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Javier García Pérez / Gerente de Ceoma

'Esperamos que la sociedad sea más consciente de la soledad de nuestro colectivo y de que sus derechos deben ser respetados'

En una amplia entrevista con este periódico, el gerente de Ceoma asegura que “les guste o no, los responsables políticos tienen que contar con nosotros, con el movimiento asociativo"

Redacción EM 12-06-2020

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Pregunta.- Desde el movimiento asociativo, ¿qué análisis realizan de esta situación que estamos viviendo y que tanto ha repercutido sobre el conjunto de las personas mayores?

Respuesta.- Nadie puede aún delimitar con exactitud el alcance y magnitud de la pandemia originada por la Covid-19, no solo en nuestro país, sino en todo el mundo, debido a los flujos de información inconclusa que nos llegan, así como falta de determinación por algunas instituciones relacionadas con el ámbito de la sanidad y la salud. Desde el sector sociosanitario se ha visto cómo la falta de estudios sobre el impacto real de la pandemia y la ausencia de coordinación para la puesta en marcha de medidas preventivas, ha tenido efectos devastadores sobre los mayores a efectos de su salud física y mental, siendo, en muchos más casos de los que nos gustaría, estos efectos dramáticos. A diferencia de lo que piensan muchas personas, las residencias no son servicios sanitarios. Son centros de servicios sociales destinados a procurar una alternativa de alojamiento (temporal o permanente) a personas mayores de 65 años o a aquellas que, debidas algún tipo de contingencia o pérdida de autonomía, se han visto en la necesidad de recurrir a este tipo de recurso convivencial. Sin embargo, las residencias de mayores, ante la dramática situación sanitaria con la que se han encontrado, se han visto obligadas a suplir unas carencias a nivel de asistencia médica, que ahora “gracias” a esta crisis hemos podido ver más claramente y que, por supuesto, ni deben ser capaces de asumir, ni pueden hacerlo, porque, repito, no son hospitales, sino, como su nombre indica, residencias (lo más parecido a un hogar que muchos mayores tienen). Desde Ceoma creemos firmemente que esta crisis tiene que servirnos para entender este tipo de hechos y aprender de nuestros errores tanto a nivel sanitario, asistencial como humano para proporcionarles los servicios adecuados a los que tienen derecho y merecimiento como ciudadanos que son de esta sociedad que, en ningún caso, debe tratarlos como ciudadanos de segunda.

P.- El movimiento asociativo lleva mucho tiempo reivindicando su participación en todas las esferas de la vida pública. Con sinceridad, ¿desde las asociaciones se han sentido respaldados por las Administraciones públicas en estos momentos?

R.- Por poner un ejemplo en cuanto a la necesidad social de movimientos asociativos fuertes, las dos organizaciones más importantes que nos agrupan en nuestro país, Ceoma y UDP, dijimos muy claro que no aceptaríamos la prolongación del confinamiento con la que se nos había amenazado. Gracias a esta oposición (“Los mayores deben de ser los primeros en salir de casa”, dijo Juan Manuel Martínez, geriatra y presidente de Ceoma) y a que había iniciativas de recogida de firmas, el ministerio tuvo que permitirlo. Nos gustaría que como representantes independientes de un colectivo tan grande hubiésemos sido más consultadas, más tenidas en cuenta y más respetadas, y no tratadas como “chinas en el zapato” que más bien molestan y a los que están obligados a escuchar al menos “de cara a la galería”. Pero para eso es importante tener un tejido asociativo fuerte. Una persona sola puede gritar mucho pero si se junta con muchas, los gritos no pueden ser ignorados. Ceoma cree que se logran los avances de una forma mucho más eficaz siendo un colectivo que yendo cada uno por libre diciendo lo mismo. Esto se está comprobando con ejemplos como el que acabo de mencionar respecto a la flexibilización en el confinamiento de las personas mayores, pero se hace extensible a otros logros, tanto antes como después de esta pandemia: pensiones, trato digno, fin del edadismo, etcétera. Si después de lo ocurrido con la limitación de entrada en muchas UCIs por el mero hecho de tener una determinada edad, se limitara indiscriminadamente el movimiento de las personas de edad, sería insistir en otra flagrante manifestación de edadismo o gerontofobia, por ser pura discriminación anticonstitucional.

P.- Muchas entidades privadas comenzaron, desde que estalló el estado de alarma, a poner sus canales de comunicación al servicio de los senior. ¿Cómo valoran estas muestras de solidaridad con los más vulnerables?

R.- Efectivamente, muchas empresas y fundaciones se han movilizado, yendo de la mano de asociaciones como Ceoma, utilizando fórmulas de apoyo que pretenden canalizar recursos que ayuden a solucionar las necesidades urgentes de nuestros mayores en la soledad de sus domicilios y con precariedad sanitaria y económica, muchos de ellos solos y con miedo ante esta pandemia. Desde Ceoma hemos ayudado, nos hemos comprometido y nos hemos puesto a disposición de estas entidades para ser canales o herramientas con el objetivo de facilitar así el acceso a estas personas vulnerables para que puedan de esta manera hacer llegar esta ayuda urgente a cuantas más personas mejor. Valoramos muy positivamente esta implicación y este compromiso de muchas empresas que complementan los servicios públicos dado que éstos se han visto claramente desbordados desgraciadamente. Sin estas iniciativas privadas y del tercer sector creemos que la situación sería aún mucho más grave. Dicho esto, pensamos que debería ser responsabilidad del Gobierno atender de manera eficaz y con los recursos suficientes estas necesidades pero, lamentablemente en más ocasiones de las que nos gustaría, no es así, por lo que el movimiento social independiente y privado se ha hecho necesario y muchas empresas han dado la talla en este sentido, ayudando en la medida en que cada cual ha podido.

