Teléfono: 986 438 020 Última actualización:  14:11:55Sábado, 15 de Diciembre de 2018
Atrás

'Hay días que te duele una determinada articulación. Pues si nos podemos reír de eso, mejor, porque total te va a doler lo mismo'

Entrevista a J.L Martín, dibujante y creador de la tira cómica 'Quico Jubilata'

R. Otero 16-07-2018

COMPARTIR

J. L. Martín, creador de la tira cómica 'Quico Jubilata'

J. L. Martín, creador de la tira cómica 'Quico Jubilata'

Quico tiene 67 años. A veces le duele la rodilla y, en ocasiones, el resto de articulaciones también. Cuando no está en el médico –que le ha quitado la sal, el whisky y las morcillas–, comenta con sus amigos “jubilatas” todas sus limitaciones o lo alocado que está el mundo actual.

J. L Martín (1953, Barcelona) es quien da vida a este personaje. Tras ser dibujante en diversos medios de comunicación, entre los que destaca El Jueves y El Periodico De Catalunya (donde publicó 'Quico, el progre'), se retiró en el 2016. No obstante, el barcelonés no ha parado de trabajar, pero ahora como afición. Publica la tira cómica 'Quico Jubilata' cinco viñetas a la semana. Todo lo que recauda con este proyecto–vendiendo las tiras en su web y con la publicación en La Vanguardia– se destina directamente para financiar Humoristán, un museo digital de humor gráfico de la prensa española.

Pregunta.- En junio de 2016 se desvinculó por completo de ‘El Jueves’ y el 9 de enero de 2017 nace ‘Quico Jubilata’. Casi no ha tenido tiempo para descansar...

Respuesta.- En realidad, esos meses no estuve inactivo, estuve preparando ‘Quico Jubilata’, porque una de las ventajas de tener un poquito más de tiempo es que puedes preparar mejor los trabajos. Una tira implica cierta preparación de diseño del personaje, el entorno, la familia, los temas que se van a tratar, etcétera. Por otra parte, como quise hacer una web y colgarlo en las redes, tuve que encargarla, revisarla y ese tipo de cosas.

P.- ¿Qué diferencias hay entre ‘Quico, el progre’ –de El Periódico de Catalunya– y 'Quico jubilata’?

R.- Es una evolución del personaje, primero pensé en hacer una tira de un jubilado y después pensé que el propio Quico me servía. Cuando hice ‘Quico el progre’, en el año 80, tenía 27-28 años e intentaba reflejar un poquito las contradicciones de los ‘progres’, que era mi generación: gente que habíamos ido a la universidad y éramos todos muy revolucionarios, muy del Che Guevara y todo este tipo de cosas, pero que, cuando empiezas con el destino laboral, vas cambiando. Me divertía mucho dibujar estas contradicciones, la evolución de la gente y descubrir como descubrió mi generación la cocina, el feminismo, la educación de los hijos, etcétera. Siempre me ha gustado el humor costumbrista. Ahora que tengo 65 años, mis amigos más o menos tienen mi misma edad, nuestros hijos tienen entre 35 y 40 años y tienen hijos a su vez que nosotros los cuidamos, pues pensé en hacer una tira de un abuelo con su entorno de pequeñas enfermedades, con las prohibiciones del médico, la educación de los nietos, la tecnología, etcétera. Y un buen día se me ocurrió que este abuelo podía ser ‘Quico el progre’ 40 años más tarde. Y es lo que he hecho, cogí al Quico de 30 años y ahora lo he vuelto a pillar a los 67, jubilado, con amigos también jubilados, con sus hijos atareados y sus nietos maleducados.

P.- ¿Se siente identificado con ‘Quico Jubilata’?

R.- Si, claro. Aunque al final las tiras que hago no son tanto el resultado de la experiencia personal, como un poco la experiencia colectiva de mi entorno. Hay cosas que me han pasado a mi y otras que le han pasado a mis amigos. La gente de mi edad nos la pasamos hablando de los hijos y de los nietos, y nos pasamos la vida quejándonos de las analíticas y de las prohibiciones del médico, de la tecnología, que nos supera, y sobrevivimos a duras penas a los WhatsApps, los Facebook, los Instagram. Todo eso que voy escuchando y que voy leyendo es lo que intento poner en la tira en clave de humor.

P.- Quico se lleva fatal con la tecnología en general y el teléfono móvil en particular, ¿y usted?

