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Mercedes Villegas / Directora de Grandes Amigos

'La soledad, y el envejecimiento en general, requieren soluciones transversales que impliquen a toda la sociedad'

La directora de Grandes Amigos destaca, en esta entrevista, que 'en lugar de naturalizar la vejez como una etapa positiva, se estigmatiza. El edadismo es la discriminación más absurda, pues es tirar piedras sobre tu propio tejado'

M.S.Massó / EM 05-02-2020

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Pregunta.- Hace 17 años que Grandes Amigos está al lado de las personas mayores. ¿De qué manera ha ido creciendo esta entidad, teniendo en cuenta que también han ido cambiando las necesidades de los senior?

Respuesta.- Seguramente la clave ha sido ser fieles a nuestros orígenes: Grandes Amigos nació casi como un proyecto de barrio, donde un grupo de jóvenes le dimos forma de ONG de voluntariado a los acompañamientos que hacíamos a personas mayores del barrio que se encontraban solas. Organizábamos quedadas en grupo, llevábamos nuestros propios termos de café y compartíamos con las personas mayores buenos ratos, todo muy familiar y modesto pero con mucha calidad humana, cercanía y vecindad. La prioridad siempre ha sido esa, generar relaciones afectivas duraderas y de calidad y, desde la proximidad, tejer red y equipos en torno a las personas mayores en situación de soledad. Esta va a ser una de las claves para afrontar la soledad en la sociedad que viene, con núcleos de población cada vez más grandes y con distancias más amplias. Manteniendo esa filosofía, y adaptándonos continuamente a las personas mayores, ya acompañamos a 855 personas mayores junto con 904 voluntarios en los 21 distritos de la ciudad de Madrid y en otros municipios como Móstoles, San Fernando de Henares, Torrejón de Ardoz, Vigo, Donostia y Lasarte-Oria. En 2020 vamos a potenciar el trabajo que venimos realizando en estos lugares y a empezar a actuar en nuevos territorios. Para garantizar que seguiremos siendo útiles a una sociedad en constante cambio y dar respuesta a esta creciente demanda de nuestra labor, en estos momentos estamos elaborando un Plan Estratégico de la entidad. Queremos poner unas bases sólidas del proyecto de aquí al futuro. Y lo estamos haciendo con la participación de todas las personas que forman parte de Grandes Amigos: desde las propias personas mayores que acompañamos, a los voluntarios y vecinos, pasando por los profesionales, el patronato, los socios y donantes y las entidades colaboradoras. La soledad, y el envejecimiento en general, requieren soluciones transversales que impliquen a toda la sociedad.

P.- Al respecto de este triste fenómeno. ¿Por qué cree que se han disparado tanto estas cotas de soledad entre las personas mayores?

R.- Por un lado, es cierto que ahora se conoce más gracias a la atención que prestáis los medios de comunicación, como Entremayores, lo que permite que cada vez más gente tome conciencia y también se anime a colaborar con las organizaciones que intervenimos para mejorar la vida de los mayores en situación de soledad. Por otro lado, hay una realidad demográfica y sociocultural que contribuye a que haya más soledad. Para empezar, somos uno de los países del mundo con mayor esperanza de vida, lo cual es una gran noticia, y en menos de 50 años se estima que uno de cada tres españoles tendrá más de 65 años. Pero hay muchos más factores: viviremos más años, pero más solos, ya que los nuevos modelos de familia están compuestos por menos individuos y la tasa de natalidad es muy baja; cada vez vivimos más separados, en ciudades que se estiran y dificultan las relaciones sociales; la escasa conciliación laboral y el actual ritmo de vida frenético tampoco ayudan; vivimos en un mundo cada vez más individualista, impersonal y desconfiado para el trato personal, tanto que bastante gente prefiere relacionarse con desconocidos mediante las redes sociales que con sus vecinos; hoy más que nunca se mide el valor de las personas en términos de productividad, así que una vez se jubilan pierden todo su valor; la actual sociedad prima lo inmediato, lo superficial y el aparentar sentirte siempre joven y feliz, algo que genera muchas frustraciones, pero sobre todo hace que se dé la espalda al valor de la experiencia y a todo lo que nos aportan las personas mayores, infantilizadas y discriminadas a su vez por falsos estereotipos que vinculan vejez con declive vital, tristeza, incapacidad o enfermedad, así que luego nadie quiere hacerse mayor ni relacionarse con personas mayores. Todo este contexto, sumado a otras dificultades que vemos especialmente en personas muy mayores, como accesibilidad, movilidad reducida, problemas crónicos de salud, pobreza, etcétera, hacen que cada día tengamos que hablar más de soledad, aislamiento e incluso exclusión social.

P.- ¿En qué medida les llega a afectar este aislamiento social que sufren tantos mayores en España?

