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COVID-19

La Covid-19, una dolencia que ataca con especial virulencia a los mayores

Los expertos explican a entremayores los motivos que hay detrás de la elevada vulnerabilidad de este colectivo frente la patología, hasta ahora desconocida

Irma R.M. / EM 13-05-2020

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La Organización Mundial de la Salud (OMS) elevaba, a principios de marzo, la situación de emergencia de salud pública, ocasionada por la Covid-19, a pandemia internacional. La rapidez en la propagación de esta enfermedad –causada por el coronavirus SARS-CoV-2– hizo evidente la necesidad de adoptar medidas extraordinarias para hacer frente a esta crisis sanitaria sin precedentes. Así, tres días más tarde, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, declaraba el estado de alarma en todo el territorio español.

El aumento exponencial de los casos de contagio dieron lugar a la saturación de los centros sanitarios, haciendo necesaria la instalación de hospitales de campaña, mientras que la escasez de personal se palió con la colaboración de voluntarios procedentes de organizaciones como Médicos del Mundo, Médicos sin fronteras o Cruz Roja, entre otras; así como de profesionales que ya disfrutaban de su etapa de jubilación. 

Muchas empresas, grandes y pequeñas, cuya producción nada tenía que ver con el sector, empezaron a confeccionar mascarillas y equipos de protección para evitar nuevos contagios, mientras que los centros de investigación, las compañías farmacéuticas y las universidades trabajaban, sin descanso, con el objetivo de dar con una vacuna que terminase con esta pandemia que tantas vidas se estaba llevando, algo que, al cierre de esta edición, todavía no se ha alcanzado.

Actualmente, España registra un total de 216.582 contagios, 25.100 fallecidos y 117.248 recuperados, siendo las personas mayores las que más han sufrido los efectos de esta enfermedad.

La Covid-19 es una patología infecciosa causada por el coronavirus, recientemente descubierto, SARS-CoV-2. La mayoría de las personas que se infectan experimentan síntomas de leves a moderados y se recuperan sin tratamiento especial. 

El virus se transmite, principalmente, a través de las gotículas generadas cuando una persona infectada tose, estornuda o espira. Al ser demasiado pesadas, estas gotículas no permanecen mucho tiempo en el aire, depositándose en el suelo o en las superficies. Por este motivo, llevarse las manos a los ojos, la nariz o la boca, tras tocar una superficie infectada, supone un riesgo de contagio.

Con respecto al denominado ‘paciente 0’ con el que se inició la pandemia, en un principio se creía que se había contagiado en un mercado de animales de la ciudad china de Wuhan. En cambio, aunque parece claro que su origen se encuentra en esta localidad, todavía no se ha determinado el lugar exacto.

NO SE TRATA DE UNA GRIPE COMÚN
Cuando empezaron a conocerse los primeros casos de personas infectadas por el nuevo coronavirus, se fue abriendo un debate en torno a las similitudes que presentaba esta enfermedad, con respecto a la causada por el virus de la gripe, en ocasiones, para restarle importancia, a pesar de ser la causa, cada año, “del colapso del servicio de urgencias y de la saturación de hospitales”, según el director del Servicio de Medicina Interna del Hospital Universitario San Joan de Reus, Antoni Castro Salomó, quien destaca, además, que “en España, hay temporadas con más de 800.000 afectados, entre 40.000 y 60.000 ingresados y 15.000 fallecidos”, siendo, en su mayoría, personas de más de 65 años.

Aún así, a medida que pasaban los días, y los contagios y muertes por Covid-19 se disparaban, la existencia de diferencias entre ambas patologías resultó ser innegable. “Este virus no es la gripe, tiene sus propias características, algunas de las cuales no conocemos todavía bien al tratarse de una enfermedad nueva”, afirma el coordinador del Grupo de Trabajo de Paciente Pluripatológico y Edad Avanzada de la Sociedad Española de Medicina Interna (SEMI), Ignacio Vallejo Maroto. “La neumonía que se asocia a la infección por este coronavirus –continúa el experto– suele ser consecuencia de una evolución de la propia enfermedad. Por el contrario, las neumonías que se relacionan con la gripe pueden producirse por sobreinfección por otros gérmenes, sobre todo bacterias”. Asimismo, el internista manifiesta que la letalidad de este tipo de virus también parece ser superior al que causa la gripe.

