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ANNA NONAFONF / PROFESORA DE GERONTOLOGÍA Y ENFERMERÍA DE LA FACULTAD DE CIENCIAS DE SALUD Y BIENESTAR DE LA UNIVERSIDAD DE VIC

'Es necesario romper con la mirada homogeneizadora de la vejez que niega la diversidad'

Hablamos con la profesora Bonafont sobre las carencias que nos encontramos en estos recursos y cuál es la tendencia actual de los servicios en el hogar

Redacción 15-07-2020

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PREGUNTA.- En una declaración en favor de un cambio en el modelo de cuidados de larga duración de España usted es una de las firmantes), se estima urgente avanzar en el diseño de una propuesta de atención integral en el domicilio. ¿Hacia dónde debería encaminarse la nueva  atención en el hogar?

RESPUESTA.- Como usted dice, la declaración apunta a una revisión urgente con la finalidad de implementar un modelo de ‘Atención Integral e Integrada Centrada en la Persona’, que sea capaz de coordinar los papeles que cumplen los  distintos agentes implicados en los cuidados: la propia persona, las familias y cuidadores, los servicios sociales, la atención primaria y especializada en salud, el voluntariado, los servicios comunitarios de proximidad y las iniciativas de participación social y comunitaria. Todo ello partiendo de metodologías de coordinación y continuidad entre los diferentes servicios, de gestión de casos y de coordinación de apoyos, sin olvidar los sistemas de información compartidos entre los ámbitos social y de salud. 

Consideramos necesario desarrollar mecanismos de participación de las personas usuarias y sus familias en los diferentes niveles de la Administración pública mediante consejos o comisiones de seguimiento para valorar el desarrollo y la eficacia de los servicios y el modelo de atención. 

Por otro lado, en la declaración apelamos al compromiso e implicación del Gobierno para poder implementar dicho modelo a partir de la legislación, la dotación presupuestaria para llevarlo a cabo, así como de los mecanismos para el seguimiento de la calidad de los programas y cuidados. 

Al mismo tiempo, se tendrá que revisar la cobertura actual de los servicios domiciliarios para que la persona pueda continuar en su casa el máximo tiempo posible, la regulación laboral de las personas que prestan los cuidados y unas condiciones de trabajo dignas. 

Los proveedores de servicios han de asegurar la continuidad de los cuidados, asegurando que se produzcan los mínimos cambios posibles de los profesionales asignados a la persona.

P.- En este sentido, ¿cuáles son las carencias actuales de estos recursos?

R.- En primer lugar, creo que es necesario romper con una mirada homogeneizadora de la vejez que niega la diversidad y la subjetividad de las personas, para basarse en una visión fundamentada en sus derechos, singularidades y preferencias. 

Se necesita una legislación que desarrolle el modelo en el ámbito social y de salud, que evite la fragmentación y la falta de coordinación de los servicios, así como el desarrollo de sistemas de información compartidos. 
Hay que revisar la acción comunitaria de la atención primaria de los servicios sociales y de salud, dotándoles de los medios necesarios, todavía escaso.

Es necesario asegurar unas condiciones laborales seguras que garanticen la formación de base y continuada de los profesionales. 

La adjudicación pública de los servicios domiciliarios concertados ha de priorizar la calidad de los procesos de cuidados, la implementación de un enfoque comunitario y centrado en la persona, la gestión de casos y coordinación de los cuidados, dejando en segundo termino los criterios de costes del servicio que pueden representar un detrimento de la calidad y efectividad. 

Se ha de tener en cuenta la función humanizadora de los cuidados, la cual se ejerce mediante la comunicación y la relación interpersonal entre la persona que necesita apoyos y el profesional. Los proveedores han de rendir cuentas sobre la calidad de los servicios que ofrecen y garantizar la formación y actualización continua de los profesionales que intervienen. 

Dichos proveedores deben garantizar una atención personalizada en función de las necesidades de la persona y no en la organización que presta el servicio, tanto en la programación de los servicios como en los criterios ‘tayloristas’ para llevar a cabo los cuidados, basados en las tareas y no en las necesidades de las personas que los reciben. 

Se deberá tener en cuenta la creación o reforzamiento de los mecanismos de observación, de detección y los circuitos de actuación en las situaciones que indiquen negligencias en los cuidados o malos tratos, tanto de las personas que conviven con la persona, familiares o cuidadores. 

Finalmente, tenemos pendiente impulsar programas destinados a evitar la soledad no deseada o el aislamiento de las personas que necesitan apoyos. El enfoque comunitario puede contribuir a paliar a este tipo de situaciones que son cada vez más frecuentes, a pesar de su invisibilidad.

Emergen numerosas experiencias relacionadas con actividades orientadas al envejecimiento activo, cabe pensar que sería conveniente pensar en alternativas que permitan articular algunas de estas actividades para las personas que necesitan apoyos y que residen en sus casas. 



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