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La abuelidad: ¿qué es y porqué es importante estudiar el papel social de este fenómeno?

Este concepto, que se refiere a la relación entre abuelos y nietos, es cada vez más relevante dentro de la estructura familiar. Hablamos de su dimensión, de sus límites, de su abordaje político y de los distintos perfiles de abuelos que existen

Horacio R. Maseda 11-03-2020

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Tenemos claro a qué nos referimos cuando hablamos de parternidad o maternidad. Sabemos cuáles son los derechos y obligaciones de los padres y cuál es el rol que desempeñan dentro de la familia y de la sociedad. Sin embargo, un concepto relativamente reciente, y con unas connotaciones similares como es el de la abuelidad, es casi una término desconocido incluso en el sector sociosanitario. La figura de los abuelos y abuelas tiene, cada vez, un papel más relevante dentro de las estructuras socioeconómicas de los países, lo que está despertando un interés creciente por analizar su figura desde esferas dispares como las académicas, sociales o empresariales.
“La abuelidad reconoce la importancia social de los abuelos en nuestro contexto actual, haciendo referencia al vínculo que establecen con sus nietos, las funciones que desempeñan y los efectos que se producen como resultado de esta relación”, explica Cristina Noriega, doctora en Psicología de la Universidad CEU San Pablo y autora, junto a Cristina Velasco, del trabajo ‘Relaciones Abuelos-nietos: Una aproximación al rol de abuelo’. 

Por tanto, la abuelidad es, según subraya el experto Santiago Cambero, doctor en Sociología y profesor en la Facultad de Educación de la Universidad de Extremadura, una relación “material y simbólica” entre abuelos y nietos que establece un “fuerte vículo vital al margen de otras relaciones familiares”. Cambero habla de una “revolución de la abuelidad”, y los efectos de esta revolución “se observan especialmente en periodos de crisis económicas y en el medio urbano, donde se requieren más apoyos para realizar en condiciones óptimas las      tareas de atención y cuidados a menores”. De esta manera, para Cambero, en la sociedad posmoderna, la abuelidad “se basa en una relación equitativa y solidaria entre dos etapas del ciclo de vida humano, como son la infancia y la vejez, que se encuentran por las circunstancias familiares y societarias”.

Sin embargo, al contrario de lo que sucede con conceptos tradicionales como el de paternidad o maternidad, que están definidos y delimitados desde un punto de vista social y legal, en la abuelidad no parecen establecerse unos límites claros en las responsabilidades de los abuelos. “Este concepto se encuentra en un terreno más ambiguo, y tiene ventajas porque permite que las personas mayores puedan construir con sus familiares, y en sus propios entornos, su forma de asumir o no esta responsabilidad”, señala Lourdes Bermejo, vicepresidenta de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG). “La abuelidad debe ser un rol libremente asumido, no me parece comparable a la maternidad o paternidad en cuanto a deberes”, añade Bermejo.

En la misma línea argumenta Noriega, ya que, precisamente, la heterogeneidad característica del desempeño del abuelo “hace que al final se trate de un ‘rol sin rol’, donde no hay unas normas o derechos establecidos con claridad”. A esas ventajas que apuntaba Bermejo de mayor flexibilidad y libertad, hay que sumarle también los inconvenientes: “La falta de límites puede ser fuente de dificultades y conflictos entre generaciones, principalmente debido a las diferentes expectativas entre los abuelos y los padres de los nietos”, asegura la doctora.

Por su parte, Cambero indica también que los límites muchas veces están condicionados por las propias dificultades de los padres a la hora de ocuparse de sus hijos. “El riesgo está en la sobrecarga de estos ‘abuelos y abuelas canguros’, que deben estar todo el día, o gran parte del mismo dedicados a los cuidados”.