Por otra parte, Adolfo García Sastre, director del Instituto de Salud Global y Patógenos Emergentes de la Escuela de Medicina Icahn en Mount Sinai, en Nueva York, señala la importancia de distinguir entre una gripe pandémica y una gripe estacional. Así, la enfermedad originada por el SARS-CoV-2 “sería más parecida a una gripe pandémica, debido a que la ausencia de inmunidad preexistente la hace más virulenta que la gripe estacional”, asegura.

En cuanto a la sintomatología, a pesar de que existen similitudes, García Sastre señala que, “a pesar de que todavía no se conocen las causas, hay diferencias: los casos de neumonía son más largos que los producidos durante una gripe y la insuficiencia de oxígeno en sangre debido al fallo pulmonar parece más extendida en los casos severos de coronavirus que en los casos severos de gripe”.

LOS SENIOR, LOS MÁS AFECTADOS
Desde que llegó a España la pandemia de la Covid-19, los datos no han hecho más que evidenciar que las personas mayores constituyen un colectivo particularmente afectado. También, la disponibilidad de estadísticas de países como China o Italia ha puesto de manifiesto que, a medida que la edad avanza, las probabilidades de no superar la enfermedad aumentan.

Los elementos que confieren mayor vulnerabilidad a los senior son múltiples. Según Castro Salomó, “el propio proceso fisiológico de envejecimiento conlleva una pérdida progresiva de la función celular y, en consecuencia, de la funcionalidad de los diferentes órganos y sistemas”. Asimismo, añade el experto, “esta vulnerabilidad también puede ser inducida por enfermedades crónicas, generalmente derivadas de un mal control en los años de la juventud y la etapa adulta”, destacando como hábitos especialmente tóxicos el consumo de alcohol y tabaco, ya que facilitan la aparición de patologías crónicas respiratorias o hepáticas, respectivamente. “Imagínese –continúa el experto–, una enfermedad como la Covid-19 en un paciente con enfermedad respiratoria crónica, o con una inmunodepresión por un problema hepático o renal. La infección encuentra el terreno idóneo para actuar sin contemplación”.

Otras circunstancias, muy frecuentes en las personas mayores, que contribuyen a su especial vulnerabilidad son la polimedicación, el aislamiento, la falta de estímulos, el sedentarismo, o la institucionalización de baja calidad. En este contexto, cualquier infección tiene un impacto más negativo, “ya que a los problemas propios de la edad se añade un problema adicional, cuya gravedad se hace mayor cuando el causante es desconocido, como es el caso del coronavirus SARS-CoV-2”, asegura García Sastre.

ENFERMEDADES QUE COMPLICAN LA INFECCIÓN
Según Vallejo Maroto, “La hipertensión arterial, la diabetes, las enfermedades pulmonares y cardiovasculares crónicas o el cáncer, constituyen factores que se han asociado a peores resultados en aquellas personas que padecen la enfermedad de la Covid-19”.

Todas estas patologías se caracterizan porque “su padecimiento produce una disminución de las defensas a nivel broncopulmonar, lo que facilita la infección por el virus”, explica Carlos A. Jiménez-Ruiz, presidente de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (Separ). Además, continúa el experto, muchas de las personas que las presentan, “tienen en sus células respiratorias un número aumentado de receptores de un tipo especial, los ACE2, que son utilizados por el virus para penetrar en el interior de las mismas”.

Con respecto a los mayores que padecen enfermedades respiratorias, la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (Semergen) dio a conocer, recientemente, los últimos avances sobre la Covid-19 y el manejo de los pacientes que las presentan. Mientras que tener asma no parece modificar el pronóstico en personas que han contraído la infección, la Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC), sí. En este sentido, los datos muestran que la existencia previa de EPOC está asociada a unos peores resultados en los senior que contraen la Covid-19. Estos, generalmente, desarrollan la enfermedad de forma más grave, tienen peor pronóstico y su índice de mortalidad es mayor.