R.- Seguramente va a acabar afectando a su bienestar, a su dignidad y a su salud. Es como la pescadilla que se muerde la cola: si una persona mayor que ha ido perdiendo sus lazos afectivos y que además vive en una 4ª planta sin ascensor y tiene problemas de salud, va a tener más complicado salir de casa y hacer amistades con las que mantener hábitos saludables, que a su vez le ayuden a prevenir nuevos problemas de salud física o mental. Sin embargo, en estos años, en Grandes Amigos hemos visto muchos casos en los que, gracias a la buena coordinación con los profesionales de los servicios sociales y con el apoyo del voluntariado y las actividades de socialización que organizamos, hemos logrado romper ese círculo vicioso mejorando la vida de los mayores. Eso sí, tampoco se puede decir que “la soledad mata”, porque no es cierto ni riguroso, y porque ese tipo de afirmaciones le hacen un flaco favor a la causa. Transmitir que la soledad es una epidemia y una enfermedad, y que es exclusiva de la vejez, generan una alarma social innecesaria, estigmatizan el problema y, en consecuencia, van a hacer más difícil que quien viva esa soledad dé el paso de pedir ayuda y buscar soluciones.

P.- ¿Es posible revertir esta situación? Es decir, ¿cómo podemos ir poniendo fin a este problema?

R.- La soledad es la consecuencia de múltiples factores sobre los que hay que trabajar. Como hemos visto, tiene que ver con el modelo de sociedad que tenemos, con el individualismo, con los estereotipos de la vejez, el estigma de la propia soledad, con vincular la felicidad y el éxito a los logros individuales pero no a los colectivos, con la desaparición de las redes vecinales y la desconfianza hacia la persona que tenemos al lado, pero, por supuesto, también con otros factores más tangibles como la pobreza, la exclusión, la falta de accesibilidad o la propia salud de cada persona mayor. Darle la vuelta a todo eso es complejo y no es rápido, pero hay que hacerlo y debe ser entre todos, porque nos afecta a todos. Empecemos por potenciar los proyectos de participación ciudadana como el voluntariado de acompañamiento afectivo y redes vecinales, que favorece la autonomía, inclusión y desarrollo personal y social de las personas mayores, a la vez que reporta beneficios al resto de la sociedad. Y trabajemos ya en prevenir y sensibilizar contra los edadismos y haciendo real la participación de las personas mayores en todos los ámbitos de la vida.

P.- Uno de sus proyectos estrella es Grandes Vecinos. ¿Cómo se articula esta iniciativa y cuáles son los beneficios que reporta a la calidad de vida de los mayores?

R.- Grandes Vecinos es nuestro programa de prevención de la soledad, yo diría que entre las personas mayores de hoy, pero también entre las de mañana. Suelen participar aquellas que aún son más o menos autónomas, entran y salen de su casa sin problemas, pero que empiezan a sentir la carencia de relaciones sociales. Así que les ponemos en contacto con tres o cuatro vecinos de su barrio para que compartan actividades en su entorno: la persona mayor puede quedar con uno de los vecinos, a veces con varios, y otras incluso con otros de estos grupos que hemos formado en el mismo barrio, de manera que las redes cada vez son más amplias. En Grandes Vecinos no existe el compromiso de quedar 2 horas todas las semanas (algo que caracteriza a nuestro programa de acompañamiento afectivo en domicilios y residencias), sino que es más flexible y permite recuperar algo tan saludable como las relaciones vecinales de toda la vida, que aún se dan en los pueblos. Por ejemplo, quedan para dar un paseo, tomar un café, ir juntos al cine o incluso regarse las plantas. Además, existe la figura del vecino dinamizador, que también puede ser una persona mayor, que se encarga de promover actividades para compartir en grupo e incluso implicar a comercios y otros agentes del barrio. Todo ello se combina con una plataforma web, que facilita esa dinamización y el seguimiento y análisis de las actividades realizadas en torno a las personas mayores.

P.- En España sigue existiendo una imagen estereotipada del envejecimiento asociada a algo negativo, triste y, en ocasiones, dramática. Vamos a darle la vuelta a esta imagen: ¿cómo son, en clave positiva, los mayores de hoy?

R.- Las personas mayores, ante todo, son diversas, igual que lo son las que tienen 30 o 50 años. Por eso el primer error es meterlas en el mismo saco. ¿Acaso los más de 9 millones de personas mayores que hay en España se pasan el día sentados en un banco mirando una obra, viendo la tele o mirando con drama a través de una ventana? Por supuesto que no, la realidad es muy diferente: siguen formándose, estudian, leen, viajan, cultivan su huerta, cuidan de sus nietos quienes los tienen, practican ‘hobbies’ que les llenan e incluso nos enseñan a practicarlos al resto, como Maravillas, una mujer que acompañamos y que ha impartido sus propios talleres de papiroflexia a otras personas mayores y voluntarias de Grandes Amigos. Venimos observando que muchos mayores ya han tenido una trayectoria cualificada, han contribuido y peleado por los derechos que hoy todos disfrutamos y no se identifican ni aceptan ese papel sumiso, pasivo y negativo que la sociedad te adjudica cuando cumples los 65. Son más exigentes y reivindicativos y es la sociedad la que tiene que cambiar cómo las trata, no ellas. Mostrar esta realidad diversa, derribar los edadismos… es esencial para naturalizar la vejez como una etapa más de crecimiento personal y de continuidad del proyecto vital donde hay mucho que aportar. Es lo que pretendemos en nuestra reciente campaña de sensibilización ‘Orgullo de arrugas’ (orgullodearrugas.com), donde no pedimos edulcorar la imagen de la vejez, sino verla de manera realista y natural.