EL APEGO A LOS ORÍGENES, UNA DE LAS FUNCIONES RELEVANTES
Según datos de la Encuesta de Salud, Envejecimiento y Jubilación de Europa, uno de cada cuatro abuelos españoles cuida de sus nietos y dedica una media de siete horas diarias, dos más que la media europea. Además de que la abuelidad es una realidad cada vez más presente y su rol tiene un gran valor social, Bermejo señala que es importante estudiar el fenómeno porque es “una realidad cambiante, diversa y compleja, y que no está exenta de dificultades”. La  vicepresidenta de la SEGG argumenta que “ser abuelo o abuela hace décadas o serlo hoy es muy diferente y continuará cambiando. Hoy en día, en general, se ejerce como un rol mucho más activo y dinámico”. 

Para Noriega, el papel del abuelo cobra importancia por su función de apego a los orígenes. “Desde la antigüedad, los abuelos han sido considerados los guardianes de la familia y el reservorio de la sabiduría familiar, al ser los principales transmisores de las experiencias y conocimientos adquiridos a lo largo de toda una vida, así como de los valores, las historias y las tradiciones familiares. Estas historias permiten a los miembros de las distintas generaciones tomar conciencia de las tradiciones y las costumbres familiares, relacionando el presente con el pasado y otorgando el sentimiento de ‘tener raíces’. Todo esto es imprescindible para que la persona pueda construir su identidad, al dar un sentido a sus orígenes y a su propia forma de ser. Al mismo tiempo, al abuelo le ayuda a desarrollar la continuidad de uno mismo y vivenciar lo que se conoce como inmortalidad a través del clan”. 

En este sentido, ¿cómo ha evolucionado el rol de los abuelos de antes y los de ahora? Para la doctora Noriega, “las diferencias nos las encontramos en la forma de transmitir estos valores y no tanto en el contenido. Es decir, los abuelos de hoy, de manera muy similar que los de antaño, siguen enfatizando los valores que fomentan unos vínculos familiares fuertes y la supervivencia del grupo frente a los valores individualistas y hedonistas. Sin embargo, hoy tienden a establecer relaciones más simétricas con los nietos, donde predomina el intercambio y la expresión de afectos”.

Cambero también destaca el momento histórico actual, en el que los baby boomer son los protagonistas absolutos. “Los abuelos y abuelas de hoy, la generación entre 1946 y 1964, con una esperanza media de vida de 84 años, una de las más altas del mundo, disfrutarán de una larga convivencia con sus nietos, la mayor de toda la historia en nuestro país, donde conviven hasta cinco generaciones en muchas familias”. Así, surge una nueva definición de la vejez, apunta Cambero, que se conceptualizó en el neologismo de la ‘mayorescencia’, “haciendo referencia a los baby boomer, que están originando nuevas caras de vejez en las sociedades occidentales por su resilencia, su capacidad de adaptación al cambio y de aprendizaje”.

Los cambios a nivel sociológico, e incluso pedagógico, ya son palpables a simple vista. Se percibe en los modelos familiares, por ejemplo, “donde se incrementan los hogares monomarentales y se reducen las familias extensas. Hoy las caras de abuelas y abuelos a la entrada o salida de colegios es una escena habitual, a la que debemos acostumbrarnos, especialmente los docentes cuando deban informar sobre el rendimiento escolar de sus nietos”.

PERFILES DE ABUELIDAD
La vicepresidenta de la SEGG asegura que existen diversas maneras de vivir la abuelidad, en relación a los nuevos modelos de familias: abuelos de familias divorciadas, abuelos a distancia, abuelos sin lazos de sangre o de culturas y procedencias diferentes. Existen muchas circunstancias que influyen en los modos en los que cada familia define la abuelidad, entre ellas, indica Bermejo, “las propias características del menor, las de las personas que ejercen el roldel abuelo (estado de salud y capacidades...), las características de los progenitores y, por supuesto, el tipo y calidad de la relación y los vínculos existente entre los miembros de la unidad familiar”.  Además, añade, hay otras variables “como son las tareas a realizar, el lugar donde se desarrollan, los recursos, el contexto social, económico y cultural o de vulnerabilidad social…. e incluso existe la posibilidad de rechazar el desempeño del rol o en vivirlo como moralmente auto o heteroimpuesto”. 

