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No existe impedimento alguno para que las personas mayores puedan tener vida sexual

Existe unanimidad profesional que avala que la sexualidad se mantiene durante toda la vida, a pesar de que abordar este tema sigue teniendo cierto halo de tabú y generando prejuicios y falsedades

Víctor Sariego EM 07-02-2018

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Que el “desgaste sexual” es un mito y que la afectividad, el deseo y la propia sexualidad no decaen con la edad son dos evidencias avaladas clínica y científicamente a nivel mundial. Como, por ejemplo, por la Universidad de Chicago, en clave internacional. O la Semer, la Fundación Aspaldiko, la Universidad de Barcelona, la Fundación Pilares, la Fundación 26 de Noviembre, el Instituto Spull o la Asociación Española para la Salud Sexual, en España. En la misma línea, el médico, geriatra, expresidente de la Sociedad Española de Médicos de Residencia (Semer) y actualmente vocal sociosanitario en la entidad, Alberto López Rocha, asegura que, “no existe ningún estudio en España ni en el resto del mundo que demuestre que la capacidad sexual decaiga en la vejez”, pero “sí lo contrario”, añade. 

Y, sin embargo, hablar, aún hoy día, de sexualidad en las personas mayores sigue siendo algo tabú y oculto, repleto de prejuicios y falsedades, cuya sola mención en ámbitos privados o públicos es, cuando menos, controvertida, negada o desplazada. “Independientemente de la orientación sexual de la persona, hablar de sexualidad en la vejez es, todavía, sinónimo de tabú o de pervertido e incluso de vergüenza”, asegura este experto. Si bien existen cambios físiológicos y psíquicos en la vejez, su sexualidad se asocia a la afectividad, a las caricias, los besos, la ternura, los detalles complices, el toqueteo y la emoción, y no a la necesidad imperiosa y omnipresente, inexcusable o sobrevalorada penetración y al propio coito. 

Así, “en esta etapa vital el sexo puede llegar incluso a ser más placentero”, subraya López Rocha. Puede estar potenciado por una mayor afectividad y sensibilidad y aderezado por la experiencia personal, decisiva en estos lindes, y el valorar esta actividad humana desde un punto de vista más humano, más libre, más relajado, pausado y sin complejos. De forma más abierta, consensuada, libre. Sobre todo en el hombre que, acostumbrado tradicionalmente a una educación machista, restrictiva, más fría y regida por el imperio de la eterna juventud, la siempre disposición al sexo –a riesgo de poner en duda su hombría y la emulación del sexo a modo de competición o película porno– encuentra en la etapa de la vejez una oportunidad de afrontar las cosas desde un punto de vista más humano y natural, de asumir las ventajas que tienen los mayores de no preocuparse de embarazos o de “cumplir”.

SEXUALIDAD EN RESIDENCIAS
Esta falta de atención a la sexualidad en las personas mayores es muy evidente en su vertiente social, y especialmente, en lo profesional e institucional. También en lo que se refiere a la sexualidad en residencias, entre personas LGTBI o aquellas que tienen demencia. Así se pone de manifiesto en el recién publicado y novedoso informe de la Universidad de Barcelona ‘Sexualidad en centros residenciales para personas mayores: actitud de los profesionales y políticas institucionales’, del equipo investigador de dicha universidad, dirigido por el doctor en psicología Feliciano Villar y por los psicólogos y expertos en gerontología Rodrígo Serrat, Monserrat Celdrán, Josep Fabà y la psicóloga, gerontóloga y experta en Atención Centrada en la Persona, Teresa Martínez, de Asturias.

En el estudio participaron 153 centros de 13 autonomías y más de 2.200 profesionales de atención sociosanitaria. Contó con el apoyo de la Associació́ Catalana de Recursos Assistencials (ACRA); la Confederación Nacional de Jubilados y Pensionistas de España (CONJUPES); la Federación Estatal de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales (FELGTB); y la Unión Democrática de Pensionistas (UDP). El equipo responsable del documento, al igual que el resto de profesionales consultados, opina que, si abordar la sexualidad en las personas mayores se evita y adolece de formación, información y educación, esta circunstancia se agrava en el caso de las residencias. 

Entre sus principales conclusiones destaca el hecho de que las expresiones afectivas y que implican actitudes sexuales, los besos y caricias entre residentes son habituales; que la masturbación en hombres es común; que otras, las que tienen que ver con relaciones sexuales LGTBI, lo son menos; que, en el caso de las personas con demencia y, a pesar de que también tienen derecho a la sexualidad, los profesionales tienden a ser más restrictivas cuando surge y a imponer su  moral personal o individual; y que, si bien existen residencias que tratan de implementar este fenómeno y atenderlo como corresponde, otras raramente lo contemplan. El manual concluye que, para avanzar en una atención residencial donde se reconozcan derechos sexuales y se respeten las expresiones individuales diversas, es necesario partir de modelos globales de Atención Centrada en la Persona en los que, además, se ponga en valor “lo diferente” y se proporcionen apoyos personalizados para dar respuesta a todas las necesidades diversas de residentes, familias y residencias.

MODELO SOCIAL Y DEMENCIAS
En relación a ello, Álvaro Mosquera, de la Fundación Aspaldiko, opina que, a pesar de que los deseos en los ancianos son una realidad y que son factibles de desarrollar, “se coartan”, entre otras cosas, “por el modelo educativo que aún prevalece entre algunos de nuestros mayores, su culpabilidad por sentir deseo, una malentendida religiosidad, la imposición del modelo sexual juvenil basado únicamente en la penetración cuando sexualidad no es igual a coito”. También porque la actual estructura de las residencias “no lo permite, pues impide la intimidad y respeto”, por lo que “es muy necesario no solo cambiar la mentalidad en general, sino rehumanizar los centros residenciales”, añade este experto. 

