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¿Existe un peligro real de que la tecnología cree una exclusión digital en el sistema sociosanitario?

Aunque es una amenaza que todos los expertos contemplan, se asegura que el riesgo de que se materialice es muy bajo. En el caso de la teleasistencia, se trata de un servicio cuyos avances siempre buscan la accesibilidad

Redacción 13-11-2020

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La brecha digital, que hace referencia a las personas que se quedan atrás en cuanto al uso de la tecnología, es una problemática más delicada si cabe cuando su ámbito de acción es el sociosanitario. La teleasistencia es un recurso que se ha ido refinando con los años para lograr que sus avances sean, cada vez, más amigables para todas las personas y, en especial, para uno de los colectivos más vulnerable en este sentido, las personas mayores. ¿Existe un peligro real de que se cree una exclusión digital en el sistema sociosanitario? 

Según Toni Rivero, “la amenaza existe, pero el riesgo de que se materialice es muy bajo”. Para el investigador de la UAB, “todos los actores implicados están muy concienciados para evitar que se produzca la exclusión digital en este ámbito. De hecho, pienso que esta concienciación, la cual comparto completamente, puede estar retrasando la adopción de determinadas innovaciones tecnológicas en el sistema sociosanitario”. Un ejemplo, apunta, es que durante mucho tiempo “se ha retrasado la programación online de visitas de atención o no se han mandado mensajes a los teléfonos móviles” y esto se justifica porque todavía “hay muchas personas usuarias que no pueden utilizar dicho sistema, en vez de plantear medidas de acompañamiento que lo compensen”.

Desde TecnoAccesible se incide en que el servicio debe adaptarse a las capacidades de todas las personas, una obligación de la propia tecnología por ser accesible siempre. En el caso de la teleasistencia, dice Santiago Gil, “la exclusión digital no tendría por qué darse. En primer lugar, porque las funciones básicas y avanzadas del servicio requieren una intervención mínima, como es pulsar un botón, en caso de emergencia, o son automáticas”.

Gil reconoce que, pese a que las nuevas generaciones candidatas al servicio de la teleasistencia tienen una mayor experiencia con las nuevas tecnologías, pudiéndose explotar mejor las posibilidades que ofrece o puede ofrecer en el futuro (agenda de eventos y citas, videoconferencias, colocación de sensores biomédicos...), todavía “puede haber personas que no alcancen esas competencias y no puedan disfrutar de esas posibilidades de forma autónoma”. En estos casos, señala el experto, “el servicio debe proporcionar alternativas para guiar al usuario en esas tareas telemáticamente o bien recibir una asistencia presencial”. 

Por su parte, Carlos Capataz asegura que “en España tenemos la suerte de tener dos sistemas robustos de calidad y universales tanto en lo social como en lo sanitario. La exclusión puede venir si no se integran ambos”. Para el director de Servicios Tecnológicos Digitales de Cruz Roja, un desafío importante en el horizonte y que hay que acometer sin dilación es “el acceso a la alta velocidad de Internet en todos los ámbitos rurales”, con una “ tarifa económicamente viable para este perfil de personas, en las que el pellizco de la cuota de estar conectado puede ser muy doloroso en sus pensiones”.



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