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El futuro del sector del envejecimiento se vuelca en tres ámbitos: salud, personas y cuidados

El perfil del mayor del siglo XXI impone nuevos retos sanitarios, y exige innovadoras fórmulas de convivencia y de modelos de atención

Emma Vicente / EM 18-07-2017

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Es probable que entre las paredes de lo que simula ser una gran ola que es el Palacio de Exposiciones y Congresos de A Coruña resuene todavía el bullicio del 59º Congreso de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG). Durante tres jornadas, los más prestigiosos profesionales en este sector dejaron sus palabras expertas en alguna de las 14 salas diarias realizadas y participaron en afables corrillos y emocionados reencuentros por sus pasillos. Más de 1.300 congresistas y 120 ponentes asistieron y protagonizaron sesiones plenarias y simposios clínicos, sociales y biológicos, además de talleres y presentaciones de la industria farmacéutica. Y también se dieron a conocer unas 500 comunicaciones científicas en diferentes formatos.
Todos estos abrumadores números dan cuenta de que este mundo se encuentra en crecimiento exponencial, pero, ciertamente, a estas especialidades les queda mucho trabajo por hacer. No hay más que ver los últimos datos recogidos por la Fundación Adecco en base a los aportados por el Instituto Nacional de Estadística sobre envejecimiento en nuestro país, que, una vez más, reflejan una tendencia imparable: España ha vuelto a registrar un máximo histórico de envejecimiento, del 118% o, lo que es lo mismo, ya se contabilizan 116 mayores de 64 años por cada 100 menores de 16. Es, por tanto, una evidencia palpable que el ámbito del envejecimiento está en ebullición y necesita de una mayor proyección y respaldo público.
El fenómeno global del envejecimiento poblacional y de la longevidad se puso de relieve desde el inicio del congreso. Así, Enrique Vega García, jefe de Unidad Curso de Vida Saludable (OPS/OMS), en la sesión plenaria inicial, reflejó lo que la OMS presentó como el Informe Mundial sobre el envejecimiento y la salud, “establecido sobre tres ejes prioritarios: no hay una persona mayor típica, la diversidad no es casual y el envejecimiento y la salud deben verse de cara al futuro y no al pasado”. En este punto, quiso destacar que “el costo en salud de las personas mayores es inversión y no gasto”, e incidió en que “edad avanzada no es igual a dependencia”. Sus palabras, que sirvieron para extrapolar un asunto como la Geriatría más allá de nuestras fronteras, fueron un marco perfecto para albergar diferentes ponencias, intervenciones y talleres, impartidos por las máximas figuras nacionales e internacionales. Este telón de fondo se mantuvo a lo largo del foro. E incluso, en este mismo escenario, se dio cabida a una intervención interesante y necesaria en la esfera pública. El periodista Víctor Sariego planteó que el lenguaje debe interesarse por actualizar sus registros hacia el colectivo de personas mayores. “Es imprescindible que se establezcan estrategias en los medios de comunicación para dar un enfoque positivo a la vejez”. Frases trasnochadas siguen imperando en el mundo informativo para referirse al senior. En su alegato, Sariego precisó que se impone “crear una guía de estilo para los medios, adaptada al sector de las personas mayores, y eliminando, de raíz, maniqueísmos y estereotipos”.

Hoja de ruta
El Congreso de la SEGG, que coincidió en celebración con el 29º Congreso da Sociedade Galega de Xerontoloxía y Xeriatría, sirvió para hacer balance de lo realizado y marcó su hoja de ruta futura. Bajo el lema “Envejecimiento y cronicidad: una oportunidad para la prevención y la innovación”, se puede decir que este congreso cumplió con las expectivas del presidente de la SEGG, José Antonio López Trigo, porque fue una oportunidad para abordar de una manera positiva el envejecimiento actual, que a su juicio, “representa un logro y una victoria”. En el congreso se presentaron las novedades más destacadas de la Geriatría y la Gerontología del último año, desde la prevención pero también desde la innovación. Y tras su celebración se puede concluir que son tres las grandes claves que presiden las líneas de trabajo futuras fijadas por este sector: ahondar en la investigación de temas sanitarios más específicos hacia este colectivo; dar respuestas a las nuevas formas de convivencia que se imponen ante el nuevo perfil del mayor; y situar a los cuidadores en el mismo foco del modelo de atención centrado en el ser que el usuario mayor, una línea en la que la formación se constituye como el verdadero motor que revolucionará este ámbito. Por cierto, tres campos que en su intervención, Ángel Rodríguez Castedo, exdirector general del Imserso, también preconizó, abordando el envejecimiento desde la salud, las personas y los cuidados.