Es importante aclarar que, según los estudios realizados hasta ahora, su presencia no supone un mayor riesgo de infección, por lo que, en palabras del secretario del Grupo de Trabajo de Respiratorio de Semergen, Leovigildo Ginel, “lo más importante es que estas patologías estén bien controladas y, en este sentido, la principal recomendación es que los pacientes cumplan correctamente con su tratamiento habitual”. 

Otros grupo de pacientes, cuya salud se puede ver especialmente afectada en caso de contagio por coronavirus, sobre todo si son mayores, es el formado por aquellos que presentan enfermedades cardiovasculares. Por ello, desde el inicio de esta epidemia, la Sociedad Española de Cardiología (SEC) y la Fundación Española del Corazón (FEC) no han dejado de recordar la importancia de extremar la adherencia al tratamiento y seguir las recomendaciones del Ministerio de Sanidad. Y es que, la Covid-19, al igual que cualquier otra infección, produce una sobrecarga para el corazón. Por eso, “si un paciente presenta una enfermedad previa como, por ejemplo, insuficiencia cardíaca, el corazón empeorará su funcionamiento”, explica Juan Cosín, presidente de la SEC. Esto puede producir una congestión o acumulo de líquido en los pulmones, “lo que complicará la respiración y probablemente el curso de la infección respiratoria, aumentando las probabilidades de complicaciones”. 

Por otra parte, además de sobrecargar el corazón, también se sabe que la infección causada por el SARS-CoV-2 puede producir un daño directo infeccioso e inflamatorio sobre el músculo cardíaco. “Es lo que conocemos como miocarditis, que dependiendo de la afectación puede empeorar la función de la bomba del corazón y empeorar el pronóstico del paciente”, continúa el experto.

En cuanto a la diabetes, esta es una enfermedad muy frecuente en mayores y que, aunque por sí misma, tampoco constituye un factor de riesgo para contraer la infección por coronavirus, el cuadro clínico del paciente se puede ver muy deteriorado en caso de contagio. Por ello, desde la Sociedad Española de Diabetes (SED), los expertos recuerdan la importancia de mantener el mejor control metabólico posible para evitar, en caso de una infección inesperada, una peor evolución. 

Los motivos por los que el estado de estas personas empeora al contraer la Covid-19 todavía no están del todo claros, pero factores como la inflamación crónica de bajo grado, el aumento de la actividad de coagulación, el deterioro de la respuesta inmunológica y el posible daño directo al páncreas, por la acción del nuevo coronavirus, podrían contribuir a esta situación. A todo esto, se añaden los problemas en el control glucémico en los mayores diabéticos hospitalizados que, en palabras del presidente de la SED, Antonio Pérez Pérez, “experimentan importantes excursiones glucémicas, fruto de factores tales como la utilización de glucocorticoides”, a lo que añade que “debido a la magnitud de la pandemia, muchos de los profesionales sanitarios que están en primera línea de atención de estos pacientes, se encuentran ante la dificultad añadida de aplicar protocolos de manejo de la hiperglucemia con los que están poco familiarizados, y tienen una menor experiencia en el control de este trastorno que los especialistas en diabetes”.

¿CÓMO REPERCUTE EN LA SALUD DE LAS PERSONAS CON ALZHEIMER? 
Las personas que padecen enfermedades neurodegenerativas, como Alzheimer o demencia, son especialmente vulnerables a la pandemia provocada por la Covid-19. Así lo han manifestado diferentes expertos, entre los que destaca José Luis Molinuevo, director del Programa de Prevención del Alzheimer del Barcelonabeta Brain Research Center, el centro de investigación de la Fundación Pasqual Maragall, y uno de los firmantes de un artículo publicado, recientemente, en la revista The Lancet, bajo el título ‘Dementia care during Covid-19’.

Este colectivo, además de ser muy vulnerable al virus por su avanzada edad, en muchos casos, se ve especialmente afectado por el cambio en las rutinas que les ofrecen estabilidad, como salir a pasear o acudir a los centros para mayores o de día. Además, la restricción de las visitas de familiares supone algo particularmente drástico en el caso de quienes están internos en residencias o centros sanitarios. 

Según Molinuevo, “una de las manifestaciones clínicas de la infección por Covid-19 en personas con demencia es el delirio, consecuencia de la hipoxia. Esto puede complicar la presentación de la demencia, incrementando el sufrimiento de las personas que viven con dicha enfermedad, el coste de sus cuidados médicos y la necesidad de apoyo adicional para estas personas”.

