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Antonio Martínez Maroto - Jurista, gerontólogo y miembro del Patronato de la ONG Grandes Amigos

'Hay que apoyar mucho más la atención domiciliaria, lo que favorecería que la persona pueda continuar viviendo en su entorno'

Martínez Maroto comenta, en esta entrevista, que "las residencias son continuidad del propio hogar y se tenía que haber dado un tratamiento similar al que se da a alguien que se enferma en su casa"

Redacción EM 17-07-2020

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Pregunta.- Las personas mayores han sido las más castigadas por esta crisis del coronavirus. ¿Cuáles son las peores consecuencias que esta situación ha ocasionado sobre este colectivo?

Respuesta.- Desgraciadamente la peor consecuencia ha sido la muerte de 20.000 personas en residencias, todas mayores, y otro número igualmente importante de personas mayores en sus domicilios. Esto ha sido lo peor, pero no lo único; podemos hablar de soledad en la enfermedad y en la muerte, tristeza, sensación de abandono familiar, confinamiento más amplio y más rígido para los que estaban en residencias, etcétera.

P.- Hablemos claro: ¿Considera que ha existido discriminación por edad a la hora de prestar atención sanitaria? Es decir, ¿han dejado de recibir los mayores ese derecho a la sanidad pública que tienen asegurado todos los ciudadanos?

R.- í, ha existido un triaje (criterios de selección) que en ocasiones se ha basado en el exclusivo dato de la edad. Sobre todo al principio de la pandemia. Después, ante determinados informes de Comités de Bioética, se ha ido suprimiendo ese criterio etario y al final fue el Ministerio de Sanidad el que lo recomendó eliminar definitivamente.

P.- Más aún, ¿se podría afirmar que a lo largo de la gestión de esta crisis se ha atentado contra la dignidad de los senior?

R.- La dignidad de la persona va unida a esta a lo largo de toda la trayectoria vital. Si nos dejamos llevar por lo difundido en los medios de comunicación, evidentemente se ha lesionado en algunas ocasiones la dignidad de las personas mayores. ¿Cómo? No informando adecuadamente, posponiendo en algunos casos su traslado a hospitales, no dando información adecuada a ellas mismas y a las familias, sobre todo cuando la persona mayor estaba incapacitada formalmente o de hecho, dejándolas morir en soledad y por último con un confinamiento en residencias exagerado, o mejor dicho desproporcionado. Se ha primado excesivamente la seguridad en detrimento de la autonomía personal, máxime en personas sanas que estaban en residencias, y se las ha enclaustrado en su habitación días y días contra su voluntad.

P.- Pongamos ahora un punto de vista optimista. ¿Qué pasos cree que deberían darse para erradicar estas muestras de edadismo que siguen existiendo y que, de esta manera, se empiece a hablar más de buen trato y no de mal trato?

R.- Cuando están en juego el valor de la vida, la libertad de movimientos, la asistencia sanitaria… el paso fundamental es insistir en considerar a la persona mayor como persona, en igualdad de condiciones que el resto de ciudadanos. Esto evitaría diferentes tipos de discriminaciones. El edadismo no deja de ser un maltrato y hay que mentalizar a la sociedad sobre ello. Desde la escuela hay que hablar del valor de las personas mayores y de lo que significan en una sociedad como la actual, de todo lo que aportan a la familia y a la sociedad, de que siguen siendo personas diversas, con un proyecto de vida y con los mismos derechos que cualquier otro individuo. Si no se hace así, insistiendo en la formación desde edades tempranas, en la familia y en la sociedad, difícilmente van a cambiar los estereotipos negativos enraizados en la sociedad y que tanto daño hacen al colectivo de personas mayores, que es muy numeroso y muy diverso. Es una carrera de fondo, pero el cambio no puede esperar, por las personas mayores de hoy pero también por quienes hoy son jóvenes, pues sufrirán esta discriminación si no empieza ya a tratar con dignidad y en igualdad a la población mayor.

P.- ¿Cuál cree que ha sido el motivo de que las residencias se pusiesen tan rápidamente en el punto de mira?

R.- El principal motivo ha sido la preponderancia de mortalidad existente en estos centros residenciales, carencia de hospitalizaciones, no informar a las familias, disminución del número de profesionales en la asistencia (por afectación de Covid), etcétera.

P.- El debate se orienta ahora a si han fallado los protocolos, el modelo de atención, la falta de coordinación sociosanitaria… Quizá haya sido un cúmulo de todas estas circunstancias. ¿Cómo considera que esta crisis afectará al sector residencial?