En  España, José María Roa y Carmen Vacas, en su trabajo ‘Perfiles de abuelidad’, partiendo de las valoraciones de 570 nietos, describieron cuatro perfiles de abuelos dominantes: próximo, modelo, formal y sustituto. 

El perfil próximo es el de un abuelo o abuela indulgente y muy interesado en los aspectos sociales y personales de su nieto. No son sustitutos de los padres, ni llevan asociados los estereotipos negativos de las personas mayores. 

El perfil modelo es el que se define como ‘abuelo o abuela ideal’. De similares características al próximo, pero se diferencian en que los nietos observan en ellos las conductas más tradicionales y arraigadas de los abuelos.
El perfil formal es el de una abuelidad poco indulgente y algo distante (aunque no despreocupada) en cuanto a los aspectos personales de sus nietos y a las tareas de sustitución. La valoración no es ni positiva ni negativa, sino que se sitúa en un término medio.

Por último, el perfil sustituto se caracteriza por ser muy indulgente, preocupado y, como su nombre indica, destacan por su función en la sustitución de roles paternos y maternos.

Además de estos perfiles dominantes, el trabajo de Roa y Vacas también define otros dos tipos de abuelidad menos frecuentes: el distante y el social. El primero solo se observa en las abuelas maternas y los nietos encuentran el ellas todas las connotaciones negativas que se aplican al colectivo senior. Además, están poco interesadas en sus nietos y en su rol de sustitutas. El en segundo, la preocupación por sus nietos es muy alta, sin embargo, los abuelos son considerados como víctimas de todas las condiciones que afectan a las personas mayores.

LOS ABUELOS DEL FUTURO
El aumento de la esperanza de vida ha transformado el momento vital y las características de los abuelos de la actualidad. Este nuevo perfil de abuelidad asume diversas tareas relacionadas con el cuidado y, como señala Noriega, “está aumentando significativamente en los últimos años asociado a diversos factores sociales como el elevado número de horas que dedican los padres al trabajo fuera del hogar. Por las políticas de conciliación todavía muy limitadas, la insuficiencia de los servicios de apoyo formal a las familias o el desplazamiento de la población a las grandes ciudades con la consecuente disminución de los lazos con la familia extensa o con la comunidad”. La doctora Noriega divisa una próxima década en una línea similar a la actual, “en la que se establezcan relaciones recíprocas, individualizadas y afectivas entre abuelos y nietos. Además, como ya está ocurriendo, posiblemente nos encontremos con un aumento del número de abuelos que ayuden a sus hijos con los cuidados de los nietos”.

Teniendo en cuenta este contexto, ¿cómo será el rol de los abuelos en un futuro más a largo plazo? Según Cambero, a diferencia de lo estimado por Noriega, los abuelos pertenecientes a la generación X “no tendrán la misma disposición que sus progenitores baby boomer en cuanto a los cuidados y atenciones a sus nietos, dado los cambios en sus actitudes y valores, de estilos de vida y de cosmovisión”. La actual generación de abuelos son un grupo etario que ha tenido un contexto muy particular, subraya Camero, “que ha trabajado con mucho esfuerzo para lograr el Estado social y democrático que disfrutamos en España, en un periodo con mucha represión política, injusticias sociales y limitaciones de derechos civiles”. Los que el profesor califica de ‘mayorescentes’, nacidos entre 1965 y 1979 aproximadamente, “tendrán otros perfiles y preferencias vitales, y quizás los nietos no les ocupen tanto tiempo como sucede hoy, gracias a la domótica, los servicios de teleasistencia y demás sistemas de atención y cuidados a niños o personas en situación de dependencia”.

Por su parte, para la vicepresidenta de la SEGG, las relaciones entre abuelos y nietos serán cada vez “más plurales, acorde a la mayor diversidad de la sociedad en todos los tramos de edad”. Bermejo explica que vivimos en una sociedad en la que “todos somos interdependientes, donde los lazos y relaciones de apoyo y ayuda han de darse de forma generosa y fluida, para adaptarse a las necesidades de los miembros del grupo familiar. De esta forma, todas las generaciones saldremos ganando en calidad de vida y felicidad”.





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