R.- Pues más o menos como ‘Quico Jubilata’, pero con el consuelo de ver que hay amigos que se llevan mucho peor. Yo, por obligación profesional, tengo algunas rutinas que he aprendido y aún me voy manejando: pinto mis trabajos en Photoshop, los envío por WeTransfer, etcétera. Pero tengo amigos son un puto desastre e intento caricaturarlos. Yo tengo mis limitaciones obvias, todo me cae un poco grande. Incluso me inquieta eso de subirme al coche y que el teléfono me diga “17 minutos para su destino”, porque sabe que es martes por la tarde y sabe que voy a casa de mi hijo. Pero vamos, consuela bastante ver que hay amigos a los que les envías un WhatsApp y al cabo de dos días te dicen “ah no, es que no miro” o “es que no me ha sonado”. Nosotros nos hacemos risas pero, si te paras a pensarlo, esto ha evoluciona a una velocidad tal que hace 20 años no existía Google, y nosotros hemos vivido la mayor parte de nuestra vida sin móvil, sin Facebook, ni WhatsApp. La gente más joven que tiene capacidad, pero para la gente mayor es todo un desafío.

P.- Cuando nació la tira en la web, comentaba que le gustaría llevarlo al papel. ¿Ya le ha cogido el gustillo a las nuevas plataformas?

R.- Yo soy de papel, pero me gustan lo mismo. Lo único que quiero es llegar a mis lectores y que me puedan decir que lo que hago les gusta, les entretiene y les divierte. Me gusta que hagan comentarios. No importa tanto el canal, el caso es que llegue. La única distinción que hago es que el papel todavía es un medio en el que se te paga por tu trabajo y en Internet, no. Eso para mi generación, que nos hemos ganado la vida siempre publicando en papel, es una novedad lamentable. Publicábamos en revistas o periódicos y nos pagaban un sueldo con los dibujos, ahora tú te lo cuelgas ahí, en Twitter, la gente lo retuitea pero, en realidad, con eso no te puedes ganar la vida. Y eso para mi generación es lamentable. Mi intención era publicarlo en papel en La Vanguardia e intentar publicarlo en más diarios, pero la prensa está francamente mal, recortando gastos. Conseguir nuevos colaboradores es complicado. Al no tener esta posibilidad, entonces hemos quedado en que lo publiquen ellos también en Internet. Es una manera de que llegue a toda España, porque al final La Vanguardia fundamentalmente se vende en Cataluña y algo en Madrid, pero me gustaría que también me leyesen, por ejemplo, en Vigo. Por eso lo cuelgo en la redes, ya que ayuda un poquito a que el personaje sea más conocido.

P.- ¿Dónde aprendió a reírse de uno mismo?

R.- Creo que eso es una forma de ser. Yo tengo poca tendencia a lo solemne, a tomarme las cosas demasiado en serio y a ser petulante. He intentado siempre ser lo más humilde posible y eso te ayuda a reírte de la petulancia y de la importancia que le da la gente en general. El dibujante tiene que bajar del pedestal al poderoso económico, al poderoso eclesiástico y al poderoso político. Nosotros, desde ‘El Jueves’, siempre hemos intentado criticar la estupidez del poder. Otra cosa es que en estos momentos esto se ha repartido mucho. Ahora quien tenga Twitter tiene una pequeña parcela de poder, que la utiliza para criticar, atacar, etcétera. Pero yo creo que viene del propio carácter, en ser lo más modesto posible y que me encuentro muy cómodo criticando y riéndome de la inmodestia de los demás.

P.- Ha palpado varios sectores: dibujante de humor de actualidad y costumbrista, productor de televisión, adaptador teatral, etcétera. ¿Con cuál se queda?

R.- Con el humor costumbrista. Lo que pasa es que, por cuestiones profesionales, me he dedicado mucho más a hacer humor político. Pero, de verdad, con mi edad, estoy saturadísimo. Además, soy catalán y aquí se está viviendo una situación política más asfixiante. Estoy casando de eso. Doy gracias al cielo porque puedo seguir en la profesión sin tener que tratar la actualidad política, porque me parece un coñazo y muy muy aburrido. Todo el mundo hace los mismo chistes cada día, todo se repite y se insiste en los mismo errores. Me parece una felicidad poder hacer algo como ‘Quico Jubilata’. La última tira que se me ha ocurrido va sobre los chicos de reparto a domicilio que se ven ahora por Barcelona, de Glovo o Deliveroo, que van en sus bicicletas. Hacer dibujos de todo eso me gusta mucho más que hacer del retiro de Rajoy.

P.- ¿Se considera adicto al trabajo?

R.- Simplemente me considero enamorado de mi trabajo. De pequeñito, cuando tenía siete u ocho años y me preguntaban qué quería ser de mayor, yo decía siempre que dibujante, y he tenido el enorme privilegio de poder dedicarme a aquello que me gusta. Y es que me gusta mucho, no me imagino sin dibujar nada en todo el día. Es cansado y hay que hacer un esfuerzo, pero es algo que me agrada hacer. En realidad, los dibujantes no se jubilan, y si ahora mismo tuviese la posibilidad de tener en prensa un sueldo normal, tampoco me jubilaría. Yo dibujaré mientras pueda y, sobre todo, mientras tenga público y note que hay respuesta de la gente, que guste lo que hago. Si uno llega a la conclusión de que aquello que hace no gusta a la gente, pues entonces habrá llegado el momento de coger la bicicleta e ir a las vueltas.

