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Ximena Di Lollo / Coordinadora de atención a mayores en residencias de las operaciones de Médicos Sin Fronteras (MSF) durante la Covid-19 en España

'Es un buen momento para repensar cómo queremos que vivan sus últimos años nuestros mayores'

Di Lollo comenta, en esta entrevista, que "las Administraciones priorizaron la respuesta asistencial en los hospitales, lo que dejó atrás a las personas mayores en las residencias”

M.S. / EM 11-11-2020

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Pregunta.- Ha sido testigo de momentos realmente duros en las residencias de mayores que han visitado desde MSF durante la pandemia. ¿Corremos el riesgo de que nuestros centros vuelvan a revivir la dramática situación que atravesaron hace unos meses?

Respuesta.- Desde la situación de marzo hasta ahora ha habido avances en cuanto a la toma de conciencia de la necesidad de mejorar el acceso a la atención médica de los mayores, ya sean afectados por la enfermedad, o no. Pero aún quedan muchos desafíos. Diría que el más flagrante es la necesidad de tener recursos humanos preparados en atención a mayores y medidas de prevención de la enfermedad. Nuevamente vemos una necesidad similar a la de marzo, cuando los cuidadores escasean y no hay reemplazos. Sin recursos humanos, poco se puede hacer.

P.- Echando la vista atrás, aunque sea para aprender de los errores: ¿qué falló en España para que las residencias tuviesen que lamentar una tasa de fallecimientos tan elevada?

R.- Como expresamos en nuestro informe, hay puntos clave como los siguientes. Debido a la gran concentración de mayores frágiles, con pluripatologías, en lugares cerrados y con cercanía física este grupo debió haber sido priorizado para prevención de la transmisión de la infección y acceso a cuidados médicos especializados (en hospitales si fuera necesario). Para esto era fundamental reforzar la atención primaria que se vio y sigue desbordada. La capacidad en la prevención y control de infecciones (incluido el aislamiento de contactos y casos sospechosos) fue deficiente. Las residencias contaban con escasa cultura de PCI y tampoco tenían a personal encargado de formar y supervisar este aspecto. La restricción o denegación de despedidas, visitas o movilidad generada por el aislamiento, sin alternativas de comunicación. tuvo también consecuencias físicas y psicosociales devastadoras entre los mayores. Los perfiles profesionales están poco desarrollados en términos de competencias y capacitación y las condiciones laborales son muy precarias. Las bajas laborales no eran sustituidas al ritmo y en ratio adecuados Faltaron medidas y medios de protección, y formación adaptada, oportuna y con protocolos de uso claros que protegieran a personal y residentes, por tanto el virus se extendió muy rápidamente. Hubo descoordinación institucional y falta de liderazgo. Las Administraciones priorizaron la respuesta asistencial en hospitales, lo que dejó atrás a las personas mayores en las residencias, a pesar de ser el colectivo más vulnerable y con mayor mortalidad Es necesario desarrollar un sistema de indicadores de calidad y éticos impacto en el bienestar y la calidad de vida de las personas mayores en residencias.

P.- MSF alertaba, ya en el mes de mayo, de la falta de recursos disponibles en las residencias. ¿Diría que estos centros no recibieron la atención precisa por parte de las Administraciones? ¿Tienen constancia de que ya se hayan tomado medidas en este sentido?

R.- Estos centros dependían de Asuntos Sociales pero, con la pandemia, Salud tomó el mando. Nos consta que se exigieron planes de contingencia, y no sabemos si las residencias tuvieron apoyo técnico en ese sentido, pero lo han hecho lo mejor que han podido. El personal de estos centros es admirable.

P.- Son muchos los factores que contribuyen a la elevada tasa de contagios en estos centros. ¿Cuáles son las reclamaciones que lanzan desde MSF para, precisamente, se puedan reforzar los sistemas de respuesta de las residencias frente a la Covid-19?

R.- Reforzar recursos humanos en preparación y número adecuados a los ratios sugeridos. Asegurar que las medidas de prevención estén establecidas y sean conocidas por residentes, trabajadores y familiares. Contar con sistemas de referencia a Atención Primaria y hospitales para cuidados especializados. Y, por último, mejorar la coordinación y toma de decisiones en lo que respecta a la gestión de esta población tan vulnerable.

P.- ¿Qué se encontró el equipo de MSF en las primeras visitas a estas residencias castigadas por la Covid?

R.- Muchísima confusión y miedo. Lidiar con un número de enfermos y muertos nunca antes visto por el personal fue un golpe durísimo para ellos. El cuidado básico y urgente fue en detrimento de las relaciones personales y las muestras de afecto, lo que han vivido residentes, familiares y trabajadores. Esto no debería volver a suceder.

