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Javier Cabo / Doctor en Medicina y Cirugía. Investigador en Longevidad

'La atención a los crónicos implica una necesidad imperiosa de cambio de paradigma del modelo de gestión actual'

El doctor Cabo no habla de un futuro lejano, sino del presente: “Hay que afrontar los retos que presenta la asistencia sanitaria en un entorno caracterizado por mayor esperanza de vida y un mayor número de pacientes con patologías crónicas”, asegura el investigador, que ofrece un discurso revolucionario al aludir a lo que él denomina ‘seguro de longevidad’

M.S. / EM 22-12-2021

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Pregunta.- Introducía usted, en su participación en Santalucía Impulsa Podcast, que “estamos en una etapa privilegiada de la evolución de la Humanidad”. ¿En qué sentido? ¿Cuál es, si es que está descifrado ya, el secreto de la longevidad?

Respuesta.- Estamos en un cambio de paradigma muy interesante y apasionante, pasando de la medicina tradicional a una nueva Medicina de la Complejidad. Una medicina con integración de la ingeniería biomédica, de la genómica, la robótica, la inteligencia artificial y la nanotecnología. Estamos en una fase de desarrollo de una medicina predictiva, preventiva, personalizada, de precisión, proactiva y participativa. Estamos en la era de una medicina personalizada, la medicina correcta para una persona concreta en el momento indicado. Una medicina con una medicación a la carta, con aplicación de terapias y medicinas de una manera individualizada. Estamos en la era de la ingeniería biomédica con desarrollo de nuevos tratamientos personalizados, incluidas inmunoterapias y terapias con células madre reprogramadas. Estamos en la era donde podemos reprogramar células de la piel para que actúen como células madre embrionarias pluripotentes y usarlas potencialmente para tratar diferentes patologías en múltiples órganos en el mismo paciente, creando sus propias líneas de células madre personalizadas que previamente tendremos criopreservadas. Tendremos, en un futuro próximo, nuestros propios bancos de células cardíacas y células neuronales, para usarlas en caso de necesitarlas. Estamos en una etapa de la evolución de la humanidad privilegiada. Ya podemos descifrar nuestros códigos genéticos y también podemos estudiar la epigenética. Y mediante estos estudios predictivos y preventivos, conociendo nuestro genoma, podremos vivir unos 5, 10 ó 20 años más de vida con una calidad aceptable. Podremos vivir más años, y con mejor calidad de vida. Descifremos nuestros códigos genéticos y estudiemos los cambios que en la genética producen los factores ambientales, es decir la epigenética. Solo así podremos vivir más años y unos años de vida realmente ajustados a la calidad. El secreto de la longevidad de las personas, sus potenciales enfermedades y su calidad de vida, está escrita en sus genes, contenida, condensada y codificada en cuatro letras: A, C, T, G –adenina, citosina, timina y guanina–. Estas letras son nuestras bases nitrogenadas, compuestos químicos, que se encargan de darle la especificidad y el carácter básico a los ácidos nucleicos que se encuentran dentro de nuestro ADN.

P.- En este proceso hacia la prolongación de la vida al que se refiere, ¿qué papel juegan la tecnología y la nanotecnología?

R.- La tecnología y la ingeniería biomédica juegan un papel primordial. En el futuro, sobre todo gracias a los avances en terapia génica y el avance de la medicina regenerativa y las terapias con células madre que ha aprobado recientemente la FDA. También es muy importante para prolongar la vida el campo de la Genómica, con mejoras en los test genéticos y el estudio de la epigenética, para valorar la susceptibilidad genética personalizada a desarrollar cierto tipo de enfermedades. De los casi 60 millones de personas que mueren al año en el mundo, más de la mitad mueren por motivos solucionables, si se hubieran diagnosticado a tiempo. La medicina, gracias a la tecnología y al desarrollo de la computación ubicua y la uhealth, empieza a ser proactiva en vez de reactiva, y gracias a dispositivos tecnológicos se podrá llegar a monitorizarán el cuerpo humano de manera continua.

P.- Y en lo que respecta a la Criopreservación? ¿Cómo puede contribuir –o ya está contribuyendo– a alcanzar esa “vida más larga” a la que aludió en su intervención?

R.- La criopreservación y vitrificación tisular son procedimientos mediante los cuales se somete a células, tejidos e incluso algunos órganos animales vivos o a un vegetal, a condiciones de frío intenso con el objetivo de preservar su estructura orgánica de manera que pueda ser posteriormente descongelado en un futuro conservando idealmente las condiciones organolépticas iniciales. Hasta el momento, la criopreservación ha tenido y tiene un enorme éxito en el almacenamiento de vegetales, pequeños animales como gusanos y pequeñas cantidades de tejido humano, como las células sanguíneas, óvulos, esperma y embriones, pero a fecha de hoy, no somos capaces de congelar ni siquiera órganos normales aislados.