P.- ¿Cómo se describiría en una palabra?

R.- Soy un optimista-pesimista, quiero decir, tengo cierto sentimiento pesimista, el corazón me dice que las cosas van a ir mal. Y luego, la cabeza me dice que no me puedo quejar, que estoy bien fundamentalmente, que tengo mucha suerte; tengo una familia que están todos bien, mis hijos están sanos, son inteligentes e, incluso, buenas personas, ¡que eso ya es la pera! Entonces soy una persona pesimista, pero que constantemente estoy reflexionando sobre que no tengo que serlo, porque, al final, vida solo hay una y hay que disfrutarla intentado no fastidiar a nadie. Yo pertenezco, además, a una generación optimista, porque vivió el desarrollismo cuando era muy jovencita, cuando empezó el consumo. Después vivió la ilusión política de la transición, España dejó de ser una dictadura atrasada. Y ahora, he llegado a una edad con un estado de salud bastante potable, con ciertas posibilidades de comprarme los libros que me gustan, de hacer los viajes que me hacen ilusión. Tengo tendencia a ser un poquito pesimista, pero luego lo limpio pensando un poco.

P.- Usted es un ejemplo de que, tras la jubilación, todavía se puede aportar mucho a la sociedad. ¿Qué le diría a personas que se encuentran en su situación?

R.- Justamente eso, que la jubilación es una convención y que tiene que ver mucho con el tipo de trabajo. Entiendo que un mecánico cesado no tiene la energía ni la fuerza para seguir trabajando y es normal que se dedique a descasar. Pero un profesor de universidad o un dibujante, en principio, pueden hacerlo igual que antes o incluso mejor, porque vas acumulando experiencia. Es cierto que yo difícilmente voy a llegar a gente de 20 años, tenemos unas referencias muy diferenciadas. Pero lo que pretendo es llegar a mi gente, ahí hay un guiño generacional. Pretendo que ellos se rían cuando lean la tira y piensen “esto es lo mismo que me pasa a mi”. Yo hablo de un nieto que no se quiere vestir más que con determinada prenda o que solo quiera comer determinada cosa. Eso nos ha pasado a todos los abuelos, y yo estoy trabajando para ‘jubilatas’ en circunstancias parecidas a las mías. Que, dicho sea de paso, ¡somos un montón! Yo cojo las cosas que nos pasan a todos y le saco la gracia para reírnos. Se te cae el pelo, hay días que te duele la rodilla o determinada articulación..., pues si nos podemos reír de eso, mejor, porque total te va a doler lo mismo. También hacemos coñas con las pastillas, yo nunca había tomado, pero ahora, nada más levantarme, tomo la pastillita de la articulación y no sé qué de cosas naturales. Pero yo antes no tomaba nada y ahora estamos desayunando mi mujer y yo, y ahí, cada uno con la pastilla roja, la pastilla verde, etcétera. Me gusta hacer humor de eso, humor costumbrista, y aspiro a que le guste a los de mi edad, que nos pasa a todos y que tampoco es un desgracia. Cada momento de la vida tiene sus cosas y es lo que toca. Aunque, por otra parte, tengo un hijo de 36 y una hija 40 años y también quería que les gustase a ellos. Cuando hago la tira del abuelo que se duerme delante de la serie a ellos les hace gracia porque es verdad. Te pones, ahí, la serie y te quedas traspuesto, porque somos mayores o por lo que lo que sea. Quiero que guste a todo el mundo, pero entiendo que hay más conexión con gente de mi edad que con veinteañeros.

P.- ¿Qué proyectos u objetivos tiene en mente?

R.- Ahora mismo me estoy dedicando bastante a escribir. Tengo escrito un libro, una especie de ensayo de cómo es España. En estos momentos, estoy escribiendo una novela y, cuando la acabe, me gustaría hacer un monólogo de 'Quico Jubilata' con todos los temas de las tiras. En general, soy bastante activo, me levanto todas las mañanas a las 7.15 horas, me vengo al estudio y, estoy aquí, por lo menos hasta las dos. Aunque también estoy trabajando alguna tarde. Pero me ha llegado el momento de experimentar, me ha seducido la idea de escribir. Ahora que tengo un poquito más de tiempo, estoy con una novela. ¿Qué será un bodrio? Pues seguramente, pero ¿y lo bien que me lo paso escribiéndola? ¡Eso ya no me lo quita nadie! Ahora me dedico a hacer lo que me gusta, porque me gusta y porque tengo un poquito más de tiempo.



Tlfno: 986 438 020 | contacto | aviso legal