Además, las personas que presentan este tipo de patologías tienen más probabilidades de contraer la infección por tener un acceso mucho más limitado a información verídica sobre la pandemia, y porque pueden tener dificultades para comprender el mensaje y recordar las medidas de seguridad facilitadas por las autoridades sanitarias para evitar el contagio.

Para hacer frente a todo esto, Nina Gramunt, neuropsicóloga y directora técnica del Área Social y Divulgación de la Fundación Pasqual Maragall, destaca la importancia de generar rutinas nuevas, porque “el orden del día a día y un cierto mantenimiento de horarios proveerá a la persona enferma de un marco de referencia estructurado y positivo. Y para los cuidadores, de una guía para reducir el riesgo de verse desbordados”.

Las nuevas rutinas deben incluir actividades que favorezcan la estimulación cognitiva y el entretenimiento, como juegos de mesa, manualidades, cantar o escuchar música, entre otras. También, se debe fomentar la actividad física diaria, con opciones como caminar, hacer estiramientos, subir y bajar escaleras, o pasarse una pelota blanda o un globo. Y, en la medida de lo posible, es importante mantener el contacto social con familiares y conocidos a través de la tecnología, con llamadas telefónicas, chats o videollamadas.

Por otra parte, intensificar la higiene diaria para minimizar el riesgo de contagio y propagación del coronavirus sigue siendo fundamental, manteniendo el lavado de las manos tras un periodo de actividad, y siempre tras ir al baño y antes y después de las comidas. 

También es necesario establecer un horario y cumplirlo y, altamente recomendable, que tanto la hora de levantarse como de acostarse, así como los horarios del desayuno, comida y cena, sean siempre aproximadamente los mismos.

Otro tema muy importante es explicar a la persona con Alzheimer la situación para tratar de disminuir su confusión, y que, de esta manera, pueda comprender y habituarse al cambio en las rutinas. Para ello, se deberá adaptar la explicación a la capacidad cognitiva según la fase de la enfermedad y el grado de afectación del lenguaje.

GESTIÓN DE LA EPIDEMIA Y RESPUESTA DE LA POBLACIÓN
Todavía es pronto para hacer un balance completo sobre la gestión de esta crisis sanitaria, económica y social por parte de las autoridades españolas. En cambio, sí hay ciertas actuaciones que ya están siendo muy cuestionadas.

Según Jiménez-Ruiz, fue un gran error “no atender a las recomendaciones de la OMS y de algunas organizaciones de los profesionales sanitarios españoles que, ya a finales de febrero, hablaban de que estábamos a las puertas de lo que podría ser una importante epidemia, y que era conveniente poner en marcha medidas de distanciamiento social y de evitación de aglomeraciones”, algo que no se hizo hasta bien entrado marzo. 

Por otro lado, el experto también denuncia la falta de recursos destinados a los profesionales del ámbito sociosanitario, que “se han enfrentado a la epidemia sin la protección adecuada”. “Asimismo –continúa el presidente de la Separ–, tampoco se previó el problema ocurrido en las residencias de personas mayores, ni se solventó con la suficiente responsabilidad”. En la misma línea se manifiesta Castro Salomó, asegurando que “hemos podido constatar el impacto negativo de los recortes sanitarios aplicados por los diferentes Gobiernos”.

Con respecto al comportamiento de la población, los expertos coinciden en que, por lo general, este está siendo ejemplar, ya que la mayor parte está siguiendo con responsabilidad y rigurosidad las normas establecidas para frenar la propagación de la pandemia. Aún así, y a pesar de que los datos han permitido al Ejecutivo iniciar el denominado proceso de desescalada, Vallejo Maroto insiste en que “ahora no podemos relajarnos” y recuerda la importancia de “continuar con las recomendaciones proporcionadas por las autoridades sanitarias: la higiene frecuente de manos, evitar el contacto con la cara, mantener una distancia física con otras personas en la calle y en los trabajos, y el uso de mascarillas para disminuir la transmisión del virus en aquellos espacios donde sea más complejo guardar la distancia de seguridad”.