P.- Usted hacía referencia, recientemente, a la necesidad de poner en marcha, en esos planes de contingencia de los centros, una estrategia de “primeros auxilios emocionales”. ¿Podría profundizar más en esta idea?

R.- El impacto de esta pandemia es brutal a nivel de la salud emocional de todos los ciudadanos, mucho más de quienes se han enfrentado a una alta mortalidad sin estar preparados, al mismo tiempo que se exponían a enfermar ellos mismos y sus familias. En los hospitales, hubo apoyo en salud mental en mayor o menor medida, pero en las residencias este fue escaso, y cuando no inexistente. Familias que no se han despedido de los suyos, trabajadores que no daban a basto para dar los cuidados mínimos, residentes que perdían sus compañeros y no recibían información de que estaba pasando, la lista de situaciones estresantes es interminable. La salud mental y psicosocial es un componente clave en situaciones como estas, pequeños espacios donde los distintos grupos puedan expresar sus vivencias, frustraciones y temores y que pueden hacerse en el mismo lugar de trabajo. El Hospital La Paz de Madrid tiene experiencias muy interesantes llevadas a cabo durante la fase aguda. Sin salud emocional, no hay salud integral y es muy difícil cuidar de otros.

P.- ¿Considera que la pandemia marcará un antes y un después en lo que a modelos de atención a mayores se refiere? Es decir, ¿cree que se debería establecer un sistema de cuidados en España diferente al que tenemos actualmente?

R.- Desde luego, debería llevarnos a una reflexión profunda de por qué el grupo que sabíamos que era más vulnerable quedó tan desamparado. Aún estamos en ese proceso. La pandemia no ha acabado y ya podríamos hacer cosas diferentes. Esta crisis ha puesto sobre la mesa un sistema que lleva tiempo necesitando reajuste, es un buen momento para repensar cómo queremos que vivan sus últimos años nuestros mayores.

P.- A modo de conclusión, ¿qué otros aspectos ineludibles deberían abarcar estos planes de contingencia para que sean realmente efectivos?

R.- Lo más importante es pensar en la persona. Todo lo que hagamos tiene que tener como centro a la persona. En todas las medidas de prevención, las políticas y las decisiones que tomemos en un centro no podemos perder de vista esto. Estos planes de contingencia serán el marco que deberá desarrollar cada residencia, siempre guiadas, acompañadas y supervisadas a nivel territorial por las autoridades. El plan deberá incluir una dotación de recursos (financieros, humanos y materiales) por parte de las comunidades para el fortalecimiento de los sistemas de salud, tanto de Atención Primaria (AP) como hospitalaria. En cuanto a los recursos humanos y materiales, debe asegurar una ratio de personal que garantice un cuidado digno y adecuado; y garantizar que las bajas son cubiertas, revisando al alza las ratios de personal. Sobre la asistencia sanitaria de calidad, incluido cuidados paliativos o de confort, deben conocerse los protocolos de derivación a AP y hospitalaria y en su caso de cuidados de confort en la residencia; asegurar y salvaguardar las últimas voluntades; e incorporar un currículo de formación en cuidados paliativos y competencias básicas. Es importante asegurar un aprovisionamiento de materiales de protección y fungibles, que incluya almacenamiento de reserva, identificación de proveedores y capacidad de compra, así como formaciones de uso prácticas. Además de consultar con a las entidades del sector para conocer los retos prácticos para el control del contagio, prestando especial atención las necesidades existentes (materiales, formaciones, personal, etcétera). Asimismo, es importante identificar y formar una figura de supervisión de prevención y control de infecciones (PCI), y promover una mayor atención presupuestaria y formativa en la detección, vigilancia y control, dotando a los centros de AP de medios y presupuesto, así como garantizar la calidad y cantidad adecuada de material de protección y una formación adecuada sobre su uso. Además, debe establecerse un principio de equilibrio entre aislamiento, cuarentena y convivencia, asegurando que las medidas de sectorización responden asimismo a las necesidades de socialización, tanto psicosociales como físicas, de la población residente, y priorizando en todo momento la salud íntegra de los residentes. Hay que velar por que el aislamiento físico no conlleve aislamiento social Mantener los servicios destinados al cuidado y bienestar de los residentes, como las actividades educativas, de trabajo social, peluquería o fisioterapia. Crear un espacio físico y un calendario de visitas de familiares, regidas por un protocolo. Por último, se implementará un protocolo de despedidas de final de vida: Asegurar el acceso de residentes y personal a servicios de atención a la salud mental; y mejorar los sistemas de recogida y análisis de datos, para que sirvan como mecanismo de alerta y respuesta adecuada (preventiva y proactiva) armonizado entre comunidades autónomas y Gobierno central.



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