Además, concluye, “no existe una legislación adecuada que aborde algunas lagunas jurídicas, como en el caso de las personas con demencia, que desarrollan su instinto sexual” un capítulo al que se hace referencia en muchos manuales e informes. En este caso, “los problemas son mayores”, señala el psiquiatra y docente de la Universidad de Santiago, Raimundo Mateos, miembro de la Sociedade Galega de Xeriatría y Xerontoloxía (SGXX), que matiza que con demencia en las residencias “se producen situaciones más incómodas y dilemas éticos para profesionales y familiares”, pues el comportamiento varía desde conductas indecorosas, como desnudarse en público, hasta aproximaciones sexuales a los profesionales que lo cuidan o a otros residentes, o una actividad sexual, complicada, con la propia pareja cuando aún está presente”.

Sin embargo, comenta Mateos, “la sexualidad es una dimensión normal de la vida de una persona de edad avanzada, por eso cierta actividad sexual es posible y puede ser satisfactoria durante  la demencia, al menos en las primeras fases”. Este último aspecto “es mucho menos conocido y despierta recelos, temores, y tropieza con muchos prejuicios y falta de formación, no solo en el público, sino también entre los profesionales”, por lo que son necesarios programas específicos de educación sexual en la vejez para familiares y usuarios y desarrollar seminarios y talleres sobre este particular en el que participen con respeto, con libertad y naturalidad las personas mayores.

DERECHOS COARTADOS
Y si la sexualidad de las personas mayores heterosexuales no es aceptada por la sociedad, peor situación es la de las personas mayores LGTBI, como destaca la ‘Fundación 26 de diciembre: mayores LGTBI”, que ha editado incluso un folleto para restar miedo y prejuicios que suelen existir en torno a las orientaciones sexuales diferentes a lo establecido. No en vano, el 8% de la población española mayor de 65 años, es decir, unas 700.000 personas, se declara LGBTI. Un colectivo que en 50 años alcanzará los 2,5 millones de personas y que, sin embargo, suele sufrir más problemas y prejuicios por su orientación sexual y se les tiene menos en cuenta que las parejas heterosexuales.

DERECHO Y NECESIDAD BÁSICA
La sexualidad se trata de la tercera necesidad humana, después de la alimentación y la seguridad, evidencia reconocida incluso por la ONU. Y, sobre todo, de un derecho humano más. Y esto es así, gracias en buena parte a la labor de los sexólogos María Pérez Conchillo y Juan José Borrás, fundadores del ‘Instituto Spill de Sexología de Valencia’. Ellos organizaron en su ciudad, en 1997, la ‘13ª Edición del Congreso Mundial de Sexología’, donde se concretó por primera vez la ‘Declaración Universal de Derechos Sexuales’. No en vano, Conchillo es activista en este ámbito desde hace más de 30 años. 

Ella y otras compañeras de Spill organizan talleres de sexualidad para personas mayores desde hace varios años, cuyas primeras convocatorias fueron muy comentadas en toda España. Esto le sirvió a la cineasta barcelonesa Laura Mañá como referencia para su película ‘La Vida empieza hoy’, de 2009. La directora, que se desplazó a Valencia a visitar los talleres, recurrió incluso a algunas de las personas mayores que participaban en ellos para su film. En él, cuenta cómo un grupo de mujeres mayores se reúne para recibir clases de sexología en las que se les recuerda que todavía están a tiempo de disfrutar del placer. Es muy simbólica la escena en la que Juanita (Pilar Bardem) se masturba sutilmente en la bañera. 

POSITIVIDAD Y ESPERANZA
Félix López Sánchez, psicólogo, catedrático de Psicología de la Sexualidad en la Universidad de Salamanca,   doctor Honoris Causa por la Universidad San Marcos de Perú y con 40 años de investigación reconocida, publicó en 2005 un libro que se ha convertido en referencia para profesionales del sector y para público en general: ‘La sexualidad en la vejez’. En el documento se argumenta que todas las personas tienen la necesidad innata de amar y ser amadas y de disfrutar de su afectividad, sexualidad e intimidad sin obstáculos. Al alcanzar la vejez, afirma, se mantienen intactos dichos deseos. “Necesitamos abrazar y ser abrazados, tocar y ser tocados, gozar en el encuentro íntimo con la persona amada, querer y ser queridos”, comenta en la obra. 

Tras revisar diferentes investigaciones realizadas en todo el mundo sobre esta cuestión, el autor expone una nueva concepción de la sexualidad en la que aboga por el derecho del colectivo de mayores al placer, la ternura, la comunicación y los afectos sexuales. Los esfuerzos por convertir esta faceta de la vida en lo que es, un fenómeno totalmente natural, no han podido ver la luz en España hasta bien entrado el siglo XXI. Y no es que no se hubiera abordado antes esta cuestión, sino que, no fue hasta hace pocos años cuando la sexualidad en las personas mayores pudo abordarse más libremente.

Así pues, la labor de Conchillo y el libro de López Sánchez, pueden haber abierto la puerta de este armario arcaico de la negación de la sexualidad de las personas mayores. No en vano, en mayo de 2009 la Sociedad Española de Médicos de Residencias (Semer) organizó, también en Valencia, el que se puede considerar como el primer congreso sobre sexualidad en las personas mayores. En él, la entidad reunió a más de 300 personas expertas y especialistas en la materia de toda España. El éxito de la iniciativa motivó que la entidad dedicara, gran parte de su congreso de noviembre del mismo año en Pontevedra, a la sexualidad y la afectividad en las personas mayores.







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