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Elena del Barrio / Miembro del Grupo de Envejecimiento e Imagen de la SEGG

'El imaginario negativo sobre lo que es ser mayor impacta en la sociedad y en cómo esta trata a las personas mayores'

Del Barrio asegura, entre otras cuestiones, que esta crisis “ha impactado de forma muy negativa en el imaginario social que tenemos sobre la vejez”

M.S.Massó / EM 08-02-2021

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Pregunta.- La irrupción del coronavirus ha puesto a la vejez, como usted ha dicho, en el debate social y político. ¿Cómo ha repercutido el impacto de la Covid-19 en la imagen de las personas mayores?

Respuesta.- Ha impactado de forma muy negativa en el imaginario social que tenemos sobre la vejez. Todo lo que se había avanzado estos últimos años ha dado un paso atrás. Los estereotipos negativos en los que más se ha incidido son la homogeneización y la fragilidad. Respecto al primero, los 70 años ha sido la etiqueta tras la cual se ha estandarizado a todas las personas mayores. Todas aquellas que han cumplido esa edad se han visto relegadas a una única característica, la fragilidad, ser población de riesgo. Esta etiqueta, que se ha repetido una y otra vez, ha unificado a varias a generaciones de personas con muy diversos estilos de vida, estados de salud, identidades… Y se ha generado un estigma en torno a esa edad que creo que va a afectar a muchas personas mayores de manera individual. En este sentido, algunos estudios ya evidenciaron cómo detentar percepciones negativas sobre el propio envejecimiento podría suponer una esperanza de vida menor; en concreto siete años menor. Esto quiere decir que si crees que ser mayor, o ser viejo, es negativo puedes vivir hasta 7,5 años menos que otra persona que viva esta etapa vital de forma positiva. Muchas personas que tienen ahora mismo 70 años podrían nunca haberse sentido frágiles, en riesgo o percibir mala salud. La reiteración continúa en los medios, en la política, en las familias, en la sociedad en general, de este mensaje puede promover la autopercepción negativa de uno mismo y fomentar la famosa profecía autocumplida. Pero este imaginario negativo sobre lo que es ser mayor no solo afecta directamente a las personas mayores, sino que impacta en la sociedad y en cómo esta trata a las personas mayores. La discriminación, por ejemplo, es una de sus causas. En el debate político y social se han puesto situaciones claramente discriminatorias contra las personas mayores. La igualdad en el acceso a los recursos sanitarios (UCI y demás), el derecho a salir de casa o de la residencia… Un estudio del MIT concluía que para salir antes de esta situación de crisis la solución era mantener en confinamiento domiciliario solo a las personas mayores y de riesgo y que el resto de personas hicieran vida normal. Aislar a la población de riesgo por su salud, pero permitir el movimiento del resto de la población para que la maquinaria económica siguiera en funcionamiento. Claro que aquí no se estaba teniendo en cuenta qué supone más riesgo para la salud de una persona mayor, si el riesgo de contagio o el aislamiento social.

P.- Los mayores han sido uno de los protagonistas de esta crisis, pero ¿qué fortalezas podríamos destacar del comportamiento que está teniendo este grupo de edad frente a la pandemia?

R.- Efectivamente, la capacidad de adaptación es una de las claves. Un estudio realizado durante el periodo de confinamiento en Euskadi obtenía, entre otras muchas conclusiones, que las personas mayores eran las que, en comparación con otros grupos de edad, declaraban en mayor porcentaje sobrellevar bien o muy bien el confinamiento, que la convivencia en casa era buena o muy buena, o que se había incrementado su sentimiento de unión a otras personas. Aunque en este estudio también se veía que su preocupación por enfermar, el miedo el estrés y la ansiedad, eran mayores que en el resto de edades. Algo que, sin duda, podría estar muy relacionado con lo anterior, la etiqueta de población de riesgo. Pero en lo positivo, a la hora de sobrellevar la situación de confinamiento otro aspecto clave ha sido la generación de redes de apoyo comunitario. Ya hemos visto cómo en las crisis emerge una solidaridad que da sus frutos en redes vecinales de apoyo, que de manera informal buscan la forma de ayudar para salir de estas situaciones o, al menos, paliarlas. Aquí las personas mayores también han sido protagonistas, tanto en el dar como en el recibir. La sociedad se ha volcado en dar apoyo a los mayores que viven solos, por ejemplo, pero también muchas personas mayores han sido las protagonistas de dar respuesta a estas necesidades y otras. Como los y las profesionales sanitarios jubilados que se han puesto al servicio de la sociedad para apoyar el sobrecargado y exhausto sistema de salud pública.

