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Guillermo Fernández / Sociólogo

'Al pilar social de la dependencia le queda mucho por avanzar'

El coordinador del VIII Informe de la Fundación Foessa alerta que "lo que coloca a un mayor en situación de exclusión social y desigualdad respecto a otros ciudadanos es la soledad”

M.S. / EM 11-09-2019

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Pregunta.- Que la sociedad envejece es un hecho. Vivimos más años, pero ¿vivimos mejor?

Respuesta.- Vivir mejor tiene componentes de valoración objetivos y subjetivos. Estamos mucho más protegidos que otras personas que envejecen en el mundo. Tenemos un sistema de salud y de pensiones, que, más allá de las tensiones que padecen, nos permiten, en términos comparados, tener unos niveles de calidad de vida muy elevados. Hoy además, por primera vez en la historia, convivimos de forma simultánea varias generaciones, lo que nos permite tener una gran riqueza en nuestro mundo de relaciones. Ahora bien, vivir más años nos enfrenta a nuevos riesgos de los que no estamos exentos como, por ejemplo, la adecuación de nuestros mecanismos de protección a edades cada vez más avanzadas. Al pilar social de la dependencia le queda mucho por avanzar. Otra cosa bien distinta es la satisfacción con la que vivamos esos años. Las generaciones actuales de mayores se encuentran muy volcadas en la ayuda a sus familias. Los problemas de conciliación hacen que los mayores tengan que dar un paso adelante en el cuidado de nietos y nietas. Hoy cuatro abuelos cuidan de un nieto, mañana un nieto cuidará de cuatro abuelos, y esta situación no será sostenible con nuestros actuales mecanismos, no solo de protección social, sino de deseo de ser cuidados en el ámbito familiar. La felicidad encuentra una gran fuente en volcarse en los demás, pero también en poder cumplir ciertas metas de desarrollo personal. Y la edad no debe limitarlas.

P.- Han aumentado las tasas de pobreza y exclusión social. ¿Cómo afecta esto a los senior?

R.- Las personas mayores son el colectivo con mayores niveles de protección de nuestro país. Desde el punto de vista del gasto social es incuestionable. Una de las características de las personas mayores en relación a la pobreza y la exclusión social es su relativa estabilidad. Antes de la Gran Recesión, los mayores con pensiones más bajas, sobretodo mujeres, se encontraban por debajo del umbral de la pobreza, con la caída generalizada de los ingresos, muchos se situaron por encima de ese umbral, por lo que, paradójicamente, salieron de la pobreza. No porque ganaran más sino porque muchos otros perdieron. Es por este motivo por lo que nuestros análisis van más allá del análisis monetario. Realmente, lo que coloca a una persona mayor en situación de exclusión social en términos de desigualdad respecto a otros ciudadanos es la soledad, no poder apoyarse en nadie cuando uno necesita ayuda. Esta es la dimensión de la exclusión que cuando una persona la padece, y los mayores en mucha más medida, les coloca fuera del espacio de sentirse integrados en la sociedad. Esto es lo que muestran nuestras investigaciones cuando trascendemos el efecto de la renta que se percibe.

P.- Acaban de presentar su VIII Informe sobre Exclusión y Desarrollo Social, documento en el que dicen que “la exclusión social se enquista en la estructura social de nuestro país”. ¿Podría profundizar en esta afirmación?

R.- Desde hace muchas décadas, nuestros informes datan de los primeros años de la década de los sesenta del siglo pasado, venimos constatando que cuando llega una crisis mucha genta cae rápidamente en la pobreza y la exclusión social, y cuando nos recuperamos, no lo hacemos con la fuerza suficiente para volver a la situación anterior. Esto lo que provoca es que la bolsa de personas en situación de exclusión social se vaya incrementado poco a poco, a pesar de los periodos de recuperación económica. Y esto no es debido a que las personas no se esfuercen por salir de esa situación, sino porque existen elementos estructurales que se lo impiden –un mercado de trabajo precario, la segregación espacial de la pobreza o el peso cada vez mayor de la familia en la que naces–. Son ejemplos de aspectos de la vida que quedan fuera de nuestro control directo. A esto le llamamos aspectos estructurales. Y son los que hacen que cada vez se enquiste más la exclusión social.

P.- ¿Por qué motivos se ha llegado en España a esta situación?

R.- Hay diversas circunstancias. Nuestro modelo capitalista y extractivista de desarrollo nos permite a los países mejor situados tener unos niveles de vida elevados, a costa de los niveles de vida de otros. Esto a veces no queremos verlo. En el caso de España tiende a alejar cada vez más a unos sectores amplios de la población respecto de otros. Hay causas materiales muy estudiadas y constatadas. Pero prefiero centrarme en un aspecto poco conocido. Y es el cambio cultural que se está produciendo y que profundiza en un individualismo de la singularidad que está minando las bases de la solidaridad cívica. Este individualismo se resumiría en “tú eres el dueño de tus éxitos, y también de tus fracasos”. Este pensamiento se está imponiendo en la sociedad, ignorando todos los elementos estructurales que nos impiden vivir en una sociedad con las mismas oportunidades. Llega hasta tal punto que puede acabar criminalizando a las personas más pobres… ellos son los únicos responsables de su situación. Vivimos un resurgimiento de las actitudes particularistas, posesivas y de defensa de lo mío, que están generando lo que denominamos en el informe ‘la fatiga de la compasión’. Hoy la mitad de los ciudadanos de este país no estarían dispuestos a ayudar en la misma medida que hace diez años. En unos casos porque no pueden, pero en otros porque no quieren.



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