P.- ¿Qué avances proporcionará la técnica de la criogenización humana en cuanto sea científicamente posible?

R.- A fecha de hoy después de más de 50 años del comienzo de la criopreservación de cuerpos enteros, ninguno de ellos ha sido “devuelto a la vida”, ya que hoy por hoy, no se puede congelar un cuerpo entero sin destrozar sus estructuras internas durante el proceso tanto de congelado como posteriormente durante la fase crítica de descongelado. Este procedimiento de criogenización del cuerpo humano o incluso más irracional y peor todavía, de parte del cuerpo humano como el cerebro, no es reversible con la tecnología actual y no es viable, siendo además prohibida en nuestro país por la ley. Para mi, la criogenización es una mera técnica funeraria más, al igual que la cremación y el enterramiento.

P.- Es un hecho que somos una sociedad longeva y, como asegura, lo seremos más conforme a los avances actuales. ¿A qué retos nos enfrentamos a medida que se incremente esta longevidad?

R.- Somos una sociedad longeva comparativamente hablando con respecto a los años 30, pero tampoco es para “tirar cohetes”. España ha empeorado su situación respecto al 2019 y ha pasado de ocupar el puesto 7 en 2019 con 83,58 años al 14 con 82,4 años, en 2020. Hablando desde un punto de vista más social, el impacto que puede tener en la sociedad un aumento de la esperanza de vida es brutal tanto a nivel de economía como de políticas sociales. A nivel social se necesitaría un cambio de paradigma en relación con el modelo de trabajo, cambiando de un trabajo que exige esfuerzo a otro que exija más conocimiento, de modo que un porcentaje cada vez mayor de personas en la franja de los 65, 70 e incluso en un futuro cercano, los 80, pueda ser capaz de contribuir de una manera proactiva y productiva en la economía. Si las personas dentro de una década llegaran a los 100 años de esperanza de vida, habría que analizar y replantear de qué forma se vería afectado el sistema de jubilación y el seguro de salud hoy existente, cuyo objetivo es ayudar a las personas en las últimas décadas de sus vidas. Habría que crear un nuevo seguro adicional a los ya existentes de seguro de pensiones, seguro de vida, seguro de salud, seguro de dependencia, y seguro de decesos. Habría que crear un nuevo “seguro de longevidad”. Si queremos financiar periodos de vida más largos, a partir de los 75, tendremos que actuar de forma más inteligente. Hoy habría que pensar en un “nuevo seguro adicional para la longevidad” basado en la genómica y utilizarlo como un programa de transferencia. Un “seguro de longevidad” en el que se empiece a cotizar desde la segunda edad biológica y primera productiva, desde los 35 años con una cuota baja calculada de manera actuarial y que remunere a las personas que alcancen la cuarta edad biológica superando los 75 años de edad.

P.- ¿Cree que la irrupción de la Covid-19 ha evidenciado la urgencia de apostar por nuevas soluciones para atender a los mayores, como la telemedicina?

R.- Indudablemente, ese es el futuro. Hay que desarrollar un modelo integral de gestión de recursos sociosanitarios. Hay que afrontar los retos que presenta la asistencia sanitaria en un entorno caracterizado por mayor esperanza de vida y un mayor número de pacientes crónicos, en un marco de crisis económica y de financiación. Hay que hablar de aspectos de gestión y financieros, así como de tendencias tecnológicas –como el desarrollo de la medicina personalizada y de la regenerativa–, que suponen un incremento del gasto sanitario y establecen que es inaplazable enfrentar estos retos y que la meta es mejorar la eficiencia en el uso de los recursos sanitarios, la calidad asistencial y el grado de satisfacción de los pacientes. El impacto del envejecimiento de la población, la necesidad de incorporar las innovaciones terapéuticas en la terapia clínica y el desarrollo de la medicina personalizada y de la medicina regenerativa van a suponer, sin duda, un incremento del gasto sanitario. Por eso, son necesarias reformas y nuevas formas de gestión que permitan reforzar la sostenibilidad, mejorar la eficiencia e introducir nuevos modelos y herramientas de gestión con coordinación de los servicios sociosanitarios. Esta atención a los pacientes crónicos implica una necesidad imperiosa de cambio de paradigma del modelo de gestión actual, desde una atención fragmentada y aislada, bien social o sanitaria, hacia una integración asistencial socio-sanitaria; rediseñando la organización y optimizando los recursos socio-sanitarios; potenciando la atención primaria; reorganizando la gestión hospitalaria, enfocándola hacia una atención de pacientes agudos; trasladando la gestión de la cronicidad al ambiente familiar y comunitario, con una integración asistencial sociosanitaria mayor, más eficiente y de mayor calidad percibida por el usuario. La confluencia de productos con base tecnológica, las plataformas y aplicaciones en el sector salud y las soluciones con sistemas inteligentes cognitivos, junto con una cultura más proactiva de la ciudadanía, una gran accesibilidad y la posibilidad de transmitir y gestionar la información y datos –estructurados y no estructurados–, posibilitan y ofrecen, desde los grandes hospitales, las residencias medicalizadas o los mismos hogares a nivel individual y familiar, grandes posibilidades de mejora en los cuidados de la salud, la prevención de enfermedades, y la gestión sociosanitaria, y se encaminan hacia una medicina de gran precisión.

