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La contribución española a la carrera contra la Covid-19

En España no nos hemos quedado de brazos cruzados ante el avance de la pandemia. Farmacéuticas y CSIC trabajan a contrarreloj para acabar con el virus

Redacción EM 12-10-2020

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Una muestra de la vacuna que ensaya Janssen en España.

A principios de julio, la farmacéutica paneuropea Rovi anunció que fabricará, en su laboratorio de madrid, el llenado y acabado de la candidata de Moderna cuando esta se comercialice. Esta fue una de las primeras contribuciones españolas para acabar con la pandemia.

Le siguió el anuncio de que Janssen experimentaría su propuesta en tres hospitales españoles; y que una empresa con sede en O Porriño (Pontevedra), Biofabri, del grupo Zendal, fabricará la candidata de la estadounidense Novavax, que se encuentra en fase 2. 

Pero no solo dependemos de otras compañías para participar en esta lucha. También la protagonizamos. Concretamente, desde el CSIC se están desarrollando otras tres candidatas a vacuna. La investigadora Isabel Sola, de hecho, es una de las artífices de una propuesta basada en replicones no infectivos, junto a sus compañeros Luis Enjuanes y Sonia Zuñiga.

Esta vacuna, según nos explica Sola, utiliza al propio SARS-CoV-2, pero completamente desnudo de todos aquellos componentes que lo convierten en un virus. “Le quitamos todos los componentes que causan enfermedad hasta dejarlo reducido a la maquinaria que le permite multiplicarse a sí mismo y a varias proteínas del virus que sabemos que son importantes para preparar al sistema inmunitario, entre ellas, la proteína S”, explica la experta. Con este tipo de vacuna, la respuesta inmune es “más completa y más equilibrada”, indica.

Por otro lado, los investigadores Mariano Esteban, Juan García Arriaza y Carmen E. Gómez, están creando otra propuesta de vector viral no replicativo, es decir, como la de AstraZeneca y Oxford y Janssen. En este caso, se utiliza como vector viral al virus vaccinia –utilizado en la erradicación de la viruela– con las proteínas con las que el cuerpo podrá identificar al SARS-CoV-2. Que sea de este tipo permite “trabajar en condiciones de menor nivel de seguridad biológica” al no requerir de la utilización del nuevo coronavirus, por lo que la complejidad a la hora de desarrollarlo es menor. “Además”, reza un informe del CSIC en el que explica el funcionamiento de esta vacuna, “debido a su alta atenuación ya demostrada, esta vacuna sería segura y se podría administrar en todas las edades a todo tipo de población, incluyendo a personas con inmunodeficiencias”.

Por último, el proyecto del doctor Vicente Larraga, con el Centro de Investigaciones Biológicas (CIB), se parece a la de Moderna, con la diferencia de que, en vez de utilizar ARN, utiliza el ADN –el código genético– del virus. La célula “lee” este ADN y lo convierte en ARN. “El ADN es una molécula más estable”, explica Sola, “y no hace falta envolverla en nanopartículas, por lo que es más sencilla de manipular y, por lo tanto, menos costosa a la hora de fabricarla”.



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