1. Los retos de la salud: hacia la Década del Envejecimiento Saludable
Siguiendo con el hilo conductor de Enrique Vega, en la salud del mayor, “la atención del profesional, apoyada por políticas públicas activas, debe centrarse en una mejora de las capacidades funcional e intrínseca del mayor”, apuntó. Con este fin, el experto recordó que en 2016 se aprobó la Estrategia Mundial y el Plan de Acción sobre el Envejecimiento y Salud, y se decidió que de 2020 a 2030 sea la Década del Envejecimiento Saludable. Con ese horizonte claro, el campo sanitario tiene una ingente labor por delante. Desde este foro, varios fueron los puntos destacados sobre los que trabajar: se habló del sistema de vacunación en mayores, para el que exigen el mismo apoyo y prioridad que en el de la infancia.
También se abordó el deterioro cognitivo, poniendo el foco en la Disfunción Cognitiva Postoperatoria.
Pero este foro hizo una especial mención a lo que ya se considera la epidemia del siglo XXI entre este colectivo, la Insuficiencia Cardíaca (IC). Para el doctor especialista en Geriatría y coordinador del Área de Gestión Clínica de Geriatría del Hospital Monte Naranco de Oviedo, José Gutiérrez Rodríguez, se trata de una enfermedad crónica de gran prevalencia que afecta a unas 500.000 personas en España. Su incidencia no para de incrementarse debido al aumento del envejecimiento poblacional y a las enfermedades asociadas a ella. De hecho, en el caso de las personas mayores, subraya, la IC se suele desarrollar a la par de otras enfermedades como la hipertensión arterial y sobre todo la diabetes mellitus o la obesidad.
Estamos, pues, ante uno de los principales problemas sociosanitarios del país –porque genera un elevado consumo de recursos sanitarios y sociales– y paradigma de la Geriatría, ya que es la primera causa de ingreso hospitalario entre las personas de más de 65 años, que incrementa el riesgo de institucionalización y que, además, se asocia a un alto índice de reingresos, es decir, disminuye además la calidad de vida de quien la padece. También a una mortalidad del 30% al año transcurrido o del 50% a los cinco años. Incidencia superior a multitud de enfermedades como el cáncer. Como asegura Gutiérrez, este síndrome representa, “uno de los mayores desafíos organizativos y económicos que afrontan los sistemas sanitarios”. Reducir los ingresos y reingresos por IC es “una de las prioridades de los sistemas de salud”, afirma, “lo que condiciona y hace urgente el desarrollo de nuevos programas de atención y prevención y nuevos fármacos en el tratamiento de la enfermedad”. Porque además, añade, la IC debe ser abordada desde el punto de vista multidisciplinar, implicando a distintas especialidades médicas y sanitarias: Geriatría, Medicina Interna, Enfermería, Psicología Clínica, etcétera”.

El poder longevo de los estrógenos
“Hay evidencias para decir que se puede retrasar la transición a la demencia. El tratamiento está ahí, no para curarla, sino para retrasar su aparición”. En abril de este año es cuando el doctor y catedrático de Fisiología en la Universidad de Valencia, José Viña Ribes, llegó a esta conclusión. Y esto es revolucionario ya que, como explicó, “el Alzheimer supone un enorme costo personal y social. Si se retrasa su aparición en cinco años, se disminuyen sus efectos a la mitad”. Su análisis parte de investigar la longevidad en las mujeres: “llegan a vivir de media hasta 14 años más de vida que los hombres”, pero no solo en cantidad, sino en calidad. “Algo que les es proporcionado, de forma natural, por sus hormonas, los estrógenos. De hecho, la esperanza de vida al nacer de las mujeres, 84 años, sigue siendo mayor que la de los hombres, 81 años”, puntualizó el experto. Esto le condujo a buscar efectos similares a los estrógenos en dos sociedades longevas. Y tomó como referencia a Japón y España, y así llegó a los fitoestrógenos, presentes en ciertas plantas y legumbres con los que “se puede vivir más y mejor” y que recomienda vivamente. Incluso como apoyo en tratamientos para retrasar el Alzheimer. Estos compuestos químicos naturales están presentes en la soja y en el vino tinto, parte fundamental de las dietas de los países estudiados. Eso sí, en el caso del vino tinto, recomienda “dos vasos al día y con aprobación del médico en cada caso”. Esta es la cantidad analizada en sus investigaciones en Valencia, con las que concluyó que el vino contribuye a alargar la vida, influyendo hasta en los genes de la longevidad, coincidiendo con otro estudio de la Universidad de Cambridge.
A partir de estos hallazgos, profundizando en sus investigaciones, llega a la genisteína, fitoestrógeno perteneciente a la categoría de las isoflavonas, también presente en la soja, y magistral en la prevención de la demencia tipo Alzheimer, entre otros beneficios.
En opinión de Viña Ribes, “es importante vivir más, pero también mejor, disfrutar la vida, llegando al final en las mejores condiciones físicas y mentales. El secreto no solo está en los genes, sino también en la actitud y el modo de vida”. Como colofón, el experto recomienda  llevar una vida basada en cuatro parámetros principales: “cuatro piezas de fruta y verdura al día, no fumar, ejercicio físico y evitar el alcohol, aunque, de forma moderada y con mucha prudencia, un poco de vino”.

