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Esprint en la vejez: el deporte como arma antienvejecimiento

Cada vez son más los senior que no solo llevan toda la vida haciendo ejercicio, sino que practican disciplinas deportivas, y no las abandonan al superar los 65 años. Sin embargo, todavía son muchos los que se resisten a ponerse en forma, normalmente porque padecen alguna patología y teman sufrir dolor. ¿Cuánto tiene de verdad esta afirmación?

A. Lemos 12-06-2019

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Por muy bien que suene el plan de quedarse en casa viendo tranquilamente la televisión, sabemos que no es lo que el médico de cabecera recomienda, especialmente, a partir de los 60 años. Según el Ministerio de Cultura y Deporte, el 70% de las personas de entre 65 y 74 años no practican deporte regularmente, porcentaje que se eleva hasta el 89% en personas que superan los 75. Las principales razones por las que no lo hacen son la falta de tiempo o de interés, los motivos de salud y el sentir que su edad es demasiado avanzada como para hacer deporte. Pero, ¿es posible ser ‘demasiado mayor como para hacer deporte’? 

Sin rodeos: la respuesta es no. Además, no gozar de buena salud, lejos de ser una de las razones por las que dejar de practicar deporte, es uno de los principales motivos por los que se insta a los mayores a moverse más. En este sentido, David Rodríguez, coordinador del Grupo de Trabajo ‘Actividad Física para Personas Mayores’ de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG), señala que “en los mayores, la motivación para practicar deporte no es la competición, sino realizar una actividad que tenga una finalidad saludable”. Es por ello que las prácticas deportivas deben “centrarse en el mantenimiento y la mejora de la salud a través de ejercicios que favorezcan las relaciones con otras personas y sean motivantes”.

Buscar un deporte que guste es cuestión de tiempo. Y la tarea se complica cuando hay enfermedades crónicas como la diabetes, la hipertensión o la artrosis de por medio, ya que condiciona el abanico de movimientos y ejercicios que se pueden realizar sin poner la salud en riesgo. Además, también hay que tener en cuenta que “cada persona es diferente y, por tanto, no es descartable la participación en actividades deportivas, pero siempre bajo control médico y la supervisión de un profesional del ejercicio físico”, indica Rodríguez.

La idea de ponerse en manos de uno de estos profesionales es que oriente al mayor hacia el deporte que más se adecúa a su persona y a sus necesidades. “Lo más importante –subraya Rodríguez– es conseguir aferencia hacia el ejercicio, para asentarlo como un hábito saludable que le ayude a mejorar su calidad de vida”.

En general, los mayores sin patologías diagnosticadas pueden hacer cualquier tipo de actividad deportiva, siempre y cuando se tenga en consideración la intensidad con la que se realiza. En cambio, aquellos con problemas de salud pueden presentar limitaciones a la hora de escoger un deporte, limitaciones que dependen del tipo de cronicidad que padezcan.

La natación es conveniente para las personas con problemas articulares, siempre y cuando se realicen ejercicios fuera del agua o se complemente con actividad como el aquagym, que potencia el trabajo de fuerza contra la resistencia del agua”, apunta Rodríguez. En el caso de personas con problemas de deterioro cognitivo leve, incluyendo la enfermedad de Alzheimer, se recomiendan ejercicios “con evocación, en las que los ejercicios combinados con actividades de focalización de atención ayudan a crear mayores redes neuronales”.

Para aquellos con Parkinson, el deporte que decidan practicar debería orientarse a “los ejercicios coordinativos, en los que se potencia la estabilidad de la marcha y el reajuste constante del equilibrio”, dice el especialista.

En un documento de la SEGG titulado ‘Guía de ejercicio físico para mayores’, aparecen más recomendaciones de actividades para personas de edad muy avanzada o incluso institucionalizadas según algunas de las patologías más comunes que suelen sufrir. Así, para la diabetes, la fragilidad, la artrosis o la depresión se propone combinar ejercicios aeróbicos (es decir, de intensidad baja a realizar durante un período de tiempo prolongado) con otros que entrenen la resistencia

Muchos senior, una vez diagnosticados con una cronicidad, consideran de poca utilidad hacer deporte. Además, los dolores y los impedimentos que pueden derivarse de la enfermedad hacen pensar que de nada sirve levantarse y practicar deporte, ya que ello puede causarles más dolor. Sin embargo, Rodríguez desestima rotundamente esta teoría. “El movimiento es una cualidad básica del ser humano, y la presencia del dolor es una de las fuentes para movernos. El secreto es dar con el tipo de deporte o de actividad física que debemos realizar para mitigar ese malestar”.

Pero, ¿cómo es posible que la práctica deportiva sea un recurso paliativo completamente válido? El experto explica que, de ser adecuados, los movimientos que se realizan mientras se hace deporte conllevan a una mejora metabólica o endocrina que, a su vez, conduce a un incremento de la autonomía. A esto hay que sumarle la sensación de una mejor imagen personal y de la autoestima, que consiguen que la persona socialice más y, por tanto, aumente su calidad de vida y atempere los efectos de las patologías crónicas. 