P.- Aseguró que “los medios de comunicación son una herramienta fundamental en el ámbito de la difusión de la imagen en cualquiera de sus formatos” pero, ¿qué fundamentos deberían sustentar la imagen que se proyecta de los senior?

R.- Debe basarse en la diversidad, algo que no es muy sencillo para los medios. Debe repetir el mensaje de que no todas las personas somos iguales y cuando se habla de la población mayor se está equiparando a tres generaciones de personas que son muy diferentes entre sí. Pero además de estas diferencias generacionales, hay diferencias en los estilos de vida e identidades y, por supuesto, en la salud. Mostrar la diversidad es la clave.

P.- ¿Cuáles cree que son, entonces, los errores en los que suelen caer las informaciones que se publican sobre los mayores?

R.- La homogeneización es el más evidente. La fragilidad, la pasividad y la asociación al gasto sanitario son algunos de los más reiterados. Las personas mayores se tratan como si todas fueran iguales, con malos niveles de salud, dependencia, soledad… Lo que a su vez se relaciona con el gasto sanitario, son aquellas que consumen más recursos del sistema a la vez que son improductivas. Se reitera una y otra vez una imagen negativa de lo que es ser mayor. Sin tener en cuenta la diversidad; que la mayoría se encuentra en buena salud; son las que más ejercicio físico practican, por ejemplo; realizan una multiplicidad de actividades, tanto dentro como fuera del ámbito familiar, el voluntariado, el activismo,…; son el gran pilar que apoya la conciliación de la vida familiar y laboral, aquellas que tienen nietos; son consumidoras de todo tipo de productos moviendo la economía, algo que ya saben muchos dueños de establecimientos o agencias de publicidad; etcétera. Durante toda esta crisis se ha hablado de las personas mayores como si fuesen un “otro” ajeno y desconocido al que se tendía a minusvalorar, pero lo que hay que hacer es escuchar y dejarles hablar.

P.- ¿Existen diferencias entre la imagen que se proyectó en los distintos canales o formatos: televisión, radio, prensa, redes sociales…?

R.- Aunque la imagen y el discurso general puede ser el mismo, es diferente en cada medio. Las redes sociales, por ejemplo, creo que donde más se ha extendido el lenguaje “gerontocida”. Este es el medio más utilizado por las generaciones más jóvenes, es su hábitat para el discurso, y es ahí donde se ha viralizado un hashtag como #grandmakiller (mataabuelas). Este hashtag fue trending topic entre los jóvenes de EE UU que se autodenominaban ‘grandmakiller’ con orgullo por oponerse al confinamiento. Y es que esta crisis lo que también ha generado es un aumento en la brecha entre generaciones. En este sentido, hay que dejar claro que el edadismo durante esta crisis lo han sufrido tanto mayores como jóvenes. Unos como víctimas y otros como verdugos. Ambos como causantes de esta situación. Y esa brecha entre generaciones es una de las que tardará en cerrarse. Algo que hay que empezar a trabajar desde ya mismo y donde los medios también tienen mucho que aportar. Dejar atrás discursos alarmistas y homogeneizadores sobre mayores y jóvenes sería un gran paso. Abrir el debate a que ambos participen, no desde el enfrentamiento, sino desde la reflexión conjunta y la empatía para la superación de esta situación. Por otro lado, el medio que podría considerarse en el lado opuesto, es la radio. La radio es un medio muy generalizado entre las personas mayores. Es el medio que les ha acompañado a lo largo de su vida y que muchas utilizan de manera cotidiana. Creo que es un medio en el que se ha moderado más el discurso y que también les ha dado más voz. Aunque a veces, el discurso aunque no sea tan negativo, tiene otras contraindicaciones negativas, como es caer en el paternalismo y la condescendencia. Y esto no significa que no haya personas mayores muy activas en redes sociales, o jóvenes oyentes apasionados de la radio. Las generalizaciones nunca son buenas.