2. Los retos de las personas: combatir la soledad
Gema Pérez Rojo, coordinadora de la Titulación de Psicología en la Facultad de Medicina de la Universidad CEU San Pablo, lo señaló claramente en el congreso: “la soledad hace más vulnerables a los mayores”. Se imponen nuevas formas de vivencia y convivencia. El actual perfil del mayor exige soluciones innovadoras compatibles con los estilos de vida contemporáneos. Por ello, este congreso planteó si “estamos preparados para las personas mayores que vienen”. En este simposio fue magistral la intervención de Jaime Moreno, transgresor en su vida personal y profesional, que quiso revolucionar el concepto de la convivencia en la vejez. Visionario en todas sus facetas, también lo fue con Trabensol, un centro social de convivencia para mayores, ubicado en el municipio madrileño de Torremocha de Jarama. Este entorno fue construido por 54 amigos que, en 2002, se plantearon este sueño y que lo idearon teniendo tres aspectos muy en cuenta: “debía ser un enclave bioclimático, con escaso impacto medioambiental y con un mantenimiento económico”. Moreno repasó algunos de los aspectos fundamentales de la gestación, el desarrollo y la actualidad de la cooperativa Trabensol, en la que conviven 82 personas y cuya máxima se fundamenta en “colaborar y no en competir”.
Elena Martínez Rodríguez, de Sirimiri Servicios Socioculturales de Vitoria-Gasteiz, expuso, por su parte, otra alternativa. En su caso, explicó cómo fue la implantación del modelo de Atención Centrada en la Persona (ACP) en sus complejos gerontológicos de Vitoria, en los que destacó “que las propias personas mayores, son quienes marcan el ritmo”. Su modelo de formación y acompañamiento, sobre el que trabajan desde 2014, se ha desarrollado ‘a medida’ en cada uno de los centros, dependiendo de los usuarios, sus familiares y de los trabajadores. La implantación del modelo ACP ha sido “muy positiva”. En cuanto a los profesionales, “hay un cambio de visión, están más satisfechos, abiertos a más flexibilidad y se observa un avance hacia el equipo y en lo personal”. En cuanto a las personas mayores usuarias, “detectan más autonomía, mejor atención y más implicación”, destacó.
Por último, el gerontólogo José Antonio Rabadán abordó la actualidad de los entornos residenciales y realizó una proyección futura del sector, “en efervescencia a la luz de los movimientos empresariales”. Su preocupación se cierne sobre el futuro porque considera “que estas concentraciones estén dejando de lado las necesidades del mayor”, algo que vaticina, “se verá con nitidez entre 2020 y 2050”, cuando aboque un “nuevo perfil de usuario, más autónomo, con formación superior, con más exigencias, y ante un horizonte que se plantea como una oportunidad para reinventar los recursos y con plazas insuficientes”. Por eso, el gerontólogo aclaró: “¿Nuevos centros para los nuevos mayores? Sí”. Pero lanzó al aire una interesante reflexión: “¿Ingresaríamos en un centro como los actuales?”