P.- Quizá esta tendencia sea una de las consecuencias ‘positivas’ derivadas de la crisis. ¿Qué lecciones estamos aprendiendo?

R.- La verdad es que se nos ha tenido que escuchar. Los mayores hemos sido los grandes perjudicados y las grandes víctimas de este virus. En este sentido, nuestra problemática no solo en cuanto a salud, sino también en cuanto a temas como la soledad, la mala atención como ciudadanos ‘de segunda’ y la discriminación que padecíamos y padecemos, ha pasado, por fin, a un primer plano de la esfera pública. Esperamos que se haya aprendido que las residencias no son hospitales, que no es de recibo discriminar a las personas por razón de edad en la atención sanitaria, también esperamos que la sociedad sea más consciente de la soledad de nuestro colectivo y de que sus derechos deben ser respetados como los de cualquier ciudadano. Pero todo esto lo veremos en los próximos meses, cuando podamos estudiarlo con más perspectiva.

P.- Sentando las bases de cara a esta nueva era post Covid-19. ¿Cómo cree que esta crisis sanitaria va a afectar al movimiento asociativo en España?

R.- Creo que los responsables políticos son más conscientes de nuestra utilidad. De que debemos ser tenidos en cuenta porque representamos a un colectivo cuya voz, sin nosotros, es más difícil que puedan escuchar para dar una respuesta adecuada, y no dando “palos de ciego”. En este sentido, los responsables políticos, les guste o no, tienen que contar con nosotros, con el movimiento asociativo. Deseamos que cuando esta crisis se supere, se haya sido consciente de nuestra función, se nos respete y se vea la utilidad de nuestras aportaciones como expertos en primer lugar, pero también como afectados. Las asociaciones de mayores, además, nos vemos fortalecidas por una importantísima consecuencia positiva y significativa de la crisis; este confinamiento ha derivado en un cambio revolucionario que se ha producido en la comunicación. Los españoles enclaustrados hemos sido empujados a participar en redes sociales, entrar en Internet, formar parte de comunidades virtuales, comunicarnos a través de fotos y videos, comprar por medios digitales etcétera. Familias enteras están trabajando a distancia desde casa, los padres relacionándose con sus empresas y clientes y los hijos siguiendo las clases por ordenador. Y, por supuesto, muchos mayores que aún no se habían “digitalizado” han aprendido por necesidad y esto, en última instancia, estamos seguros de que será muy positivo para el colectivo al que representamos y para el movimiento asociativo en general, puesto que a los que representamos están más preparados que nunca para enfrentar nuevos retos y reivindicaciones con más fuerza.

P.- ¿Cómo considera que se debería llevar a cabo esta ‘vuelta a la normalidad’ para garantizar el bienestar de los mayores?

R.- Contando con ellos. Preguntándoles. Escuchándoles. Dando respuestas a sus reivindicaciones y necesidades y estando para ellos y no inventándonos respuestas a unas necesidades que no existen realmente pero que nos interesa inventarnos y venderles. Los mayores no somos idiotas, tenemos voz (y voto). Somos personas y ciudadanos como cualquier otro, y debemos de ser preguntados mediante por ejemplo estudios sociológicos tanto cuantitativos (encuestas) como cualitativos (grupos de discusión). Sus necesidades no nos las podemos, ni debemos, inventar a conveniencia. Es necesario ponerse las pilas y preguntar a los representantes de estas personas (como somos las asociaciones) y a ellos mismos en qué podemos ayudarles. Y, con la información en la mano, podremos ofrecer servicios más adecuados para dar la mejor respuesta a esas necesidades.

P.- Un experto me comentaba que, o las cosas cambian, o cuando salgamos de esta situación, los mayores seguirán sufriendo la misma soledad que ya padecían. ¿Comparte esta opinión?

R.- Ya a finales de 2018, Ceoma organizó una jornada llamada ‘La soledad y el aislamiento no deseado en las personas mayores’. En ella, y entre opiniones de muchos expertos y políticos, el Defensor del Pueblo en funciones, Francisco Fernández Marugán, reconoció que las personas “tenemos que aprender a vivir en soledad” dado el aumento de la esperanza de vida en España y el cada vez mayor número de personas mayores que viven solas: alrededor de dos millones. Según la información que se puso sobre la mesa en aquel momento, solo en la Comunidad de Madrid hay 661.800 hogares unipersonales, de los cuales el 40% son mayores de 65 años que viven completamente solas. De ellas, el 73% son mujeres, dada la mayor esperanza de vida con la que cuentan ellas. Esta pandemia ha demostrado que gracias a la formación (aunque sea gracias a los familiares directos como hijos o nietos), las personas mayores pueden desenvolverse perfectamente con las nuevas tecnologías y esto ha supuesto el ganar una de las batallas pendientes para nuestro colectivo: el descubrimiento y, por tanto, el uso normalizado de la tecnología para relacionarse. Pero se ha ganado una batalla, no la guerra. Ahora que a los mayores se nos ha visualizado más, debemos aprovechar para seguir “estando” presentes en las decisiones, conversaciones y que se nos incluya en cada área de esta sociedad como sujetos activos y no pasivos como hasta ahora. Los mayores existimos y opinamos. Exigimos que a los más vulnerables, a los que no cuenten con familia cercana y a los que por cualquier razón estén en una situación con dificultad para relacionarse y solos, se les de una solución por parte de las Instituciones públicas, además de privadas. Bien a través de servicios como un teléfono gratuito donde encuentre alivio a su soledad no deseada, hasta facilidad para su participación en actividades sociales como excursiones o actos culturales en grupo.



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