R.- A mi modesto entender, ha sido una serie de fallos entre lo que se esperaba que hicieran en las residencias y lo que realmente podían hacer. Ha fallado el modelo de atención a los cuidados, pero esto no es nuevo, se lleva diciendo mucho tiempo. Se habla de medicalizar las residencias y creo que no va por ahí la solución. Las residencias son continuidad del propio hogar y se tenía que haber dado un tratamiento similar al que se da a alguien que se enferma en su propia casa y no ha sido así. Medicalizar las residencias, además de muy costoso, no va a arreglar demasiado, a mi entender. Hay que procurar una perfecta sincronización social y sanitaria y que el que está en una residencia acuda a su centro de salud y desde ahí al hospital de especialidades. Si la persona no puede ir, tendrá que ser su médico de familia el que acuda a su hogar, que es la residencia; y por supuesto, con modelos de cuatrocientas camas por centro, si no se hacen módulos diferenciados, no se va a ninguna parte. Pero de esto hay mucho que decir, y ya se ha dicho aprovechando la pandemia y desde mucho tiempo atrás. Un modelo de atención similar al que existe en el norte de Europa sería más adecuado y daría mejores soluciones al sistema de cuidados en general.

P.- ¿Qué modelo de cuidados de largo duración considera que podría aplicarse en España con el fin de garantizar la buena calidad de vida y la dignidad de las personas mayores?

R.- Hay que apoyar mucho más la atención domiciliaria, lo que favorecería que la persona pueda continuar viviendo en su propio entorno. Eso exige mayor calidad y mejor dotación, y por supuesto todo esto implica mayor participación económica del Estado. Por otro lado, una reconversión drástica del modelo residencial, centros más pequeños, con atención muy centrada en cada persona, con libertad de horarios y salidas, que sean centros donde se vaya a vivir y no a morir, donde las personas sigan teniendo objetivos marcados por ellas mismas y donde puedan prestarse algunos cuidados, lógicamente con medios públicos. Los cuidados derivados de la dependencia deben fundamentarse en opciones públicas, o estar fuertemente apoyados por ellas.

P.- Son muchos los mayores que durante el estado de alarma se han sentido más solos que nunca, y desde Grandes Amigos les han mostrado su apoyo. ¿En qué acciones centrarán sus esfuerzos los próximos meses?

R.- El programa de acompañamiento telefónico que pusimos en marcha para sustituir temporalmente los encuentros presenciales, tras sus buenos resultados, seguirá funcionando tras esta crisis: cualquier persona mayor de toda España podrá solicitarlo a través de la línea gratuita 900 22 22 33. Para prevenir las secuelas de este confinamiento en la salud física y emocional, el reto es facilitar que las personas mayores y voluntarias vuelvan a salir y a socializar con confianza y seguridad. Poco a poco y con las debidas medidas de prevención ante el virus, los acompañamientos presenciales y las reuniones grupales se están realizando de nuevo. También adaptaremos otros programas, como el de vacaciones adaptadas, con el fin de que siga siendo una oportunidad de pasar unos días en compañía y en un entorno natural, rompiendo así con la rutina y el habitual aumento de la sensación de soledad en verano: haremos más turnos y cada uno con un número menor de participantes. Asimismo, vamos a seguir potenciando las relaciones de proximidad, que han funcionado muy bien durante el confinamiento y son la clave para afrontar la soledad en el futuro; en una sociedad cada vez más envejecida, con menos lazos familiares, baja natalidad, mayor movilidad geográfica, estilos de vida individualistas, ciudades más grandes… Va a ser mucho más sencillo quedar y tener una relación de amistad con personas que viven cerca de ti que con los escasos familiares que puedas tener, que probablemente vivan en otro municipio o en la otra punta de la ciudad. De hecho, Grandes Amigos ya está colaborando con el Ayuntamiento de Madrid para crear una red de detección y coordinación, donde se implique a todos los recursos municipales de cada distrito, entidades sociales, comerciantes, vecinos… para identificar e intervenir ante posibles situaciones de soledad en personas mayores y, si lo precisan, pasen a participar en los programas de acompañamiento afectivo y de apoyo vecinal que desarrollamos en Grandes Amigos en cada barrio.

P.- Recuperar el contacto directo con sus familiares, con sus amistades, con sus nietos, ¿acelerará la recuperación de aquellos mayores que más han sufrido la soledad durante el confinamiento?

R.- Lógicamente, sí. El confinamiento ha supuesto un grave quebranto para las personas mayores, y se está viendo ahora. Más caídas, más deterioro cognitivo, menor autoestima, etcétera. Tener una vida de relación es importante y no se puede suprimir en aras de una mayor seguridad, sobre todo sin contar con los sujetos pasivos del enclaustramiento. La persona es relación, es socialización y sobre todo es cercanía con familiares (los que tienen), amistades y vecinos y para privarles de esto hay que sopesarlo bien.



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