P.- ¿Diría que es la telemedicina una herramienta útil de la que se debería sacar más partido a partir de la experiencia vivida en esta crisis del coronavirus?

R.- La Inteligencia Artificial (IA), vista durante mucho tiempo como algo prometedor en el sector de los cuidados de salud, ya es una realidad. La explosión del Big Data, combinada con el incremento de la demanda asistencial, originado en parte por el incremento del número de personas de edad avanzada con patologías crónicas; el incremento de los costes y la escasez de oferta de profesionales disponibles para atender dicha demanda; y la escasez en número y en disponibilidad geográfica de acceso para poder llegar a toda la población necesitada, han creado una demanda de servicios no cubierta por la oferta existente, que solo puede solucionar esta nueva tecnología. El incremento de la longevidad y el aumento de patologías crónicas implica un incremento en la demanda de servicios asistenciales, ya de por sí hoy saturados, lo que implica un incremento en la necesidad de recursos, tanto estructurales y materiales, como humanos, y una oportunidad para la telemedicina y la teleasistencia, tanto para los diagnósticos a distancia (telehealth: telecardiología, teleoftalmología, teledermatología), como para la monitorización remota de pacientes asistidos.

P.- ¿Está preparado el sistema sociosanitario español para afrontar todos estos retos?

R.- Nuestro Sistema Nacional de Salud, como se ha visto en esta pandemia, no está preparado para afrontar todos estos retos. Además, actualmente las aplicaciones médicas de telemedicina van orientadas fundamentalmente al paciente, pero no se debe olvidar el papel que juegan los profesionales de la salud en este entorno: los médicos, los cuidadores, las farmacias y los laboratorios farmacéuticos, que con frecuencia son la parte olvidada del sistema. Lograr una sinergia entre todos los actores, centrada en los pacientes, es el principal reto al que se enfrentan la telemedicina actual y futura.

P.- O, por el contrario, ¿deberían acometerse cambios en los modelos de atención, y cuáles?

R.- Se necesitaría un Pacto de Estado a nivel nacional con integración de todas las comunidades a través del Consejo Interterritorial, para potenciar e implementar todos los aspectos necesarios de la telemedicina y teleasistencia mediante la uHealth. Las TIC, además de mejorar la calidad asistencial, juegan un papel muy importante en la seguridad del paciente y van a suponer un ahorro en el consumo de recursos sanitarios. Juegan y jugarán un papel muy importante en las organizaciones sanitarias para mejorar la calidad, eficacia y eficiencia de los servicios sanitarios, como herramientas de gestión estratégica, claves para incrementar la accesibilidad y la equidad y optimizar los procesos, mejorando la continuidad asistencial, potenciando la interoperabilidad entre los diferentes centros asistenciales, dando soporte en la asistencia domiciliaria (Home Care) y a la gestión de pacientes crónicos. Las TIC son el motor del cambio en los procesos de gestión de pacientes crónicos generalmente pluripatológicos y de la potenciación de la interface de asistencia sociosanitaria, en un entorno como el actual, en el que hay un modelo sanitario enfocado al cuidado y tratamiento de enfermos agudos. Actualmente estamos en un cambio de paradigma de modelo sanitario y asistencial absolutamente necesario que se encamina hacia una reestructuración de los servicios asistenciales hacia una gestión por procesos, matricial, y hacia una gestión de la enfermedad, lo que implica un cambio organizativo en el que la coordinación es esencial a nivel social y sanitario, entendiendo este como un modelo integrado entre asistencia primaria y especializada; un modelo centrado en el paciente y que potencia y fomenta su autocuidado y la corresponsabilidad a la hora de gestionar su situación de cronicidad.



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