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Mikel Izquierdo / Catedrático de la UPNA e investigador de Navarrabiomed

'Para reducir la fragilidad hay que actuar sobre su principal factor de riesgo, la inactividad'

Izquierdo explica, en esta entrevista, que "las intervenciones centradas en la actividad física han demostrado su eficacia en retrasar e, incluso, revertir la fragilidad y la discapacidad"

M.S.Massó / EM 11-12-2019

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Pregunta.- Uno de los grandes desafíos cuando hablamos de fragilidad es la prevención pero, una vez ha aparecido, se puede revertir?

Respuesta.- Para reducir la fragilidad hay que actuar sobre su principal factor de riesgo, la inactividad. La inactividad física es un elemento nuclear en el desarrollo de la fragilidad, puesto que es esencial para determinar el estado cardiovascular, la resistencia insulínica y el deterioro musculo-esquelético (sarcopenia), al tiempo que contribuye al deterioro cognitivo y la depresión. Las intervenciones centradas en la actividad física han demostrado su eficacia en retrasar e, incluso, revertir la fragilidad y la discapacidad. También tienen demostrada eficacia en mejorar el estado cognitivo y fomentar el bienestar emocional. Los programas de ejercicio físico multicomponente, y particularmente el entrenamiento de la fuerza, constituyen las intervenciones más eficaces para retrasar la discapacidad y otros eventos adversos. Asimismo, han demostrado su utilidad en otros dominios frecuentemente asociados a este síndrome, como las caídas, el deterioro cognitivo y la depresión.

P.- ¿En qué medida esa práctica de actividad física puede llegar a condicionar el desarrollo de una mayor o menor vulnerabilidad en personas mayores?

R.- Diversos estudios publicados en los últimos 30 años han demostrado que, a cualquier edad, las personas adultas que están en buena condición física, o que son físicamente activas, presentan menor riesgo a corto y medio plazo de tener enfermedad cardiovascular o de morirse. Además, presentan menos riesgo de tener accidentes cerebro-vasculares, algunos tipos de cáncer, obesidad, diabetes tipo 2 y osteoporosis. También, la práctica de ejercicio físico se ha asociado con factores relacionados con la disminución y el retraso en la aparición de la fragilidad y de la dependencia, porque se ha observado que las personas mayores más activas físicamente tienen menor incidencia de sarcopenia (pérdida de la masa y fuerza muscular en personas de edad avanzada que favorece la aparición de enfermedades y de incapacidad, de pérdida de función y autonomía, y de caídas, presentando una mejor salud cerebral). Los beneficios del ejercicio físico en el envejecimiento, y específicamente en la fragilidad, han sido objeto de reciente investigación científica. Así, se ha comprobado cómo una actividad física incrementada en el anciano se asocia con una disminución del riesgo de mortalidad, enfermedades crónicas, institucionalización, y deterioro cognitivo y funcional. De manera más concreta, el tipo de ejercicio físico más beneficioso en el anciano frágil es el denominado entrenamiento multicomponente. Este tipo de programas combinan entrenamiento de fuerza, resistencia, equilibrio y marcha, y es el que más ha demostrado mejorías en la capacidad funcional, que es un elemento fundamental para el mantenimiento de la independencia en las actividades básicas de la vida diaria. Los objetivos deberían centrarse, por lo tanto, en mejorar dicha capacidad funcional a través de mejorías en el equilibrio y la marcha y la disminución del riesgo y número de caídas. Para la obtención de estos objetivos, el diseño de un programa de ejercicio físico en el anciano frágil debe acompañarse, necesariamente, de recomendaciones sobre variables tales como la intensidad, potencia, volumen y frecuencia de entrenamiento ideales en esta población. En un estudio realizado en el Servicio de Geriatría del Complejo Hospitalario de Navarra, se observó que un programa de ejercicio multicomponente individualizado denominado Vivifrail, que incluye un programa de fuerza de intensidad moderada, proporciona un beneficio significativo si se compara con el tratamiento habitual, y puede ayudar a revertir el deterioro funcional asociado a la hospitalización en adultos mayores. En este estudio, se observó que la hospitalización aguda per se llevó a deterioro en la capacidad funcional de los pacientes durante las ADL, mientras que la intervención de ejercicio invirtió esta tendencia. Después de la intervención, también se observó un aumento en la puntuación SPPB y la fuerza de agarre. Este hallazgo puede ser de gran relevancia clínica, debido a la gran evidencia científica que muestra cómo la capacidad funcional, así cómo la fuerza y masa muscular, se ven deterioradas de manera significativa durante la hospitalización, especialmente en pacientes de edad avanzada. A ello también se añadiría la asociación entre esta disminución de la fuerza y la masa muscular con la discapacidad, morbilidad y mortalidad asociada a la enfermedad cardiometabólica.

P.- ¿Qué otras pautas contribuyen a una mejor calidad de vida de un mayor sin patologías complejas?

R.- Otras intervenciones que están demostrando su eficiencia en el manejo de la prevención y reversión de la fragilidad son las que abordan los aspectos relacionados con la nutrición y el manejo de la polifarmacia y la iatrogenia farmacológica, especialmente en personas con limitación de la expectativa de vida.



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