P.- Otro de los esfuerzos de la ONG se dirige al fomento de las relaciones intergeneracionales. ¿En qué medida estas son tan positivas para jóvenes y mayores?

R.- Sin duda son beneficiosas, permiten un intercambio de experiencias, de conocimientos y de formas de ver la vida que enriquece mutuamente. Un voluntario joven, a través de la relación que traba con la persona mayor, va a poder acercarse sin prejuicios a la vejez y prevenir situaciones que se encontrará cuando él sea mayor. Todo ello, partiendo de algo aún más importante que lo intergeneracional, que es la diversidad de las personas independientemente de la edad que se tenga. Y eso es algo que vemos cada día en Grandes Amigos, donde dos personas mayores pueden aportarse tanto como una pareja formada por una persona mayor y una joven. Por eso, más que una mirada intergeneracional, la soledad y el envejecimiento son un reto que necesita un enfoque transversal, que implique a toda la sociedad, a todas las edades y a los poderes públicos y privados, tal como está ocurriendo con otras causas tan necesarias como el cambio climático o la igualdad de género. Por ejemplo, toda la sociedad, con la juventud a la cabeza, está demostrando una visión de futuro al defender la sostenibilidad del planeta. Sin embargo, en todo lo que rodea a la vejez aún domina una mirada cortoplacista de la vida, como si solo afectara a quienes en este momento son mayores, y mientras tanto casi nadie se preocupa por la necesidad de envejecer dignamente, sin soledad ni marginación, con salud, con igualdad de derechos, con recursos y una pensión digna, sin barreras arquitectónicas, con los cuidados necesarios y en entornos agradables y elegidos por cada persona. En lugar de naturalizar la vejez como una etapa positiva, se estigmatiza. El edadismo es la discriminación más absurda, pues es tirar piedras sobre tu propio tejado.

P.- ¿Considera que el respaldo de las Administraciones públicas y el sector privado a las organizaciones no gubernamentales, como Grandes Amigos, es suficiente? ¿Qué le pediría al nuevo Gobierno en este sentido?

R.- En Grandes Amigos ya venimos trabajando con éxito en colaboración con el sector público y el privado, pero es obvio que, si cada vez más personas mayores requieren de nuestra intervención, tal como está sucediendo, también deben aumentar los apoyos públicos y privados que recibimos para poder cumplir nuestra misión con la misma calidad que hasta ahora y a largo plazo. No se trata solamente de que gracias a nuestra labor estamos evitando muchos problemas de salud con lo que ello supone para el sistema, sino que se trata de dignificar la vida de cada persona mayor; y, desde la reciprocidad, favorecer que todos nos enriquezcamos de las aportaciones de las personas mayores. Y todo eso lo conseguimos a través de algo gratuito pero valiosísimo, como es la participación ciudadana, mediante el poder transformador del voluntariado y de la creación de redes vecinales. Hay algo evidente, y es que la soledad no se resuelve pagando compañía, sino fomentando vínculos afectivos entre personas que se relacionan entre sí de manera voluntaria y sin contraprestaciones, tal como hacemos en Grandes Amigos. Por eso es importante el apoyo dotacional a las iniciativas de participación ciudadana que acompañamos a las personas mayores y creamos tejido comunitario. Algo así ocurre en Reino Unido, que destina buena parte del presupuesto de la Estrategia Nacional contra la Soledad a impulsar proyectos de este tipo. Además, allí han abordado el problema con ese enfoque transversal y no lo han hecho exclusivo de las personas mayores. También es clave habilitar una mayor y mejor coordinación entre el resto de recursos y las entidades especializadas: los profesionales de los servicios sociales, de medicina familiar, de urgencias, así como de teleasistencia o ayuda al domicilio, son, con frecuencia, el único contacto que tienen las personas mayores y el primer filtro para detectar y derivarnos posibles casos de soledad. Hay muchos otros retos: facilitar la participación directa de las personas mayores; sensibilizar frente a los edadismos; incluir en los planes de urbanismo la visión de “amigabilidad” con las personas mayores y la convivencia vecinal en los barrios; favorecer la accesibilidad de las viviendas; ampliar el número y variedad de oferta habitacional para personas mayores, etcétera. Por todo ello, es importante que desde el Gobierno central se tome la determinación de implicar al conjunto de la sociedad en todas las actuaciones, a lo público y a lo privado, y a las organizaciones sociales que intervenimos sobre el problema. Esperemos que sea así en la Estrategia Nacional contra la Soledad en la que se está trabajando, donde no puede faltar un diagnóstico previo y preciso sobre las diferentes dimensiones que rodean a la soledad.



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