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Estefanía Martín Zarza y Vera Santos Martínez / Presidenta y vicepresidenta de la Asociación Española de Psicogerontología (AEPG)

'La figura del psicogerontólogo es muy necesaria, ya que constituye una fuente de apoyo emocional inestimable'

'¿Por qué se relega a un segundo plano la esfera psicológica y la figura del psicogerontólogo en los centros para mayores?' La respuesta a esta pregunta fue lo que inspiró, en 2013, a un grupo de exalumnos del Máster en Psicogerontología de la Usal para fundar la AEPG, una organización que persigue la integración de la atención emocional en el cuidado que reciben las personas mayores y sus familias

A. Vila EM 15-07-2014

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Estefanía Martín Zarza (izda.) y Vera Santos Martínez (dcha.).

Estefanía Martín Zarza (izda.) y Vera Santos Martínez (dcha.).

Pregunta.- La Asociación Española de Psicogerontología (AEPG) nació en febrero de 2013 para promocionar la figura del psicólogo en el ámbito de la intervención del envejecimiento. ¿Cómo surge esta organización y cuáles son sus objetivos fundamentales?

Respuesta.- Estefanía Martín Zarza: La asociación surge como idea, en el año 2012, durante un reencuentro de antiguos compañeros de la primera promoción del Master en Psicogerontología de la Universidad de Salamanca. En esta reunión tuvimos la oportunidad de compartir inquietudes y reflexiones acerca del estado actual del sector y de nuestra profesión. Fue entonces cuando nos formulamos una serie de preguntas: ¿Qué está ocurriendo en la sociedad y en el sector para que nuestros mayores no reciban una atención integral? ¿Por qué se relega a un segundo plano la esfera psicológica y la figura del psicogerontólogo en los centros para mayores? ¿Es por un desconocimiento de las necesidades psicológicas que se despliegan en esta etapa evolutiva o quizá por el desconocimiento del rol del psicogerontólogo? Estas preguntas fueron el motor para la unión y la búsqueda de un cambio al respecto. Fue así como, en febrero del pasado 2013, tras una serie de procesos burocráticos, nació la Asociación Española de Psicogerontología con el fin de sensibilizar sobre la necesidad de un abordaje integral e interdisciplinar, donde se incluya la esfera psicológica en la atención de las personas mayores y sus cuidadores durante todo el proceso de envejecimiento.

P.- Uno de los propósitos fundacionales de la AEPG es “reforzar la identidad social de los psicólogos especializados en gerontología, dando a conocer su rol y delimitando su espacio en el sector”. ¿Cuál sería ese espacio?

R.- EMZ: Del mismo modo que el profesional de la medicina se ocupa del “espacio” que tiene que ver con lo biológico, el “espacio” que debe ocupar el psicólogo en este sector es el de la cobertura de las necesidades psicológicas que surgen en el proceso de envejecimiento, tanto para la persona que envejece como para su entorno. Dentro de las necesidades psicológicas podemos incluir el abordaje de las dimensiones cognitivas, conductuales y emocionales.

P.- ¿Cuáles son, más en detalle, esas necesidades psicológicas o emocionales que se presentan en la etapa del envejecimiento?

R.- Vera Santos Martínez: Las necesidades emocionales, sociales y afectivas son universales en términos evolutivos. La vejez no lleva consigo otro tipo de necesidades diferentes en este sentido. La especie humana está pre-programada en todo su ciclo vital para alcanzar el bienestar a través de la satisfacción de una serie de necesidades que tenemos desde que nacemos hasta que morimos (necesidad de apego, de identidad, de confort, de ocupación, de inclusión, etcétera). La diferencia radica, atendiendo a las peculiaridades de cada tramo vital y de cada persona, en cómo cubrir estas necesidades. Es competencia del profesional saber identificarlas y saber cómo satisfacerlas de manera personalizada. Si esto se hace adecuadamente, la persona mayor así como el niño, el adolescente o el adulto, se sentirá apoyada, comprendida, validada y protegida. Si, por el contrario, hay una insatisfacción de estas necesidades, la persona lo vivirá como abandono, soledad, marginación, inseguridad, miedo, tristeza, ansiedad o desamparo.