Por otra parte, Castro Salomó valora de manera positiva el papel de los medios de comunicación, “muy importante a la hora de concienciar a la población y divulgar medidas, ayudando a afrontar esta crisis con unas posibilidades de éxito inimaginables en epidemias anteriores”.

También es importante destacar el exceso de información y la difusión de bulos que ha habido a través de las redes sociales, y que ha exigido, en más de una ocasión, la intervención de entidades como la Agencia Española de medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS), con el objetivo de alertar sobre páginas web ilegales de venta de medicamentos falsificados, o informaciones engañosas acerca del uso del ibuprofeno y otros fármacos para tratar enfermedades frecuentes en personas mayores, como las cardíacas, renales y reumáticas.

Y AHORA, ¿CÓMO SE PLANTEA EL FUTURO?
La respuesta a esta pregunta es tan deseada como incierta. Parece que con la comunicación de las fases de desescalada se ha empezado a ver la luz al final del túnel aunque, como han advertido las autoridades, esta se hará de forma “asimétrica y gradual” y, en caso de que surja un nuevo brote, habrá que volver a tomar medidas drásticas. Lo que sí sabemos con certeza es que esta crisis marcará un antes y un después y, en palabras de Vallejo Maroto, “nuestra sociedad tiene que ver esta crisis como una oportunidad para mejorar la atención y las condiciones sociosanitarias, en especial la de las personas mayores”. Además, la situación vivida desde mediados del mes de marzo ha favorecido enormemente la mejora de la telemedicina y de los autocuidados.

En este sentido, según Vicente Pallarés, coordinador del Grupo de trabajo de Hipertensión Arterial y Enfermedad Cardiovascular de Semergen, “sin perder la esencia de la relación médico-paciente, estamos comprobando que se ha transformado y tecnologizado, y que el cambio puede ser definitivo”, destacando un fuerte incremento en el uso de recursos de teleconferencia o telefonía, como Skype, FaceTime o WhatsApp, para hacer un seguimiento de los pacientes. Además, el experto señala que “lo mejor es que los pacientes y los propios médicos empiezan a confiar mucho más que antes en estas tecnologías, se sienten cada vez más cómodos a la hora de utilizarlas y asumen que pueden resultar necesarias e imprescindibles en la etapa de postconfinamiento, sobre todo para hacer seguimientos o controles rutinarios, extender la prescripción de medicación ya establecida o responder dudas sencillas”.

Por otra parte, la mejoría del autocuidado es otro efecto secundario derivado de esta crisis. En el ámbito de la Atención Primaria, como asegura Pallarés, “estamos comprobando como muchos pacientes con enfermedades crónicas, como las cardiovasculares o renales, llevados sobre todo por el miedo o recelo a experimentar un agravamiento de su enfermedad de base, y verse obligados a acudir a su médico de cabecera o al hospital, están siguiendo de forma más estricta las recomendaciones de su médico”. Además, asegura que, poco a poco, va notando como sus pacientes empiezan a tomarse más en serio la realización de actividad física y la disminución del consumo de sal, mientras van entendiendo que no es necesario acudir a la consulta con tanta frecuencia com lo hacían antes.

Por último, otra oportunidad que ofrece la situación de excepcionalidad que existe actualmente es la de revisar algunos tratamientos farmacológicos que se mantienen durante años en pacientes mayores con enfermedades crónicas. A juicio del miembro de Semergen, “ahora es una excelente oportunidad para reevaluar todos sus tratamientos farmacológicos y desprescribir los que no sean necesarios u ofrezcan un verdadero beneficio y que, en caso de tener que ingresar por Covid-19, pueden generar interacciones y problemas más o menos graves”.

Es probable que el dolor y la incertidumbre que ha generado esta pandemia sigan presentes durante mucho tiempo. Lamentablemente, nadie puede devolver a la vida a todas las personas que no han sobrevivido a la enfermedad, ni pronosticar en qué momento volverá la normalidad al día a día de la población. En cambio, es más que probable que esta situación, que ha puesto al mundo patas arriba, contribuya a la mejora de los sistemas sanitario y social, empezando por la reorganización del modelo residencial, para así garantizar la protección del colectivo senior.




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