3. Los retos de los cuidados: formación innovadora
“Sin cuidados no hay sociedad”. Así de rotunda se manifestó Mayte Sancho, directora científica de Matia Instituto Gerontológico, en su intervención desarrollada en un interesante simposio titulado “Cuidar como nos gustaría ser cuidados. Antes los cuidados, primero las personas”, organizado en colaboración con Obra Social La Caixa, y en el que esta fundación difundió los resultados de una encuesta sobre preferencias y expectativas ante el cuidado. Como señaló Sancho, “los cuidados van desde la infancia, pero hay que poner en valor la atención a las personas mayores, que no está suficientemente valorada a nivel público. Desde su punto de vista, hay que combatir estereotipos y la infantilización, crear entornos amigables y dignos, con información, acompañamiento al final de la vida, que hay comunicación y escucha, cuya clave es armonizar el momento de necesidad y ayuda, y fomentar el buen trato y nuestro compromiso social”.
En este espacio también intervino Daniel Prieto Sancho, de la Universidad Complutense de Madrid, que abordó, de una manera muy reveladora, las relaciones de dependencia mediadas por el cuidado, una vinculación que debía ser “rediseñada, ya que dependientes y cuidadores comparten muchas demandas”. En esta aproximación hizo dos distinciones: sobre la cultura de los cuidados devaluada y el rechazo a la atención en el ámbito familiar. Sobre el primero, el experto señaló que “hay una crisis de los cuidados ya que el modelo tradicional se está resquebrajando, la sociedad se está poniendo en contra, ya no hay hueco en el mercado”. Esto plantea una cuestión: “¿Quien va a cuidar en el futuro?” En su opinión, es obligado acometer “cambios irremediables que deben estar liderados por la ciudadanía, en colaboración con el Estado y el sector privado”. En cuanto al segundo bloque, es decir, el rechazo al modelo de cuidado tradicional familiar, esto se debe al “escenario de aislamiento que genera esta experiencia totalizadora. Los vínculos familiares establecen una interconexión en los que el cuidador y el cuidado no tienen autonomía. A su juicio, “existe un tratamiento social pésimo, de estos cuidados”. Por ello, como consecuencia, “se debería considerar los entornos y no las personas como unidades investigables y habría que diseñar programas de intervención más eficientes, integrados en el ecosistema de la persona”, porque, en definitiva, “el bienestar de cada parte, depende del bienestar del conjunto”.
Fue muy enriquecedora la aportación de Rosa López Mongil, jefa de la Sección Clínica de los Servicios Sociales en el centro asistencial vallisoletano “Dr. Villacián”, para quien las app existentes facilitan, acompañan y asesoran en el papel diario de trabajadores asistenciales. En su intervención, destacó los sistemas de apoyo a cuidadores online que hay a nivel mundial y que resultan de gran utilidad en muchos campos. Pero, también apuntó que “es necesario la implicación del médico a la hora de utilizar la tecnologías. En general, su apuesta denodada por las app, se debe a que “son muy eficaces porque son personalizadas, predictivas, preventivas y participativas”.
Cumplir las expectativas del mayor y compatibilizarlas con la labor diaria del cuidador es, sin duda, una difícil y ardua tarea. En esa línea enfocó su intervención la gerontóloga Lourdes Bermejo, quien desarrolló un taller práctico entre profesionales del sector titulado “Gerontagogía especializada”. La experta contextualizó la experiencia enfrentándola a dos interrogantes: “¿Las políticas consiguen fortalecer la autonomía y empoderamiento de los mayores? y ¿Existen los mecanismos de participación adecuados en las políticas asistenciales y educativas para ello?”. Con esta perspectiva en mente, Bermejo dividió a los participantes según la labor profesional que desarrollan diariamente. Y en grupos, respondieron a una batería de preguntas, en primer lugar sobre la relación con los profesionales y, en segundo lugar, sobre cuestiones a nivel social y comunitario. Las reflexiones, que debían ser discutidas por grupos, arrojaron la necesidad de fórmulas que permitan autoevaluar el trabajo diario que desarrollan.
Hacia esta filosofía de diseñar programas más eficientes integrados en el ser es lo que la formación dirige sus pasos. Y en ese camino, EM Formación desarrolla y despliega sus distintas líneas de trabajo enfocadas a las necesidades del mayor, pero también de su cuidador y/o familiar. Una apuesta decidida fruto de contrastar realidades e investigaciones presentadas en foros como este, que cada año la SEGG organiza. Recoger el guante es una obligación social.

>> "Visión de futuro", por José Antonio Rabadán Sánchez.

>> Entrevista con Elena I. Daprá, directora técnica de Entremayores Formación.

>> La SEGG habilitará una app imprescindible para el sector.


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