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Clece impulsa el modelo ACP en sus centros para ofrecer una atención más personalizada

En residencias como la de Nuestra Señora de los Dolores, en Villanueva del Trabuco (Málaga), el objetivo principal es preservar al máximo la autonomía, retrasar la dependencia y alejar a los residentes del antiguo concepto institucional

Redacción 11-03-2020

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Una de las gerocultoras del centro malagueño con su indumentaria más colorida para alejarse del ambiente hospitalario.

El cuidado profesional de las personas mayores ha evolucionado en los últimos años, enfocándose a un trato cada vez más cercano hacia la persona. A lo largo de la última década, se ha evolucionado a un modelo más humano, en el que prima la Atención Centrada en la Persona (ACP). Esta forma de trabajo, instaurada en todos los centros de Clece, parte de la base de que cada residente puede entender algo distinto de lo que significa tener calidad de vida, y cree en la importancia del derecho a decidir de las personas usuarias. De esta manera, el modelo ACP se caracteriza por trabajar sin sujeciones físicas (cinturones, muñequeras, etcétera), ni químicas, y por una atención individualizada.

Uno de los centros de Clece que está implantando esta forma de cuidado es la Residencia Nuestra Señora de los Dolores, de Villanueva del Trabuco, en Málaga. “Para nosotros, el modelo ACP es una mejora total para la persona usuaria. El objetivo principal es preservar al máximo su autonomía, retrasar su dependencia y alejarla del antiguo concepto que la asociaba a una institución con una serie de normas que son las mismas para todos”, explica Marta Guerrero, directora de la Residencia Nuestra Señora de los Dolores. Para Guerrero, un aspecto indispensable es prestar atención a lo que demandan las personas mayores, “personalizar nuestros cuidados en función de sus necesidades y de sus gustos, de lo que ellos realmente quieren”.

Conseguir que las personas mayores se sientan como en  su hogar es un proceso lento y bastante complejo de llevar a la práctica. En el caso de la residencia malagueña, cuenta Guerrero, “lo primero que hicimos fue formar al equipo y después empezamos a crear espacios de convivencia para el desarrollo personal de los usuarios. En estos espacios, se fomenta la autonomía, la participación y la cohesión entre los grupos. Hemos hecho mucho hincapié en que, con este modelo, los profesionales y los familiares deben ir de la mano”. 

De esta manera, las estancias deben acomodarse al estilo de vida de sus residentes, que “han ido trayendo a sus habitaciones objetos personales importantes para ellos. Llevamos un año adaptando las estancias y ya no tienen el aspecto típico que tendrían en un hospital o una residencia. Esto hace que las personas se sientan más confortables”, señala la directora.

Además, para alejarse todavía más de ese ambiente institucionalizado, “se elimina el carácter sanitario de los uniformes de nuestros trabajadores”, subraya Guerrero y añade que “no es lo mismo llegar a un centro y encontrarte a un personal con indumentarias blancas, que hacerlo con unos conjuntos con estampados de colores más divertidos, que hace que te olvides un poco del ambiente hospitalario”.

Un aspecto también reseñable en el modelo ACP es la capacidad de decisión que tienen las personas usuarias. En la Residencia Nuestra Señora de los Dolores, por ejemplo, “pueden elegir los desayunos o decidir si quieren cenar en el comedor o, si no tienen hambre, quedarse en su habitación para comer una pieza de fruta o yogurt”, explica Guerrero. Además, subraya, “hemos creado un espacio de convivencia diferente para las personas más independientes, en el que ellos mismos pueden prepararse el desayuno. También pueden elegir la ropa que ponerse y, los más autónomos, salir solos a la calle, pasear, hacer sus compras, etcétera”. 

HISTORIA DE VIDA
Los profesionales trabajan ajustándose a cada uno de los residentes y, para ello, es fundamental contar con el apoyo de las familias, que ayudan a conocerlos, a saber qué han hecho en su vida y las posibles causas de sus problemas. Guerrero asegura que se han centrado mucho en la historia de vida de las personas usuarias:  “Uno de sus puntos importantes del modelo ACP es que se empodera la figura de la gerocultora, que es la cuidadora principal y también la que más conoce a la persona. Así, a cada gerocultora le asignamos un número de residentes. Al hacer la historia de vida, estas personas de referencia se han ido reuniendo con la familia, con la supervisión de una tutora –la directora, subdirectora, trabajadora social o cualquier otra persona del equipo interdisciplinar–, para explicarle a la familia el modelo y la necesidad de su colaboración”.

FORMACIÓN
Para poder implantar el modelo ACP se necesita una formación especializada del personal y este es un proceso largo. “Los responsables del centro, entre los que me incluyo, comenzamos yendo a unas jornadas de la Fundación Pilares”, relata la directora. Luego, las gerocultoras y el equipo técnico “llevamos a cabo una formación básica de introducción al modelo y, más tarde, la dirección del centro y el equipo multidisciplinar realizó un curso más específico de cómo implantar el modelo”. Por último, en la residencia se desarrollaron unas jornadas de sensibilización para el resto del personal y, tras estas, “un curso más práctico muy dinámico, con un simulador de persona mayor para saber cómo se sienten, etcétera”.

La residencia que dirige Guerrero tiene una capacidad de 45 plazas residenciales y 20 de unidad de estancia diurna, concertadas con la Junta de Andalucia, y otras diez plazas privadas. El centro cuenta con un equipo multidisciplinar de 31 profesionales cualificados, que son trabajadores sociales, enfermeras, fisioterapeutas, psicólogas y gerocultoras.


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