HACIA LA PREVENCIÓN
Los avances médicos, la mejora de la salud pública, la promoción de hábitos saludables y del bienestar, entre otros factores, han incrementado la esperanza de vida drásticamente en los últimos años. Este tiempo que se gana a la vida suele asociarse también a pasarlo con mala salud: según Eurostat, aunque vivamos hasta los 80, la media de años de vida saludable son 64,2 para las mujeres y 63,5 para los hombres, números que, afortunadamente, aumentan con el paso de los años. Así, cada vez son más los mayores de 65 que no sufren ningún tipo de trastorno o enfermedad crónica significativa.

Con el propósito de preservar su salud, también se les recomienda moverse. En esta última década, las aportaciones científicas apuntan hacia los ejercicios de fuerza (y no solo levantar pesas) como la base de todo trabajo físico. Por su parte, Rodríguez cree que deben entrenarse todas las capacidades: “Los contenidos de los programas de ejercicio físico para personas mayores deben ser multiobjetivo. No se deben centrar en uno solo, si bien en casos individuales siempre se puede enfatizar algún aspecto concreto”.

En cualquier caso, sano o enfermo, el especialista insiste en que “lo más importante es que el mayor diagnosticado tenga un control médico constante y realice la actividad supervisado por un profesional”. Y es que el deporte, una vez prescrito, es uno de los hábitos que ralentizan la aparición o progresión de problemas de salud y, por tanto, a mejorar la calidad de vida. Además, en la práctica deportiva, hay que tener en cuenta el factor social y afectivo, que aleja la soledad y el aislamiento social.

BIENESTAR EMOCIONAL
Pocos son los deportes que se practican individualmente. En equipo o por parejas, todos ellos necesitan la compañía de un entrenador, y dejan atrás la dinámica del gimnasio en la que los usuarios se turnan en las máquinas sin intercambiar palabra.

“El bienestar emocional siempre se ha relacionado con la síntesis de las llamadas hormonas de la felicidad”, explica David Curto, jefe de Gestión Asistencial en Sanitas Mayores. Se refiere a las endorfinas, que hacen que las personas estén más activas y se relacionen mejor. Y el hecho de practicar deportes en grupo “estimula el pensamiento múltiple, el compañerismo y la socialización”.

Por este motivo, el deporte se puede convertir en uno de los mejores tratamientos para enfermedades como la depresión. “La práctica deportiva disminuye los niveles de cortisol y aumenta, a través del bienestar que provoca, endorfinas y testosterona, hormonas relacionadas con la seguridad, la confianza y el bienestar emocional”, además de crear sensación de pertenencia al grupo.

Pero, ¿de qué tipo de deportes estamos hablando? Para Curto, son aquellos en los que la persona “ve una mejora progresiva en su práctica y que no constituyan una dificultad extrema o comprensiva para su realización. Además, deben ser de baja intensidad para no sobrecargar las articulaciones y que no incrementen el riesgo de caídas”. 

Estas condiciones nos llevan a pensar en deportes como la marcha nórdica, ya que, con la ayuda de bastones, se mejora la fuerza, la resistencia y la coordinación. Y, además del clásico salir a caminar rápidamente, señala el spinning –en tanto que se tenga la posibilidad de hacerlo–. “Actividades como bolos, petanca y similares, en las que influyen los aspectos cognitivos y la coordinación, son muy buenos desde el punto de vista emocional”, añade Curto.

LOS NUEVOS MAYORES
Los estilos de vida han cambiado radicalmente desde el último siglo. Ahora, el deporte está cada vez más presente en nuestras vidas y, cómo no, en las de los senior.  

“Cada vez hay más personas mayores practicando deportes porque vienen haciéndolo durante toda la vida”, asegura Rodríguez. ¿Acaso ha nacido un nuevo perfil de mayor? “Es posible”, responde Curto. “Habrá que ver la evolución en los próximos años, pero es cierto que, actualmente, las personas que van a entrar en la mal llamada ‘tercera edad’ son más activas en cuanto a la práctica de deporte, en cuanto a actividades y en cuanto a estímulos cognitivos. Seguramente vamos a encontrar perfiles de mayores muy diferentes”.

En su consulta, el doctor Domingo Pascual, coordinador del Grupo de Trabajo de Cardiología del Deporte de la Sociedad Española de Cardiología (SEC), nota la existencia de ambos perfiles: “Están las personas de 40 o 50 años, con muy buena condición física; y también el contrario, de personas muy sedentarias”. A esto, agrega que el estilo de vida de los 40 a los 60 marcará la salud a partir de los 60. 

Cuantas más personas de todas las edades se sumen a un estilo saludable, la esperanza de vida casi seguro que aumentará. Y el deporte, desde luego, desempeña un papel fundamental.




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