta el punto de que, a veces se considera una pena social, que repercute con mayor intensidad en las personas mayores o con problemas cognitivos. “Estas pueden no comprender la situación, tienen mayores dificultades para hacerse cargo de la coyuntura y por ello, sufren por la incertidumbre o por la falta de acompañamiento”, aseguran.
 
En Eulen reafirman el derecho de las personas mayores a comunicarse personalmente con sus familiares o allegados, sin perjuicio de adoptar las medidas pertinentes preventivas de contagios en defensa de su salud y de la salud del personal que les atiende, asumiendo los costes que sean necesarios.

El documento asegura también que es conveniente valorar los aspectos psicológicos perjudiciales que genera el aislamiento: ansiedad, miedo, situación de estrés (padecer o no la enfermedad, muerte, pérdida de seres queridos); los sentimientos pesimistas (la soledad, la desesperación); sentimientos de culpa; la irritabilidad y el enfado. Se debe evitar no solo la muerte física, sino también la muerte por pena o social.

En Eulen subrayan que se pueden valorar una serie de recomendaciones para paliar, en lo posible, estas situaciones, como el manejo de la información (adecuada, sin sobreexposición); recibir apoyo social (contacto con personas queridas); los medios tecnológicos (teléfono, videollamadas); participar en actividades comunitarias; mantener rutinas; mantenerse activo y comida y bebida sanas y equilibradas, evitando las contenciones físicas o farmacológicas.

La regulación normativa de la pandemia necesita tener en cuenta las especiales circunstancias que se dan en los diversos centros residenciales: bien por condicionantes físicos o por las peculiaridades propias e inherentes a las personas mayores, con diversidad funcional o deterioro cognitivo. 

En el último punto de su decálogo, Eulen estima que el desarrollo adecuado del duelo es importante, que es “un proceso doloroso e inesperado en respuesta a la muerte de un ser querido o de una pérdida significativa. La comunicación, el ritual y la despedida deben considerarse también, elementos esenciales”, destacan.


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