P.- Por su experiencia profesional, ¿cómo ha de abordarse la intervención con el mayor? ¿Resulta fácil para estas personas dejarse guiar y aconsejar en esta etapa en la que en muchos casos se producen importantes cambios en su vida?

R.- EMZ: La facilidad o dificultad a la hora de intervenir con la población mayor depende, en una medida importante, de nuestra competencia profesional. El trabajo con esta población puede tener sus peculiaridades a nivel de formas, métodos y recursos por tratarse de una generación con costumbres propias. Aun así, el primer paso como profesionales es el de cubrir las necesidades psicológicas personales para de esta forma crear una relación terapéutica de confianza desde la que trabajar todo lo demás. Si nos mostramos empáticos, sintonizamos con las necesidades, respetamos la biografía personal y validamos las emociones, cualquier persona, independientemente de la edad, se dejará acompañar por un profesional.

P.- Probablemente, uno de los diagnósticos más difíciles de asumir sea el de demencia u otro tipo de enfermedades degenerativas. ¿Qué papel juega el psicogerontólogo en este ámbito?

R.- VSM: Efectivamente, la mayor parte de demencias, así como el diagnóstico de otras enfermedades irreversibles, amenazan seriamente la vida de quienes la padecen. La enfermedad irrumpe bruscamente no solo en la vida de las personas que reciben el diagnóstico, sino también en la de sus familiares. Este impacto emocional, calificado por una gran mayoría de personas como sobrecogedor, requiere de un apoyo y acompañamiento profesional que va a condicionar claramente el cómo la persona que ha recibido el diagnóstico así como sus familias vivan este proceso de enfermedad. La figura del psicogerontólogo es muy necesaria ya que constituye una fuente de apoyo emocional inestimable a la hora de acoger, sostener y validar el dolor subjetivo de las personas afectadas.

P.- Como dice, su labor abarca también las necesidades psicológicas de los familiares y cuidadores. En este sentido, ¿cuáles diría que son las principales preocupaciones o problemas de estas personas cuando llegan a ustedes?

R.- VSM: Tomando como punto de partida la singularidad de cada persona y de cada familia, las demandas que comúnmente nos plantean son, por un lado, qué hacer y cómo tratar a su ser querido. El desconocimiento de estrategias comunicativas e interventivas pueden llegar a suponer una limitación importante en el sistema de cuidados que ofrecen. En este sentido, la psico-educación y la orientación son claves para que las interacciones cotidianas resulten fructíferas. Por otro lado, las familias suelen demandar apoyo emocional. La soledad en el cuidado y el dolor que supone exponerse a la pérdida del ser al que quieres, conlleva una alta sintomatología emocional que si no es regulada y sostenida, puede suponer un coste muy elevado para la calidad de vida del cuidador.

P.- La AEPG reivindica la integración del psicogerontólogo en ámbitos institucionales. ¿Existe en la actualidad una presencia generalizada de psicólogos en los centros residenciales y de día o es este todavía un ámbito por desarrollar?

R.- EMZ: En los últimos 15 años debido a los cambios sociodemográficos y a los nuevos conceptos de salud propuestos por la OMS, la figura del psicólogo va teniendo cabida en el campo de la Gerontología. Sin embargo, su porcentaje de inclusión en muchos contextos como centros residenciales y de día está lejos del que tienen otras profesiones como médicos, trabajadores sociales, enfermeros, fisioterapeutas o terapeutas ocupacionales. Este desequilibrio se debe a las normativas que regulan el conjunto de profesionales de las plantillas de estos centros y al desconocimiento de las necesidades psicológicas antes citadas. Hoy en día estamos ante un abordaje “bio-bio-bio” con pinceladas psicológicas y sociales, y además fuera de los modelos deseados de atención centrada en la persona. La atención bio-psico-social junto a una filosofía de cuidados centrada en la persona, determinaría no solo la longevidad (sumar años a la vida), sino también, y más importante, la calidad de esta (sumar vida a los años).



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