P.- Desde el Grupo de Trabajo de Imagen y Envejecimiento de la SEGG apelan a la eliminación de los estereotipos negativos entorno a la vejez. ¿Cuáles son aquellos que siguen mas arraigados?

R.- Como he comentado: la homogeneización. Pensar que todas las personas mayores son iguales. También es común creer que todas las personas mayores son abuelos o abuelas y muchas veces se les denomina como tal a todo el grupo, tengan descendencia o no. Nos encontramos con mucho titulares que utilizan la palabra “abuelos” para referirse a este grupo, sin tener en cuenta que muchas personas no lo son y simplificando a las que sí a un rol familiar que constriñe su identidad. Sería impensable que en un titular sobre mujeres se utilizase la palabra “madres” para denominarnos a todas, ¿por qué se hace con los mayores? Otros que se repiten constantemente se relacionan con la fragilidad, la soledad, la inactividad,… Y esto se visualiza en muchas de las imágenes que acompañan las noticias sobre personas mayores, algo en lo que todavía queda mucho por hacer. Recientemente, en Reino Unido han puesto en marcha un banco de imágenes gratuitas para contribuir a que se utilice en los medios una imagen más ajustada a la realidad y alejada a los estereotipos negativos.

P.- ¿Qué papel considera que juega la publicidad en la construcción de esa imagen social de las personas de la que estamos hablando?

R.- En el ámbito de la comunicación creo que la publicidad es la primera que se adapta a los cambios sociales, ya que las personas tienen que reconocerse en lo que se anuncia y que se pretende vender. En este sentido, la publicidad, aunque también sigue perpetuando estereotipos, sí que les ha dado una vuelta en sentido positivo. Por ejemplo, muchas de las personas mayores que representan están asociadas a estándares tradicionales y familiares, pero desde la sabiduría, el cariño, la protección. El caso de la abuela de fabada es uno de los más paradigmáticos. Pero se ha avanzado mucho en los últimos años, se ven mayores deportistas que salen en campañas de refrescos, o mayores con estilo que salen en campañas de prestigiosas firmas de moda. Algunos han mostrado a una élite de mayores nunca antes retratada. Y también se ha tenido en cuenta una mayor diversidad. Lo interesante en la publicidad, desde mi punto de vista, es analizar aquellas campañas que no se dirigen a la población mayor para ver cómo las retratan. La publicidad está construyendo una imagen más diversa, aunque tiene el peligro de la idealización. Y es que la realidad no es en blanco y negro, positivo o negativo.

P.- Además de los medios de comunicación y la publicidad, ¿qué otras acciones puede poner en práctica la sociedad para eliminar dichos estereotipos y poner fin a la propagación de estos discursos edadistas?

R.- La empatía, ponerse en lugar del otro; la escucha y las relaciones entre generaciones creo que son algunas de las claves. Desde el trato igualitario como personas, alejado de la minusvaloración, pero también de la veneración. Desde la reciprocidad, todos y todas damos y recibimos de la sociedad, desde los otros, somos seres interdependientes. Y desde la naturalización de las relaciones entre generaciones, alejadas de la imposición, y promovidas por el propósito común. Por ejemplo, pensando en conjunto: queremos salir de esta crisis, ¿cómo lo hacemos? Pero lo que sin duda está rompiendo, y romperá, con los discursos edadistas y contra los estereotipos, son las propias personas mayores. Son ellas las que rompen etiquetas y moldes, reclamando una identidad propia alejada de una edad. Un dato que cada vez sirve menos para describir a una persona. Siguiendo la estela del sociólogo Bauman, vivimos en una sociedad líquida, de relaciones líquidas y donde también se diluyen las edades. La identidad de la persona se configura por variables que cada vez tienen más relación con el estilo de vida o el consumo y menos con la edad o el sexo.



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